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Jueves, 12 de abril de 2007

VIAJE AL MUNDO INTERNO DE LAS PELOTAS

“No nos aburguesamos”

Las Pelotas no doblan, pero tienen un efecto arrastre por la salida de su flamante Basta! Germán Daffunchio aclara rumores de la blogósfera del tipo “¿por qué en el último disco Sokol canta sólo cuatro temas?”, y arrima intenciones a una posible reunión con Divididos, con quienes comparte cartel en el Quilmes Rock de hoy. ¿Habrá sorpresa?

 Por Cristian Vitale

Afuera, el legendario y tranquilo Timmy McKern, va y viene cavilando. Espera que Alejandro Sokol llegue a tiempo, al menos para la foto. Alguien le dice que está comiendo en el bar San José de Hurlingham, que ya viene. Otro que está en una casa de por ahí, tal vez colgado. Pero Timmy descree y se resigna: “No, ya no creo que venga”. Punk, casero y asistente de Las Pelotas, hace por lo menos diez viajes hasta el portón de entrada. Esquiva el pasto alto, los árboles y la horda de mosquitos que se apoderó del espacio verde, tras la tormenta otoñal. Hace mandados, atiende visitantes y cruza algunas palabras sobre la campaña de Deportivo Morón en la B. Es fanático. El Gordo Gaby —no el de La Renga, eh— muestra una foto inmensa, que lo ubica a menos de dos metros de Keith Richards. “Que no me la iba a sacar”, afrenta, con el pecho más inflado que la panza. En la instantánea gigante figuran como 20 personas. Es en el camarín de los Rolling Stones en River, y están Mick Jagger, Germán Daffunchio, Gabriela Martínez, Gustavo Jove, Tomás Sussmann y el mismo Sokol abroquelado a Richards como si fueran amigos de toda la vida. Esa sí se la sacó.

Adentro, en una sala de ensayo en la que se puede fumar, toda la banda —menos el frontman— pule canciones. Abrillanta sonidos y entrena. Concentra. El trípode estético es el mismo que los acompaña desde Corderos en la noche: el reggae blanco “a lo Sumo” de Transparente se mezcla con las bellas melodías superpuestas “a lo Cure” del nuevito ¿Dónde se esconden? —un lujo sensorial estar ahí— y la oscura viscosidad de Desaparecido. Tiene que quedar todo a punto para el estreno de Basta!, esta noche a las 20 en el Quilmes Rock. “No sabemos qué va a pasar. Si llega a ocurrir algo, va a ser espontáneo”, tirará Daffunchio después, sobre la coincidencia con Divididos. “Ya nos pasó en Mendoza, confluimos, tocamos, pero sin haberlo planeado”, agregará Gustavo Jove, el baterista calvo.

El adentro y el afuera son parte de lo mismo: la viejísima, clara y espaciosa casona de Hurlingham, barrio-cuna del grupo. Pertenece a la dinastía Daffunchio, aunque parezca terreno del famoso Punk. Entre los escasos adornos, cuelga de la pared un banderín del gallito, hay un globo terráqueo con la parte de Argentina desgajada, como si a alguien le hubiera agarrado un brote cipayo y lo hubiese trompeado justo ahí, una foto de Osvaldo Pugliese y otra de Luca, en posición de buda, con una leyenda recurrente: “Luka not dead”. Casi una certeza para el guitarrista calvo, pero con colita. “Sigo manteniendo el concepto sobre el arte que cultivé junto a él, aunque el hecho de haber estado en Sumo fue muy perjudicial en los orígenes de Las Pelotas”, es de lo poco que dice Daffunchio sobre Prodan. El otro comentario es elíptico, sólo refiere a la posición del italiano ácido en el poster. “A veces te da ganas de mandar todo a la mierda y transformarte en buda. Hay momentos en que te sentís cansado y te preguntás si vale la pena seguir o no.”

—¿Cuántas veces corrió peligro la existencia de la banda?

