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Jueves, 12 de enero de 2006

SAMI ABADI Y EL CLUB DEL DISCO

El otro Club de los 700

 Por Julia González

Sami Abadi, violinista y fundador de El Club del Disco, dice que ya tiene 700 socios en todo el país. Para unirte a la logia sólo hay que ingresar a clubdeldisco.com y afiliarse sin costo. Todos los meses se recibe el CD que elegiste, que puede ser el del mes o bien otro de catálogo; las obras son seleccionadas por un equipo de músicos que busca originalidad además de mantener la independencia y la diversidad. Reconoce que lo que este grupo de músicos crea no es para nada comercial, pero también da pelea y sentencia: “Es tan relativo qué es comercial y qué no, que esa idea termina siendo más que nada cualquier cosa que tenga la maquinaria por detrás porque, por ejemplo, Astor Piazzolla hoy en día es uno de los compositores más tocados en todo el mundo, convirtiéndose en un producto comercial porque tiene ese aparato de difusión”. Además agrega que “nuestra música no es la que atrae al productor vampírico que quiere hacer un negocio inmediato sino que el primer propósito que tiene es el artístico. Después, cada caso es distinto a nivel lenguaje”.

–¿Qué frutos dio hasta ahora El Club?

–Lo que tenemos para celebrar en este momento son los discos que seleccionamos, obras que queríamos rescatar un poco de la oscuridad o del olvido. Ramilonga, de Vitor Ramil, es un disco que tiene algunos años ya, pero es fundacional de una concepción, lo mismo pasó con un disco del Mono Fontana, Ciruelo. Sentimos que estamos logrando lo que queríamos: poner en su lugar una cantidad de obras valiosas que no estaban llegando a su destinatario. La obra de arte, si no llega a su receptor, no termina de cumplir su misión.

Hay un programa oculto, que no es secreto, y tiene que ver con la formación de un gusto: “Esto dicho con humildad, porque no somos quiénes para decir cómo debe ser formado un gusto, pero hacemos nuestro aporte. Nos gustaría que el socio que va recibiendo nuestros discos vaya armando su discoteca, que habla de otra manera y los va transformando también a ellos como oyentes. Nuestra ambición es bastante grande, queremos transformar a nuestros socios en oyentes astutos, conocedores, entendedores. Por eso la publicación va apoyando también esa función con cuestiones un poco conceptuales, con información para que puedan rescatar mejor, no tanto con esa ingenuidad que tiene cualquiera como consumidor sino más desde adentro”.

–¿Es necesario ser un artista de trayectoria para integrar el catálogo?

–Esto está naciendo, nosotros no estamos buscando al artista consagrado. Al contrario, nos gustaría, y en algunos casos lo hemos logrado, encontrarlo antes de que sea consagrado. Creo que lo conseguimos en el caso de Ezequiel Borra, que era un chico desconocido. El mecanismo que estamos diseñando es empezar a salir nosotros a buscar qué es lo que está pasando, en el under o el sub-under. De todas maneras, nuestros artistas consagrados son, podría decirse, de culto, no suelen ser tan masivos como el Mono Fontana, por ejemplo.

El Club del Disco comunica por medio de música que no se ve en la tele ni sale en las radios, se abstrae del circuito comercial y dice: “Acá pasa algo diferente”. Las cenas presentación de los CDs son en un restaurant palermitano, con mesas largas donde los socios comparten el ágape: así se conocen y el club sale de la virtualidad. El artista que esa noche está presentando su disco cena junto a los socios y, después de escuchar el estreno con las luces bajas, se hace una miniconferencia de prensa en la que el músico contesta las preguntas como en el living de casa.

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