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Jueves, 17 de noviembre de 2005

ELBICHO, DEL BLUES NEGRO AL FLAMENCO GITANO

Saltimbanquis, rock y quejío

Una virtuosa banda española que no les pone final a sus canciones, pero les gusta mezclar sonidos andaluces, ritmos africanos,rock progresivo y proponen una curiosa puesta en escena.

 Por Martin Correa-Urquiza

Desde España

Elbicho es así, todojunto. Se escribe y se mueve todojunto. Muta todojunto. “Si un día uno no toca, el resto tampoco”, suelen decir. Es una de las bandas que pisa fuerte en España, pero cuya propuesta va más allá del localismo. Eso, a pesar de que sus mix favoritos a la hora de musicalizar la calle, reúne el quejío flamenco con el rock progresivo, algo de jazz y los ritmos afro al sur de Gibraltar. Empezaron tocando en las veredas del barrio madrileño de Lavapiés, editaron el disco Elbicho y ya van por un segundo disco; Elbicho II. De todos modos, el brillo de la banda está fundamentalmente en el hecho de que para ellos la canción es un ser vivo que materializa su vaivén al ser interpretada. Ese es el momento en el que se sienten sus respiraciones. Podríamos decir que para Elbicho una canción grabada está en cierto punto dormida, y el “directo” es un modo de soltarla a “pasear” por las tablas. El final de sus canciones en los conciertos no está escrito. Y esto, sumado a la voz sufrida y a esa destreza en clave de histrionismo circense de Miguel Campello, acompañado de una sólida formación de vientos, hacen que su “vivo” sea un aventurero elogio de lo imprevisible.

En apogeo de la movida mestiza en la Europa del sur, la banda cruza el Atlántico. La gira por América latina pasará por la Argentina (el martes en Niceto), Uruguay, Venezuela, Chile y Colombia. Su intención es “estar cerca del latido de la selva” y proponen esta visita como una suerte de “intercambio de experiencias”. Miguel Campello (voz), Víctor Iniesta (guitarra) y Toni Mangas (batería), tres de los siete integrantes (que se completa con Carlos Punkbass en bajo, David Amores en percusión, Juan Carlos Aracil en flauta y Pepe Andreu en trompeta), en diálogo con el NO, hablan de dolores, actitudes, azares y de la música en tanto “bicho” que les ha picao.

–¿Por qué no preparan el final de sus canciones?

Víctor: –La canción es un ser vivo y tocando toma cuerpo, aparece esa vida con más fuerza. Hacer las canciones sin saber cómo las terminaremos es una manera de incitar a que la música tome su camino. Esto ocurre desde que éramos muy jóvenes. Es como una seña de identidad para no terminar a lo fácil, para no ocultarse en ese espacio de tiempo en blanco. Lo más importante en el escenario es la comunicación, y eso sucede desde que te subes en la furgoneta que te lleva al concierto. Es una conexión que hay entre nosotros cuando creamos algo, y cuando estamos arriba frente al público. La gente interviene en esa conexión.

Miguel: –Elbicho no ensaya y la improvisación es parte de lo interesante para que la música siga teniendo vida propia.

Toni: –Antes ensayábamos un montón. Para que te hagas a la idea, incluso algunos de nosotros vivíamos en la sala de ensayo (literalmente). Ahora lo hacemos en las pruebas de sonido, en la furgoneta. Es parte de dejarle espacio a lo imprevisible.

–Artaud planteaba que la verdadera dimensión de la actuación no era “hacer como si” sino vivir la experiencia del escenario como única. Elbicho tiene mucho de esto. ¿Cómo llegan a eso?

Víctor: –No te lo vas a creer, pero nos sale así (sigues sin creértelo); también porque hay personas que tienen una capacidad de “salirse”. Cuando conectás con la música puedes salirte de tu persona. En esto, a pesar de las presentaciones, no hay desgaste. Hay un continuo “llenarse” y “vaciarse” y por eso no nos gusta hacer dos conciertos seguidos.