Daffunchio: —Todo el tiempo, desde hace muchos años.

Tomás Sussmann, guitarrista y único miembro que sigue viviendo en las sierras de Córdoba —además de Timmy—, completa la respuesta: “El peor momento fue antes de Esperando el milagro: no teníamos laburo, todo mal. Fue duro”. Que la banda siga, además del lógico motor que implica tocar, llenar lugares y grabar buenos discos, ancla en factores afectivos. Se sostiene a base de reuniones catárticas que Jove define como si fuera el cinco de Excursionistas. “Cuando hay algo que no hablás, no hablás y no hablás, llega un punto en que se resuelve como el orto. Mal. Nosotros tenemos la virtud de que no nos pasa. Nos juntamos mucho para hablar y resolver bien.”

—¿Se reenamoran después de las reuniones?

Daffunchio: —No, yo no estoy enamorado de Tomás, ni de Gustavo. Puede ser de Gabriela (risas). En verdad, nos apuntalamos bastante entre nosotros, nos une la pasión. Cada show es una batalla: salís a dar todo y sobrevivir. Si no tocamos, nos volvemos locos.

El chalet a dos aguas está rodeado de arbustos, leña en cantidad y una parrilla enorme. Despoblada porque el almuerzo de esta mañana será otro: sanguchitos y gaseosas. Y la premonición se cumple: Sokol nunca llega. Cuando Punk va por última vez al portón es para abrirle al vientista multiuso —Pollo, el séptimo pelota— que entra en un Renault 12 rojo con maderas de obra en el techo. “Es saxofonista y carpintero”, chistea Sussmann. Pollo le aporta el último color a la pintura matinal de una banda cuya impronta llana, sencilla, hippie (pero) popular escapa, dichosamente, a las reglas del glamour y el business. “Somos así, viste, no nos aburguesamos. Hacemos música como una descarga a todo. El mundo del éxito no nos agrada, no nos alimentamos de él sino de tocar y hacer discos. Nosotros no tocamos para Caras”, comenta, concreto, Daffunchio. Sussmann va a más. “Yo qué sé: no nos da por ir al Roxy a zapar. Si vos vas ahí y te subís cuando está Juanse tocando, bueno... te exponés.” “Está bueno que no te coma el personaje, el no creerse más de lo que sos”, tercia Jove.

—¿Hincha las pelotas el éxito? La pregunta no es porque llenen tres Obras, ni porque vendan muchos discos, sino por el nivel de exposición mediática que ello genera.

Daffunchio: —Tratamos de ser un poco selectivos con la prensa y de no estar en lugares donde te exponés a eso. No es difícil.

El andamiaje humano y creativo de Las Pelotas cierra más o menos redondo entre Jove, Timmy, Germán, Gabriela, Tomás, Pollo y Sebastián Schantel, que llega tarde pero seguro. Ahora, ¿qué pasa con Sokol? Al margen de su ausencia coyuntural, el hecho de que su voz aparezca sólo en cuatro de las trece que pueblan Basta! (¿sabían que un disco de Quilapayún se llama igual?) generó un sinfín de rumores entre los fanas del grupo. El libro de visitas de la web pelotera está lleno de suspicacias. “Es un grupito de gente que hincha las bolas —despeja Daffunchio—. Se quejan de que Alejandro canta poco en el disco y eso termina en un montón de apreciaciones: algunos dicen que lo queremos echar; es un puterío del que nos cagamos de risa. El otro día le decía a Ale que tendría que hacer un comunicado diciendo ‘muchachos, déjense de romper las bolas’, porque el fondo de esto no lleva a nada. Cuando tuvimos que elegir qué temas quedarían en el disco, nadie tuvo en cuenta cuántos cantaba yo y cuántos él.” Sigue Sussmann. “La gente no sabe cómo es la cosa y entonces inventan teorías conspirativas. Pero bueh... también se decía que los Rolling habían tirado a Brian Jones a la pileta (risas) y no creo que hay sido verdad.”

