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Jueves, 12 de octubre de 2006

LOS PAKIDERMOS: DE CORRIENTES A BUENOS AIRES

Los dinosaurios no aparecen

Van y vienen entre Buenos Aires y el litoral. Algunos son integrantes de Los Peyotes y Bicicletas. Apuestan a retomar la época “jurásica del rock” para aggiornarle las letras o mejor dicho darle un poco de onda.

 Por Julia González

Lejos de la efervescencia palermitana, en Quilmes, está la guarida de Los Pakidermos y justo ensayaban allí un domingo de sol y superclásico. Pero como no tienen nada que ver con el fútbol, y seguramente ni estaban enterados del partido, el NO se acercó a su esfera de psicodelia y rock del pasado. La banda se formó en enero, casi como un proyecto que se esfumaría al terminar el verano. Rafa Ferraiolo (voz) estaba en Corrientes con Taka Taka Anaconda (bajo), porque ellos son de allí, y llegaron a visitarlos sus amigos Federico Wiske (guitarra) y Víctor La Pantera (guitarras y órgano); quienes además tocan en Bicicletas y Los Peyotes, respectivamente. “En enero habremos tocado seis veces en horarios muy raros para lo que es Corrientes. Logramos el primer after hour. Es como en todas las ciudades del interior que tienen otros tiempos, otro pulso, y el rock allá es realmente muy acotado, todavía no sé si escucharon ni a Charly García”, cuenta Rafa.

Al mes siguiente, y de vuelta en Buenos Aires, los invitó Julio Sleiman a grabar el disco en su estudio y ni titubearon. Fueron sólo cinco días de ensayo con la ayuda de amigos del rock, “el disco fue como un vómito”, compara Rafa. Los proyectos de formar una banda y de salir a tocar empezaban a ponerse serios hasta que plantearon que los correntinos se instalaran en Buenos Aires. Taka Taka se vino, guiado por su estrella, pero no hubo forma de traer a Willy Wonca (batería) y fue reemplazado por Emilio, de gran peinado afro. También llegó Agustín para suplantar de vez en cuando a Federico, que empezaba las giras con Bicicletas.

Y ya con toda la troupe instalada en la gran ciudad grabaron el disco, del cual es curioso, además de la energía de las canciones, el arte de tapa del disco epónimo: un paquidermo (elefante en este caso) gigante, con trompa de cuerdas de guitarra que pisa la ciudad levantando un fuego lisérgico de colores. El diseño es de Ezequiel Black (el mismo que ordenó los maniquíes en la tapa del disco de Bicicletas) con ilustraciones de Juan Bobillo, que interpretó la idea pakidérmica del agobio de la ciudad. El elefante pasa por encima de los edificios, que luego derriban a él y en la contratapa aparece ya tirado, como borracho, tal vez muerto.

—¿Cuál es la búsqueda musical de Los Pakidermos?

Víctor: —Buscamos la inspiración en los clásicos. Hoy ya en el rock argentino podemos hablar de bandas clásicas: Manal, Almendra, Pescado Rabioso, Los Gatos, Billy Bond y La Pesada, y la banda fue en esa búsqueda, de retomar a esos autores. No queremos inventar nada.

Rafa: —Si somos puerta para que alguien vaya y escuche un disco de Billy Bond, genial, porque quizás así descubre música nueva. Es como un laberinto y abrimos una puerta. Ahora entramos a un lugar de canciones sostenidas por un aura psicodélica. Y nos gusta ir en busca de ese sonido.

—Las canciones tienen una dicotomía entre una melodía sesentista, similar a Los Gatos, y unas letras actuales como en “Vayamos a tomar mil tragos”, en A orillas del Paraná, por ejemplo. ¿Buscaban esa dualidad?

Rafa: —Es que era la idea, hablamos del Paraná en su interior y era justo pensando en Rosario. Pensamos en Los Gatos, era ésa la búsqueda. Y a la vez una letra reactual de querer encontrar al amor y darle un tiempo de conocer a esa persona. Los tiempos están pasando tan rápido que uno no puede discernir los procesos, por eso cuesta tanto tener una pareja. Pero la letra es eso, darle tiempo al amor. Y realmente los tiempos del mercado, de la ciudad van por otro lado y no te dejan hacer ese proceso.

Víctor: —No le tenemos miedo al “te quiero”.

—¿Y por qué en esa canción terminan gritando “No me quiero curar”?

Rafa: —De la locura. Porque uno se sube al tren del tema y ya estás casi al final, es como que la música es una droga. Ayer pasó algo muy fuerte. Estábamos en Niceto y no se pudo fumar y habían patovicas en todos lados. Nosotros éramos 500 y vinieron a apagar tres cigarrillos y la gente no fumó más. Estamos en un espectáculo de rock, ¿cómo no se va a poder fumar? La gente no dice nada frente a eso, no pueden ser tan pasivos. No me quiero curar es desatar la locura, el desparpajo, recuperar eso que tenía Virus en los ‘80, sin importar qué nos van a decir. El rock no necesita un por qué, simplemente hay que hacerlo.

* Los Pakidermos tocan el domingo 15 con The Tunners y El Presidente en Bahiano Bar (Av. Rivadavia 21458, a una cuadra de la estación de Ituzaingó). A las 20.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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