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Sábado, 13 de marzo de 2004

DEBATE

Filete y patrimonio

El fileteador Alfredo Genovese, que curó el concurso de fachadas fileteadas en la calle Jean Jaurès, escribió esta carta para discutir la nota de contratapa de M2 publicada el sábado pasado:

Lamento que el nuevo brillo de los colores fileteados en la calle Jean Jaurès lastime la sensibilidad del arquitecto Magadán y le provoque una ceguera tal que le impide tener en cuenta algunas consideraciones que paso a detallar.
En primer lugar, que el fileteado porteño es un patrimonio cultural –no inmobiliario– de la Ciudad de Buenos Aires, un patrimonio que se viene desarrollando desde hace aproximadamente 100 años, a espaldas de funcionarios gubernamentales, academias y críticos de arte. El mayor logro del fileteado porteño es que debe su evolución y permanencia al placer de realizarlos que sienten los artistas fileteadores, y a la satisfacción de la gente al observarlas. Es una costumbre popular que a fuerza de realizarse hoy es reconocida, en la Argentina y en el exterior, como un género pictórico de nuestra ciudad.
En segundo lugar, el concurso organizado por el Museo Casa Carlos Gardel no sólo revaloriza los alcances de este arte popular, sino que además agrega a los edificios el valor estético y patrimonial del fileteado.
Cabe recordar al arquitecto y especialista que las fachadas de esos edificios fueron restauradas a la hora de poner en marcha el concurso y antes de que los fileteadores hicieran su intervención. Además, con las bases del concurso se le dio a cada artista un plano a escala de las fachadas, sobre el cual realizar su boceto y que luego fue cuidadosamente seleccionado teniendo en cuenta la composición armónica sobre cada fachada y la calidad del trabajo final.
En tercer lugar, me sorprenden los frágiles razonamientos de Magadán –acaso porque ignora los orígenes del fileteado porteño–; el mismo surgió a partir de que los fileteadores copiaran la ornamentación de los frentes de los edificios, rejas y decoraciones existentes en la ciudad y los pintaran, sobre los carros primero, sobre camiones y colectivos después, en colores fuertes y con un relieve propio de la técnica del trompe d’oeil. Aún hoy quedan pruebas evidentes de estos ornamentos y es posible estudiar comparativamente los motivos realizados en los edificios y las pinturas de los antiguos fileteadores. En cambio, no existe ninguna norma, regla escrita o documentación que exija que el fileteado debe hacerse exclusivamente sobre madera o metal y mucho menos una norma que prohíba su realización sobre un edificio, más allá de las susceptibilidades del arquitecto especialista.
El resultado del concurso se interpreta como una devolución que los fileteadores contemporáneos hacen a las fachadas de los edificios en los que otrora se inspiraron.
Por último, mencionaré el fileteado de los colectivos, un referente de este arte como soporte histórico y por ser un elemento característico del paisaje urbano de Buenos Aires.
En estos vehículos el fileteado se desarrolló con algunas diferencias al de los camiones y los carros, menos elaborado y con elementos lineales acordes con una carrocería más lisa. Circularon fileteados hasta el año 1975, fecha en la que otros “especialistas”, los de la Secretaría de Transporte, lanzaron una ordenanza (Setop 1606/75) por la cual se prohibió el fileteo en los colectivos en todo el ámbito de la Capital Federal.
Después de haber leído “El patrimonio no se filetea” sólo me cabe esperar que el desagrado del Arq. Magadán no se convierta en ley.

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