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Jueves, 28 de febrero de 2008

INTERPOL LLEGA SIN DOCUMENTOS

“Preferimos vivir nuestra vida antes de saber qué pasa”

El guitarrista Daniel Kessler se refiere a la exposición de las bandas de rock en los medios masivos con cierto desdén, aunque a la hora de titular su último disco se refiere a ellos mismos. La placa se llama “Our Love to Admire” (“Nuestro amor para admirar”). ¿Contradicción o cinismo?

 Por Roque Casciero

Por más que se hagan llamar Interpol, los cuatro hombres de negro encabezados por el cantante Paul Banks no tienen alma de botones, ni saben quién es Antonini Wilson. Lo suyo, desde hace casi una década, es ensamblar sonidos oscuros para generar canciones conmovedoras y vibrantes, con el espíritu de Ian Curtis sobrevolando en sus dos primeros álbumes y con una épica cercana a la de U2 (aunque sin perder cierto tinte ominoso) en el reciente Our Love to Admire. Aunque parezca un capricho del destino, una banda tan identificada con Nueva York como Interpol comenzó a gestarse en París, donde el guitarrista Daniel Kessler conoció a Banks mientras ambos participaban de un programa universitario de verano. De vuelta en su ciudad, recién volvieron a cruzarse por la calle para el momento en el que Kessler, el baterista Greg Drudy (luego reemplazado por Sam Fogarino) y el bajista Carlos D ya habían establecido un sonido propio. “Recordé que Paul tocaba la guitarra y cantaba, lo invité a escuchar lo que hacíamos y le gustó mucho, así que se unió a la banda”, le explica el guitarrista al NO a través del teléfono.

Kessler asegura que no es “ciento por ciento un guitarrista” sino que se considera más un escritor de canciones. Y aunque siempre estuvo rodeado de música (“para mí es como una religión”) porque tenía hermanos mayores “que se vestían de acuerdo a lo que escuchaban”, recién agarró el instrumento a los 16 años, cuando dejó a un lado al otro entrañable pedazo de madera que lo había acompañado hasta entonces: el skate. “Tomé un par de clases de guitarra, pero no me gustaba que me enseñaran, así que lo intenté solo, e instintivamente descubrí que me interesaba componer mis propios temas”, recuerda. “Eso me proveyó de un gran escape, porque el sentimiento que me provocaba escribir una buena canción es el mismo que tengo hasta el día de hoy. Pese a que nací rodeado de música, me costó mucho darme cuenta de que componía. Nunca fui alguien con demasiada confianza en sus posibilidades, no era que decía ‘voy a hacer esto o aquello’. Sin embargo, darme cuenta de que componía fue una de las mejores sensaciones que tuve en mi adolescencia.”

Kessler tocó todos los instrumentos en su primer demo, pero eso lo hizo darse cuenta de que le interesaba más trabajar con gente que fuera diferente a él. “Si estoy haciendo algo, quizás otro hace otra cosa completamente distinta, pero que funciona en el conjunto. De eso se trata Interpol, esencialmente: es una gran colaboración. Nosotros cuatro somos muy diferentes y ni siquiera es que somos amigos de la infancia: cuando nos juntamos éramos unos extraños, y tampoco era que a todos nos gustaban las mismas bandas, porque de hecho escuchamos cosas bastante distintas, aunque todos somos muy abiertos. Lo que nos unió fue Interpol y la extraña química que se produce cuando trabajamos juntos: a veces puede ser muy interesante e impredecible que personas que vienen de lugares muy diferentes se enfoquen en la misma dirección.”

–El sonido de la banda se ha puesto menos opresivo y oscuro en cada disco. ¿Fue algo que buscaron?

–No, es algo que se da naturalmente. En realidad, lo que nos interesa es hacer algo que nos complazca en términos artísticos y personales, y cuando funcionás de ese modo, no querés hacer siempre lo mismo. No es que nos propongamos intentar otras cosas, sucede porque crecemos, entonces componemos las canciones en otra dirección o usando nuevos sonidos. Esta es la clase de banda en la que quiero estar, no me interesa escribir una y otra vez la misma canción. Es una sensación adictiva estar en un ensayo en el que estamos componiendo y algo toma una nueva dirección. Es maravilloso sorprenderse, pensar: “Guau, solo nunca lo hubiera compuesto de esta forma, pero me encanta cómo salió”. Es algo muy puro porque todos tenemos igual voz y voto, nos manejamos muy democráticamente.

–Pero siempre mantienen la personalidad de la banda y cada disco es como un paso adelante.

–Claro, en el último disco podés escuchar a las cuatro individualidades de Interpol y hay ciertas características en común con los dos anteriores, pero también es cierto que hay otras formas de composición, nuevas progresiones y exploraciones. Es lo que somos hoy. Y la idea es continuar creciendo y encontrando nuevos modos de escribir, pero sin sentirnos obligados a cambiar, haciendo lo que se sienta adecuado en cada momento. Nunca me gustó leer entrevistas en las que las bandas dicen que diseñaron qué clase de disco querían hacer, que trataron de hacer. Nunca entendí eso de “tratar” (se ríe). O lo hacés o no.

–¿Se dan cuenta de que ahora hay bandas para las que ustedes son una influencia?

–No sé, no me he cruzado con bandas que suenen como nosotros. Cuando empezamos a hacer entrevistas para este disco nos lo decían mucho, pero la verdad es que nos hemos apartado bastante de lo que sucede, del circuito rockero de bandas nuevas. No leemos revistas, no estamos al día, y lo hacemos por una buena razón: preferimos vivir nuestra vida antes de saber qué está pasando en el mundo del rock and roll.

–Ya que no leés entrevistas, quizá no sepas que Carlos D definió al disco como “con una onda de música sinfónica alemana de fines del siglo XIX”. ¿Estás de acuerdo con esa descripción?

–Bueno, Carlos es un tipo muy especial (risas). ¡Es un personaje total! Igual entiendo lo que quiere decir, aunque no me parezca que la descripción encaje: el disco está mucho más orquestado, con elementos sinfónicos. Pero, por lo demás, me parece que él sólo está dejando que ustedes entren un poco al mundo de Carlos.

–Pero es un hecho que el disco es más épico y con un sonido más “grande”. Algunos fans y críticos dicen que tiene que ver con que pasaron de un sello indie a una multinacional.

–No tiene nada que ver, habríamos hecho el mismo disco si lo hubiéramos sacado en Matador o por las nuestras. Hicimos un disco más ambicioso, más esotérico, y no creo que eso fuera lo que quiere un sello grande. Para Capitol seguramente hubiera sido mejor un disco más simple, quizá como el primero, de guitarra, bajo y batería. En cambio, hicimos algo más complicado y aventurado, quizás hasta raro... Además no firmamos con un sello grande porque tengamos ambiciones comerciales. Nada podría preocuparme menos que eso. Hago música porque necesito hacerla y no puedo salir de un estudio hasta que siento que un disco me satisface en términos artísticos, y eso no tiene nada que ver con el sello que lo publica.

* Interpol toca por primera vez en la Argentina el 8 de marzo en el teatro Gran Rex, con Norma como banda invitada.

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