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Sábado, 27 de septiembre de 2014

CON NOMBRE PROPIO

Jardín interior

La ceramista Cecilia Nigro y la paisajista Florencia Carella lanzaron ayer en la Tienda Malba su nueva colección, Mil Hijos, que combina saberes en pequeña escala.

 Por Luján Cambariere

A Cecilia Nigro, licenciada en Relaciones Públicas, master en Dirección de Comunicación Institucional y en Comunicación de la San Diego State University de California, la conocemos de Wow (www.the wowf.com), proyecto que ostenta junto a Mariana Rapoport. Pero en su tiempo libre Nigro es una apasionada de la cerámica. Comenzó tomando talleres varios con diferentes profesionales, hasta que montó un taller en casa con horno, torno y todo. La cerámica, entonces, pasó a ser su medio de expresión y catarsis, un “lado B”, como le gusta aclarar, donde apela al barro para desenchufarse. Si su rol en la agencia Wow es en parte la exposición, éste habla de su corazón. Un puertas adentro donde nacen jardines interiores que dan cuenta de semillas y embriones y dio como resultado la colección Mil Hijos –una edición limitada de piezas numeradas en cerámica– presentada junto a Florencia Carella de Herbario, ayer en Tienda Malba.

–¿Cómo empezás con la cerámica?

Cecilia Nigro: –MUD Pottery es el nombre de mi emprendimiento de alfarería. Desde el 2006 vengo estudiando en distintos talleres y haciendo especializaciones en el IUNA. Al principio siempre por el gusto de hacer, como un hobby, pero como me las empezaron a solicitar, de a poco comencé a realizar colecciones numeradas e irrepetibles y otras intervenciones artísticas como murales cerámicos. Buscaba algo que me desconectara de la cabeza y me conectara con la tierra y desde el primer instante amé la cerámica. Buscando piezas para el lobby de un hotel que estamos haciendo con Wow, di con el trabajo de Flor y de forma casual le conté que hacía cerámica y surgió la idea de hacer algo juntas.

–¿Cómo nace Herbario?

Florencia Carella: –Estudié diseño de indumentaria en la UBA y me dediqué al desarrollo independiente, hasta que después de un tiempo decidí cambiar el rumbo e inclinarme por una pasión heredada de mi abuela: la botánica. Y así dar rienda suelta al mundo vegetal desde mi propia marca de terrarios, pequeños invernaderos, proyecto al que le puse Herbario.

–¿La unión hace a la inspiración?

C. N.: –Sí, después de unos meses de intenso trabajo presentamos Mil Hijos. Una colección muy especial de utilitarios –distintos recipientes y macetas de formas abiertas y otras cerradas, algunas colgantes, ideales para cactáceas y suculentas– que dan cuenta de un mundo interior donde hoy engendrar, sembrar, germinar, para mí es esencial.

–Cuéntenme de Mil Hijos.

C. N.: –Las piezas están hechas en arcilla blanca. Las hago en un torno alfarero con diferentes formas redondeadas generalmente porque es lo que permite el torno y justamente lo que quería era darle forma de célula, de óvulo, a partir del cual nace todo el resto. Las aplicaciones de los pinches están puestas a mano una por una. Es un proceso artesanal que lleva mucho tiempo y cuidado, primero porque se debe hacer en fresco y que la pieza no pierda humedad. Y por otro lado después de secarse, se hacen retoques finos de imperfecciones para poder llevarlo al horno a la primera cocción de 1020 grados. El segundo proceso es el esmaltado de la pieza completa en blanco mate y detalles en pigmento de cobre (verde) o cobalto (azul) para darle la terminación en las puntas. Vuelve al horno a 1020 grados (son 12 horas de horno) y cuando está cocido, armamos las plantas para completar la pieza. Son suculentas, cactus y otras rarezas que sumamos según la complejidad de la pieza para que tenga equilibrio. La vida parte de una unión. Esa unión entre dos células es en mis piezas la suma de dos partes: el objeto (óvulo) y sus accesorios (espermatozoides). Juntos se unen y dan vida a Mil Hijos que se transforman en plantas que nacen desde su interior. Junto a Florencia, contamos una historia personal que a la vez embellece el espacio. Un proyecto de dos mujeres que, con historias diferentes pero con una sensibilidad compartida, contamos nuestra historia a través de lo que creamos con nuestras manos.

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