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Jueves, 4 de marzo de 2010

LA PRODUCTIVA AMISTAD DE FABIáN CASAS CON EL MATó A UN POLICíA MOTORIZADO

Casas viaja al cosmos con Santiago

El autor de Tuca muestra un gran afecto por la gente de la escena rockera platense, amistad de la cual se desprendió Rita viaja al cosmos con Mariano, un cuento infantil con ilustraciones de Santiago Motorizado.

 Por Julia González

“Ahora estoy arriba de mi casa con un rifle”, es el estribillo que retumba en Niceto en una noche dorada espacial. Pero tranquilamente todos esos pibes también podrían estar diciendo om. Por esa cosa sintética que tienen las letras de El Mató a un Policía Motorizado, que pueden mutar en mantra y abrazar el fin de los tiempos. Todos saltan, cantan, agitan, celebran el nuevo despertar de la galaxia. Pero, ¿quién está compartiendo el micrófono con Santiago “Chango” Motorizado? ¿Subió el Indio Solari? ¿Vuelven Los Redondos? No, es alguien igual de pelado que el Indio, pero que se deja tocar, y que su poesía se lee en libros: Fabián Casas. “Un día estábamos en Niceto, había sido una jornada larguísima en la que Almada (manager de El Mató) había armado la noche dorada o espacial o algo así. De movida empezamos a tomar whisky con el Chango y estábamos muy arriba. Entonces cuando hacen la lista el Chango me dice: ‘Che, mirá que en la lista te puse que cantás conmigo’”, se desayunó Casas. Entonces que sí, que no, que “yo no sé cantar”, que se apagan las luces en Niceto, Santiago busca al escritor detrás del escenario y Casas se calza la escopeta. “Yo lo que sentí fue una comunión impresionante con mi amigo. Canté con él una hermosa canción con un montón de gente”, recuerda.

Este es sólo el botón que basta para la muestra del afecto que existe entre el escritor de Boedo –que ahora vive en Montserrat en una casa grande y blanca con su mujer Guadalupe y su perra Rita–, los chicos de El Mató y de otros platenses, como 107 Faunos y Shaman. De la mano de esta amistad se desprende Rita viaja al cosmos con Mariano, el cuento infantil que escribió Casas un verano en el que su mujer viajó y él pasó mucho tiempo con su perra. Las ilustraciones son de Santiago Motorizado. “Estábamos con Rita en la terraza, yo estoy mucho con la perra porque me gustan mucho los animales, y le empecé a contar, le hablaba... ¿viste cuando le hablás a tu perro? Entonces dije: ‘Esto que le estoy contando es un relato’.” Casas se dio cuenta de la química que se desprendía de esta historia y lo relaciona con la película Los sospechosos de siempre, en donde Kaiser Soze, el personaje de Kevin Spacey, construye un relato a través de lo que veía pegado en la pared, papeles escritos y apoyavasos. “Eso hice yo, que soy un tipo que no tiene imaginación; no es que sos Tolkien, y que escribís El señor de los anillos. Siempre, cuando me imagino cómo escribo y cómo trabajo, pienso en una caja con cinco o seis cosas y las voy cambiando. Y siempre lo mismo, a eso le voy tratando de sacar agua. Reconociendo que no tengo muchos recursos, se extrema mi forma de trabajar para poder sacar algo. Y estaba escuchando mucho a Prietto, que es una banda que me encanta, y el título Prietto Viaja al Cosmos con Mariano me pareció un disparador”, cuenta.

