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Jueves, 23 de marzo de 2006

LA TELEVISION JAPONESA ARREMETE

Nipones for ever

Concursos de flatos, catapultas humanas, empresarios borrachos cantando karaoke, celebridades que cuentan sus propios crímenes: la TV nipona se exporta, ahora, para caer mal en estómagos de otras latitudes.

 Por FEDERICO LISICA

¿Recuerdan el capítulo en el que Los Simpson visitaban Japón? Allí, en un show televisivo, Homero y Cía. nadaban en un volcán con “ácido de naranja y wasabi”. Más allá del imaginario disparatado y exótico, al hablar de la TV japonesa la exageración es norma. “Puedo decir que es el entretenimiento preferido en nuestro país, está profundamente integrado a nuestra vida cotidiana”, palabras de Akiko Tanaka, ejecutivo del Departamento Internacional de Fuji TV, uno de los canales más exitosos de la isla, que junto a NHK y NTV se disputan la friolera de 120 millones de los teleadictos diarios. Según Tanaka, su programación es similar a la de cualquier otro rincón del planeta, la diferencia está en darles a los contenidos un barniz distintivo, típicamente japonés.

Chequeen las publicidades (con impensadas apariciones de celebridades de esta parte del globo) en www.japander.com y entenderán a este directivo televisivo. “Llama la atención cierta improvisación preparada y su sentido del ridículo. Aquí da gracia hacerse el tonto. Se busca constantemente la vergüenza ajena. Claro que nuestra mirada occidental siempre pesa”, afirma Jordi Jané, un catalán residente en Tokio que posee un site especializado sobre la TV de ese país (www.japangaijin.com).

Piensen en un informativo matinal como Desayuno, pero con la parafernalia saracatunga de Nicolás Repetto, en el que a un repaso de las noticias le pueden seguir coreografías de Smap (los Backstreet Boys nipones), entretanto la pantalla arroja imágenes y palabras en colores furiosos. No, no es el videojuego Pump it Up, es Mezamashi Terebi (“La televisión despertador”), ejemplo de una TV que, a paso sostenido, está copando el paladar occidental.

Zapping Freak

Además de informativos, programas deportivos y otros de alto tinte cultural, la grilla se completa con novelas, conocidas como Doramas (muchas de ellas actuadas por figuras del j-pop musical), Jidaigeki (ficciones históricas con guerreros y geishas), los infatigables animés y shows de entretenimientos. Y si el primer desembarco japonés en Occidente fue a través de cartoons con obsesiones atómicas recurrentes, hoy los programas de juegos son los que despiertan mayor adicción. La génesis fue a principio de los ‘90 con Fûun! Takeshi Jô, el show de Takeshi “Beat” Kitano, conocido en España con el sugestivo nombre de Humor amarillo.

El aclamado cineasta reinaba en un castillo rebosante de prendas al estilo Supermatch (rebosante en golpes y fracturas en cámara). El furor explotó con Japanarama, una colección de videos donde puede verse lo más gracioso, psicótico y kitsch emitido alguna vez al aire (concursos de flatos, catapultas humanas, empresarios borrachos en concursos de karaoke). El siguiente paso fue la exportación de contenidos. Tanto Iron Chef (una competición de cocineros) como Viking (atletas sobrellevando obstáculos en un domo) son sendos sucesos en la TV norteamericana. Trivia merece una mención aparte. En el show, acaso el mejor ejemplo del entretenimiento “made in Japan”, los espectadores envían conocimientos mundanos por dinero; cuanto más grotescos los datos, más yenes al ganador. ¿Sabías que un arácnido al tomar café realiza una telaraña más compleja? Sí, y se puede ver la prueba en vivo.

Mondo bizarro

Si la vida diaria se rige por duros estamentos y en las calles impera la competitividad salvaje, este tipo de televisión pareciera otorgar a los japoneses un terreno en el que todo está permitido (¿o será donde esas reglas muestran su cara más feroz?). Reptiles e insectos que caminan sobre la cabeza de las mujeres, infantes filmados en cámaras ocultas mientras pasean por la ciudad librados a su suerte. Las acusaciones de sexismo, explotación y “entretenimiento basura” también están a la orden del día. La mayor polémica la desató Kamingu Dauto (“¿Alguna duda?”). El formato es similar a Mentime que me gusta, ese programa que condujo hace algún tiempo Ronnie Arias. Los “tarento” (mediáticos japoneses) cuentan sus secretos mejor guardados, y un panel debe averiguar si dicen la verdad. Una tal Abiru Yu relató su participación en un asalto con destrucción de un negocio y toma de rehenes incluida. ¡Y era verdad! La cadena tomó la decisión de borrarla de la pantalla. Algo habitual cuando una celebridad se pasa de la raya. Y claro, el show, cada vez, tiene más adeptos. Si próximamente por estas pampas, un ex gran hermano relata escabrosas confesiones, o si un conductor testea el sabor de una cucaracha en vivo, no se sorprendan... es un invento japonés.

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