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Jueves, 7 de agosto de 2014

S.I.N.T.E.C.H.O. CON DISCO

Aquí, allá y en todas partes

El quinteto “rockero, under y nómade” se airea entre tangos y folklore.

 Por Brian Majlin

La historia es conocida: un grupo de amigos (en este caso platenses) se reúnen en torno a un lenguaje común (en este caso el rock), una veintena de preguntas existenciales y las ganas de compartir bienaventuranzas y fatalidades. Del encuentro sale un código de coexistencia, una filosofía de la amistad y, como casi siempre, una banda. Y, poquísimos años más tarde, parate de por medio, S.I.N.T.E.C.H.O. se asienta en el paisaje del rock más tradicional, folklórico y tanguero, y suma kilómetros en el haber.

Son nómades y así como llevan sus distorsiones y melodías aguardentosas a todo rincón que los cobije en el vasto mapa argentino, llegan a la Ciudad de Buenos Aires a mostrar con entradas agotadas y probables fechas añadidas su primer disco, artísticamente resuelto a mano por ellos con goma eva, cartulinas y papelitos: Viejo Cancionero Nómade. Es así como Pablo Estilarte, Néstor Toscanini, Nicolás Villalonga, Lucas Maison y Francisco Iturralde se autodenominan: como unos rockeros under y nómades.

¿Por qué eligen, en medio de la transición musical que pareciera haber hacia otros géneros, hacer rock?

–Crecimos escuchándolo y es una de las pocas cosas que nos mueven el piso. Quizá suene trillado, pero consideramos que el rock va más allá de un género musical, es un estilo de vida. Hacemos lo que nos gusta, el mercado musical puede ir para donde se le cante el orto.

Hay un dejo tanguero en el lenguaje, la voz aguardentosa, las letras al estilo aguafuertes platenses: el tren, la nostalgia, el fernet, los amigos.

–El tango es nuestro rock, o mejor dicho nuestro rock es el tango; hay muchas similitudes entre ambos, escuchamos mucho tango, mucho folklore, y eso de alguna manera es influencia al componer. Cantamos lo que vivimos: historias de conocidos que creemos que no pueden pasar desapercibidas.

Dicen que “el under es muy difícil”, ¿por qué?

–Todo es dificultad: todos tenemos que parar la olla en nuestras casas y eso quita tiempo. Conseguir lugares para tocar sin que te saquen un ojo de la cara. Nadie te regala nada. El post-Cromañón tiene pros y contras: muchos lugares mejoraron y respetan los límites de capacidad, hay más conciencia, pero como contrapartida la escena se achicó y hay lugares en los que tenés que hipotecar tu casa para mostrar lo tuyo por media hora.

* Sábado 9 en Libario Bar Multiespacio, Julián Alvarez 1315. A las 23.30.

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