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Viernes, 8 de noviembre de 2013

GUERRA DE ALMOHADAS LES CANTA A LOS TELOS QUE YA VAN A VENIR

Albergues transitorios futuristas

“Todas las bandas quieren que les vaya bien ya, pero es mejor volcar la ansiedad en cosas materiales”, dicen. Cosas materiales como las canciones o como el sexo.

 Por Juan Barberis

La fiesta terminó para Guerra de Almohadas. Tras irrumpir en 2010 con un disco debut que los presentaba como un comando guitarrero, nocturno y noventoso, ahora la banda que lidera el cantante y tecladista Tomás Stagnaro borra sus propias huellas y avanza en dirección contraria. Si aquella entrega inicial –cuya portada tenía a una chica vomitándolo todo– parecía una voz generacional y celebratoria, el flamante Baladas para telos del futuro, producido por Daniel Melero, guarda el aroma de reflexión post-resaca, una zambullida violenta y profunda hacia el propio agujero interior. ¿La hora de la madurez? “Nos rompió las bolas que con el primer disco se hablara de influencias noventosas, lo sentimos condenatorio”, asume el guitarrista Juan Leborans, y señala: “Si no tenés la lucidez para darte cuenta de que sos otra cosa, terminás siguiendo la línea que dicen los demás. Por suerte no tuvimos esa posición cómoda y nos rebelamos”.

La vena del cuarteto se abarrota de sangre en Fórmulas, el primer corte, el editorial de la banda, disparado con evidente intención de toma de posición. “Estoy cansado de mirarme los zapatos, no me siento parte de algo más. No me pongas títulos que no quiero llevar, no me metas en bolsas que no quiero estar”, dice la letra. “Con el primer disco sentimos que habíamos hecho algo concreto y no queríamos volver a eso”, remarca Stagnaro. “Apenas terminamos de grabar el primer disco ya nos habíamos aburrido de ese sonido, queríamos ir hacia un lugar distinto. Demostramos que no vamos a hacer siempre lo mismo”, agrega.

El proceso de búsqueda y desapego a su propio pasado duró casi tres años, y Melero se acercó a Guerra de Almohadas para profundizar el cambio de piel. “Con Daniel es un ida y vuelta. Estábamos yendo en una dirección clara y él nos empujó todavía un poco más”, indica Leborans. Las nueve canciones que conforman el disco –lanzado por RED, sello que creó Melero exclusivamente para su edición– avanzan con estructuras alteradas y difusas, cargadas de intros prolongadas, secciones instrumentales y textos íntimos, fuertemente autorreferenciales. “Quería evitar el guiño típico de las bandas independientes de ‘somos este grupo de gente, nos queremos todos, aguante el escabio’, me parece bastante aburrido”, dice Stagnaro y arriesga: “Lo que hicimos fue irnos para adentro. Al ser más íntimo, se vuelve más masivo, más universal”.

Esta vez Guerra de Almohadas golpeó primero. Ante los rótulos sufridos a partir del álbum debut, aportó una definición propia, un atajo que representa intención y destino de las nuevas canciones. Baladas para telos del futuro linkea con esa extraña intimidad y vulnerabilidad que supone un ambiente en donde uno coge escuchando gritos de ignotos que se sacuden al otro lado de la pared. “El telo es algo muy extraño, porque es un lugar en donde supuestamente uno tiene una situación íntima, pero a la vez es altamente público... Muy contradictorio”, analiza Stagnaro. “Y lo del futuro, puntualmente, tiene que ver con que si el disco no es asimilado ahora, ya habrá gente que caerá más tarde”, agrega Leborans. Y reflexiona: “La ansiedad mata a las bandas, porque todas quieren que les vaya bien ya, y es lógico; pero resulta mejor volcar la ansiedad en el trabajo o en cosas más materiales”.

Lejos de la escena local –una escena que “se celebra a sí misma”, como aseguran en Fórmulas–, los integrantes de Guerra de Almohadas cargan con la arrogancia de sentirse diferentes. Dicen no tener bandas amigas, ni compartir criterios ajenos musicales o de logística. “Nos paramos afuera de lo que está pasando, tratamos de ser genuinos. Eso acá cuesta, las bandas son bastante estratégicas y nosotros no tenemos eso”, subraya Leborans, y revela: “La gente no está acostumbrada a ver el lado frágil de un músico de rock en un escenario, y me gusta que generemos eso con este disco. Es algo que hace sentir muy bien”.

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