—Es otro efecto del éxito. La banda crece y debe enfrentarse necesariamente al chisme. Ya no están solos.

Daffunchio: —La realidad es que el mundo es una mierda y que en este país el programa que más se ve es Gran Hermano.

—Pero se supone que el rockero con códigos debería tener cierta autonomía frente a eso...

Daffunchio: —De hecho, no miramos Gran Hermano (risas). No sé, el mundo está lleno de boludos y vos tratás de hacer lo que podés.

—¿La vagancia para componer o ensayar también es un mito?

Daffunchio: —¿Quién es el hijo de puta que dice esas cosas? (risas). En realidad, el que trabaja poco es Alejandro, porque él es muy volátil, viste... pero nosotros trabajamos como locos. En este disco, quedaron como 15 temas afuera. Nos costó muchísimo elegir.

Jove: —Aparte, movemos muchos los temas y algunas canciones tienen una bocha de versiones. Pero lo importante es que seguimos haciendo lo que se nos canta el orto.

Tomás: —Eso. Y no nos repetimos. Ahora, resulta que hay 20 tipos que cantan como Calamaro. No me parece que Coti esté mal, pero no hay nada nuevo. Nosotros cambiamos.

—Igual, hay un puente estético invisible que une Corderos en la noche con Esperando el milagro, e incluso con Basta! ¿Tanto cambian?

Daffunchio: —Bueno, vos lo dijiste. La esencia permanece. Igual, cada disco nuestro fue hecho bajo distintos estados de ánimo. Distintas circunstancias. Siempre tratamos de hacer discos que se vendan y a la vez bajen línea, pero nunca lo logramos. Ahí nos dimos cuenta de que nuestra corriente no era muy popular.

—¿Es una frustración no haber podido grabar Corderos en la noche con otro sonido? Parece un desperdicio, por las canciones que tiene y que aún siguen dando frutos: Bombachitas rosas, Shine, Sin hilo, Muchos mitos...

Daffunchio: —Alguna vez nos planteamos grabarlo de nuevo con el fin de mandarlo al exterior, pero el primer disco es el primer disco. Teníamos nada más que 50 horas para grabarlo, nos tocó un técnico que era un idiota y hubo que grabarlo dos veces. Tuvimos que salir a pedir plata prestada para terminarlo.

—¿Sigue vigente el sueño de poner un pie en España?

Daffunchio: —Es la idea.

—¿Se piensan una banda internacionalizable?

Daffunchio: —Tenemos una identidad bien definida que puede gustar o no, pero no hacemos rock chabón. Lo nuestro es otra cosa, se llama ball of art. Es una buena llave, porque cuando afuera escuchan rock chabón, dicen que hay cuatro mil bandas que tocan lo mismo.

Sussmann: —Yo creo que un lugar como España, donde el rock arrancó con Moris, tiene mucha relación con nosotros.

—Tal vez con un par de versiones de Calamaro, entran...

Daffunchio: —O invitando a Sabina... Lástima que ahora se curó, ¿no? (risas). Nunca sabés, tal vez el productor más grande de España se enamora de Tomás y de nuestro disco. Nos ha pasado.

—Germán, fuiste uno de los pocos músicos que habló en el libro Cuando el arte ataque, salvando y humanizando la figura de Chabán. Sus autores dijeron que otros no lo hicieron por miedo...

—Hay muchos músicos en la Argentina que no se animan a decir nada, no sólo de Chabán. Nadie quiere tener quilombos. Yo lo que sé es que si Chabán no hubiera existido, muchas bandas tampoco, sobre todo en épocas difíciles. Lamento mucho lo que le pasó. Hay gente verdaderamente hija de puta que está libre.

—Seguro que nadie se los preguntó: ¿a qué le dicen basta?