–Muchas letras hablan

de “heridas”.

¿Por qué tanto “dolor”?

Víctor: –El dolor forma parte de la vida, es el sufrimiento que llevamos dentro desde que nacemos. Pero el quejío flamenco, aunque suela ser como una catarsis para sublimar sensaciones, es a veces de dolor. Otras dealegría. Lo importante es que la música cura. Sí, sí. Cura. Cura el espíritu y parece ser que el alma también.

Víctor: –Nuestra realidad son nuestros colores que llevamos dentro y fuera. Las cosas en las que nos fijamos. Aquellas en las que nadie se fija porque creen que no vale la pena o porque “no tienen tiempo”. Y la música sale de ahí, a veces llanto, a veces alegría.

–¿Qué sonidos definen su música?

Miguel: –Es una gran fusión de flamenco, rock progresivo, jazz, afro y alguna cosa más, y éstas son la mezcla de nosotros mismos, significan el mundo que cada uno tiene, significan el grupo.

–No parece haber un “mensaje” en sus canciones. Sin embargo, existe un compromiso con una forma de ver el mundo.

Miguel: –Ese “compromiso” se traduce más en el escenario porque es donde la expresión resulta natural. Puede ser una calle, el taxi en el que viajas, todo espacio puede ser nuestro escenario. Te lo montas tú...

–¿Por qué cambiaron la semilla del blues por el quejío flamenco?

Víctor: –Es una forma de hablar para intentar describir lo indescriptible, para que aquellos que no hayan escuchado nuestra música se puedan hacer una idea. El rock de los ‘70 partía del blues, nosotros partimos del flamenco, pero no es algo planificado, no cambiamos nada de manera consciente. Mi intención es querer plasmar algo mental. Tal vez un sueño que se convierte en música.

–¿Se incluirían en la idea del mestizaje?

Miguel: –Creo que sí. Si bien el mestizaje viene de la fusión, es una manera de llamar a algo que tiene varios ritmos, varias maneras de expresión. El nombre no tiene la culpa de la etiqueta, la culpa la tiene el que vende algo que no es y maleduca a quienes consumen música.

–¿Tocan en la calle?

Víctor: –La calle no se puede controlar.

No se pueden poner barreras y cobrar

entradas, y allí surge la sorpresa. La gente

se siente libre, si tú ofreces algo bueno,

ellos te responden bien. Ya no vamos a la

calle a tocar, pero yo llevo mi guitarra

en todos mis viajes y en cuanto puedo la

saco y pasamos buenos momentos.

–¿Qué esperan de su gira por América latina?

Miguel: –Nuestras expectativas son que el grupo se dé a conocer. No más que eso. Queremos que otros sitios puedan disfrutar de nosotros y por supuesto nosotros de ellos. No inventamos fronteras con la música.

–¿Por qué la Argentina?

Miguel: –Estuvimos allí una vez en apoyo a las Madres de la Plaza de Mayo. Pero esta gira es una casualidad, una invitación de la Wensy (Cindy Castillo) que nos ofreció salir. Y eso sumado a que hay afinidades, familia que vivió allí y la necesidad de situarnos en un sitio hace que la Argentina sea una base en aquel sur para mirar más allá. En nuestro anterior viaje conocimos movimientos sociales, causas que nos interesan y nos llaman la atención. Por que a veces por estar en Europa se nos olvida que en otros sitios hay penas más pesadas. Por otro lado, los músicos latinoamericanos me atraen, sea el estilo que sea.

Toni: –Musicalmente me han influido los coros guaraníes de la Argentina que he podido escuchar. Me inspiran buen rollo. El latido que nos mueve es el de “la selva”. Nos gusta la música que se crea en los pueblos indígenas, sea en el norte argentino, sea entre los negros que bailan, ríen y a veces mueren en Africa (por eso hablamos de dolor también). Ese quejío tiene que ver con nuestra música. Todos los caminos nos llevan ahí.

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