Así escribió un cuento para el chico que supo ser, algo retro, para los que nacieron rodeando los ‘70, años más, años menos, con figuritas, pelotas plastiball, sifones de soda, y los planetas como el que aparecía en El Principito, el libro que le rompió la cabeza a Casas cuando apenas se elevaba del piso. Un personaje del cuento es Guadalupe (Casas abre el libro y señala una nena envuelta en una frazada: “¿Ves? Esta es mi mujer”), que, de tan desordenada, pierde las figuritas. “Una de las peleas de nuestra pareja es la forma en que desordena. Entonces pensé en cómo podía hacer para que ella ordenara, y también aproveché que eso les pasa mucho a los chicos”, dice. Casas cuenta que Santiago se inspiró en el mismo Mariano alias “Chino”, el baterista de Prietto Viaja al Cosmos con Mariano, pero a simple vista parece haberse dibujado a él mismo de chiquito. “Nos hicimos una amistad con los chicos de La Plata y con el Chango, muy especialmente. De hecho ahora se terminó de filmar la película Ocio (libro que incluye Veteranos del pánico) que se estrena en el Bafici, y la dirigió (Alejandro) Lingenti con Juan Villegas, el guión lo escribió Lingenti, y Mariano Llinás hizo la producción. Es un combo buenísimo, el Chango actúa, el Gato de 107 Faunos también, y algunos chicos de las bandas de La Plata. La chica de She Devils, Pilar, también actúa. Bueno, todos amigos nuestros. Y así nos fuimos haciendo amigos. Entonces es cuando en un momento yo tenía escrito ese relato que no sabía qué iba a pasar, y cuando después Lulú (Delfabro), que es la editora y amiga de mi mujer, me dijo: ‘Queremos sacarlo’. Y dije: ‘Bueno, yo quiero que lo ilustre el Chango, le voy a preguntar’. Me gustan los dibujos del Chango”, se sincera el escritor.

Casas sacó a relucir el barrio de Boedo con su poesía, y tal vez no haga falta abrir un libro para comprobar su estirpe rockera. Algunos títulos como Tuca, Pogo o El Spleen de Boedo lo dejan de manifiesto. Que Casas tenga un millón de amigos en el rock no es puro azar. De su amistad con Ariel Minimal y la composición de las letras de algunas canciones para Pez, pasa a quedar cautivado en el cosmos que construyen Prietto y Mariano. “Yo a Prietto los conocí en vivo primero, y me rompieron la cabeza. Me parece una banda performativa descomunal. Con los discos solos no podés ver lo que es Prietto, tenés que también verlos tocar, porque tienen algo de una gran libertad. Un poco de lo hermoso de los años ‘70, que tenían un crecimiento experimental y también espiritual, eso de hacer todo como una especie de escena que cuando lo estás escuchando quedás imantado.”

–¡Es el cosmos que ellos dicen!

–Bueno, sí, y un poco lo que buscaba Pink Floyd en la primera época, viajar al cosmos, cuando estaba (Syd) Barrett, la primera banda que toca en el espacio. Prietto tiene un poco de eso, porque está el espacio real, que es insondable. Pero evidentemente adentro de nuestra mente está el espacio interno, que debe ser tan infinito como el espacio externo, que es insondable también. Y en algún lugar de nuestra mente eso está conectado con el espacio exterior. El título fue un disparador para empezar. Inclusive fijate que es un relato un poco retro, porque las telenovelas que miran en el cuento son las que veía mi mamá.

Santiago Motorizado y los dibujos

“Conocí a Fabi una vez que fuimos a la Rock & Pop; tenía un pañuelo en el cuello y decía que le gustaba la banda por el nombre y unas fotos que vio. Me pareció genial eso. Al poco tiempo nos hicimos amigos, después escuchó y la música también le gustó. Más allá de que admiramos lo que hace, y a él le gusta lo que hacemos, nos queremos mucho, por todo lo demás. Al toque entramos en confianza y todo era como si nos conociéramos de siempre. Cuando me tiró la idea de ilustrar el libro me puse muy contento. Después sentí la presión de hacer algo bueno y a la altura, y que encima sea legible para niños pequeños. Me encerré en la quinta de Gato (de los Faunos), que su familia no usa en invierno, y dibujé como loco; fue bastante trabajo, pero la pasé bien. Hubo varias tardes de verano el julio pasado, me tiraba en el pasto con crayones y hojas, era todo bastante romántico, yo era como un nenito de 100 kilos dibujando feliz. Estuve trabado unos días, llegando casi al final. Entonces con mi novia Morita limpiamos la pileta, en pleno julio, un día de mucho calor, la llenamos hasta la mitad, me metí al agua, fue un triunfo invernal hermoso. Cargué energías para terminar los dibujos, aunque ahora que pienso ese verano atemporal fue medio apocalíptico, pero fue bello, muy bello. Los personajes están inspirados en sus homónimos de carne y hueso, Mariano tiene rulos y cara de bebé, como el Mariano original de los Prietto Viaja al Cosmos con Mariano. El Nenito con bombín vendría a ser Shaman, y el gatito Sisti Ripoll, Gato de los faunos: bigotes de adolescente y panza de cerveza y PC.”

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