Daffunchio: —El basta es contra una pesadilla constante. Basta a este país de mierda, no sirve que nos quedemos pensando en los efectos de la dictadura. El basta es a toda la actitud interna de uno de callarse la boca y comérsela doblada todos los días.

Sussmann: —Un gordo dirá “basta de ravioles”, o de manteca con margarina, yo qué sé...

—Más quejas de la red de fans: mientras unos adoran el disco, otros dicen que es un poco “light”, radiable...

Daffunchio: —Es distinto. Yo creo que en este disco se nota un grado de desesperanza mayor que en otros. Nos pusimos a delirar mucho, hay una paleta de colores inmensa, pero que al final se ata. Igual, ojo: no somos tan oscuros... Somos buenas personas.

Jove: —Esperábamos el milagro y ya no lo esperamos más. Se acabó.

LA ETERNA REUNION

Con Sumo cuidado

La presunta reunión del Sumo sobreviviente parece devenir en huellas pequeñas, pero seguras: la participación de Mollo y Arnedo en Corderos en la noche primero, después la aparición de Sokol cantando con Divididos en algún Pepsi, el show que ambas bandas compartieron en Mendoza, los agradecimientos a Mollo y Superman Troglio en la lámina interna de Basta! o lo que pueda ocurrir hoy. Pero este año parece clave: se cumplen 20 de la muerte de Prodan y Daffunchio ya no lo descarta como antes. “Es indudable que en algún momento vamos a hacerlo, hay deseo. Pero hoy lo que corre es lo que está haciendo cada uno. Nosotros con nuestro proyecto y Divididos con el suyo. Hay ganas, pero falta tiempo.”


COMO SERA EL QUILMES

Lo que importa es el rock

Lo llaman el festival más importante de Latinoamérica, pero habrá que refrendarlo en la cancha. Hoy, en River, comienza el Quilmes Rock y la organización le sumó cantidad a la calidad. Serán cuatro jornadas con relativamente pocos grupos —teniendo en cuenta los antecedentes de la productora—, pero un cartel que tienta: Aerosmith, Bad Religion, Velvet Revolver, Evanescence, Psychedelic Furs, Divididos, Las Pelotas, Intoxicados, El Tri y Estelares, entre los números más importantes. Además, una puesta —dicen— única. El escenario tendrá una longitud record de 60 metros de ancho del que, al momento de los shows, descolgará una parrilla de luces en forma de araña con doce metros de altura y nueve brazos articulados de leds. La parafernalia técnica incluirá 45 mac 2000, 45 minibruts, 45 megaflashes, 54 pares mil y 108 tubos de led, y el escenario dispondrá de cuatro seguidores laterales y nueve de frente, que perseguirán a los artistas. Además de las típicas megapantallas de los costados, habrá tres horizontales sobre el mangrullo —edificio metálico ubicado en el centro de la cancha— que reproducirán situaciones artísticas. En ese lugar, bautizado La Nave, habrá performance “rockera y ambient” del DJ Zuker entre set y set. Y se esperan sorpresas que caerán del cielo.


PROGRAMACION

Jueves 12: Divididos (a las 23.00), Catupecu Machu (21.35), Las Pelotas (20.10), Attaque 77 (18.45) y Bad Religion (17.20).

Viernes 13: Keane (a las 23.00), Babasónicos (21.20), Psychedelic Furs (19.50), Arbol (18.40), Estelares (17.50).

Sábado 14: Los Piojos (22.10), Intoxicados (20.40), Ojos de Brujo (19.30), El Tri (18.30), Kapanga (17.30).

Domingo 15: Aerosmith (23.10), Velvet Revolver (21.30), Evanescence (20.00), Ratones Paranoicos (18.30), Turf (17.00).

Bonus: el sábado a las 0.30 tocará Psychedelic Furs, en exclusiva, en la fiesta oficial del festival en el Roxy Club y el lunes, otra en solitario de Velvet Revolver —Scott Weiland incluido— en Obras, y Ojos de Brujo en La Trastienda.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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