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Jueves, 29 de mayo de 2014

WU-TANG CLAN MONOEDITA

El rap irrepetible

Sólo habrá un ejemplar de Once Upon a Time in Shaolin: el disco doble vendrá en una caja de plata y níquel.

 Por Santiago Rial Ungaro

En algún lugar de Marrakesh, Marruecos, está escondida una lujosa caja pulida y cincelada en plata y níquel por Yahya, artista marroquí que suele realizar trabajos para familias reales y empresarios millonarios. Hace ya más de una década que se habla de que el disco como formato físico está en crisis, que los diseños gráficos tienen que ser cada vez más llamativos y suntuosos para estimular el fetichismo del coleccionista o directamente, eliminarse y lanzarse a la desmaterialización, y que la música fluya por el éter digital. Cada artista viene reaccionando de distinta manera ante esa coyuntura, pero la idea del Wu-Tang Clan demuestra estar a otro nivel.

Si los discos de la banda liderada por el prolífico y astuto Robert RZA Diggs son una demostración de la categoría artística que puede tener el hip hop musicalmente, también lo son de que la unión hace la fuerza: la calidad del grupo conformado por los primos RZA, GZA y Ol’ Dirty Bastard (fallecido en 2004), Method Man, Inspectah Deck, Masta Killa, U-God, Raekwon y Ghostface Killah siempre se basó en la suma del talento de estos nueve geniales MC, aunque en gran media sea mérito del carácter visionario de RZA, productor de muchos de los discos solistas de esta pandilla.

El disco que tienen entre manos no aparece de la nada. Vale recordar la importancia que tuvo la línea de indumentaria Wu Wear en el desarrollo de la cultura hip hop desde los ‘90. Mientras la industria experimenta nuevas estrategias para estrenar o regalar discos vía streaming o con el invento tecnológico que sea, el Wu-Tang Clan eligió hacer lo opuesto a todos, al punto de que aún no se sabe cómo terminará su riesgosa jugada. Ni siquiera queda claro si los archivos digitales (grabados en secreto durante años) ya fueron guardados en la caja de plata, pero en todo caso está clara la intención del grupo de hacer una sola copia que vendrá en esta lujosa caja cuyo destino parece apuntar al mundo del arte y sus coleccionistas. Claro es que la idea es que el disco vaya viajando por el mundo visitando museos, galerías de arte y quizá también festivales de música.

Suena fantástico, sí, pero también lo miraron extrañados los miembros del clan a RZA cuando les pidió en 1992 que confiaran en darle el control artístico y comercial del proyecto prometiéndoles que en cinco años iban a dominar el mercado a puros discazos (de hecho, salvo U-God todos los Wu editaron discos solistas). No sería la primera vez entonces que Don Robert Diggs, verdadero amante de la cultura asiática y el ajedrez, patee el tablero: “Esto es como si alguien tuviese el cetro de un rey egipcio”, comentó hace poco RZA, el mismo que viene salvando, una y otra vez, las películas de Quentin Tarantino, esos extensos videoclipas con bandas de sonido siempre increíbles.

Mientras que por un lado el grupo espera que Once Upon a Time in Shaoluin (quizás el más esperado y misterioso, seguramente el más caro) sea comprado por algún coleccionista por millones de dólares, por otro lado cuesta imaginar a los fans de una banda de hip hop pagando una entrada a un museo para calzarse unos... ¿auriculares? Incluso es posible que el que compre el disco desee escucharlo solo, ¿quién sabe? El que tiene guita hace lo que quiere. Entre tanto, en tiempos de saturación de soportes musicales convencionales, el Clan por lo menos ya generó expectativas y logró, una vez más, que su imaginario haga fantasear y flashear. “Es cierto que esto podría terminar siendo un fracaso total y resultar ridículo”, comentó a la prensa el productor Tarik “Cilvaringz” Azzougarh, aceptando que el plan es delicado. “Pero la esencia y núcleo de nuestras ideas es inspirar la creación, la originalidad y debate. Y salvar a la música de la muerte.” En todo caso, está claro que RZA y sus amigos siempre tienen un plan: el Imperio Wu-Tang contraataca.

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