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Jueves, 27 de noviembre de 2014

POST CROMAñóN #8:

LUCIANO CHOQUE RAMOS

 Por Luis Paz

¿Qué recordás de los días posteriores a Cromañón?

—La desgracia, la tristeza de todos. Llamaron amigos del exterior preguntando si estábamos bien, por la magnitud y trascendencia de la noticia. Recuerdo el Año Nuevo triste, entre amigos y familia, cada uno contando su vínculo con la tragedia. No caí en la cuenta de que iba a haber semejante cambio en la escena del under, aunque tampoco llegó tan rápido.

¿Cómo afectó tu trabajo como músico underground?

—En esos años organizaba las fiestas Sursystem y tocaba con Imperio Diablo: no había fecha a la que no llegaran la municipalidad y la policía a clausurar los lugares. Con la excusa de hacer cumplir las reglas de habilitación, se aprovechó para destruir las actividades contraculturales y fortalecer el negocio de los locales grandes. Los dueños y regentes de boliches se aprovecharon de esta situación ofreciendo arreglos miserables para músicos y productores.

En la escena en que te movés, ¿también hubo consecuencias?

—La escena que transito no es ajena al rocanrol, no está tan segmentado cada circuito en el under. La segmentación es un kiosco de comercialización para grandes inversores. Las consecuencias son las mismas para todos: si no hay tongo o no hay torta, no hay boliche ni movida. Si no tenés un fangote de guita o no transás una coima, no te dejan paso. La regulación de los lugares es un aprovechamiento para el beneficio de intereses políticos y empresariales; la excusa perfecta para clausurar, prohibir, censurar y en función de eso consolidar grandes negocios.

¿Pensás más en las condiciones del lugar antes de agarrar una fecha?

—Se instaló una conciencia, pero junto al forzado y conveniente miedo a la inseguridad. He escuchado la frase “No quiero que esto sea otro Cromañón” muchísimas veces, en espacios donde no había el menor problema de seguridad. Y a la vez siguieron ocurriendo desastres en lugares “insospechados”. No por eso es innecesario atender a la seguridad, como productores de recitales y fiestas tenemos que ser conscientes de nuestra responsabilidad.

Como miembro de una banda tan numerosa, ¿qué pasó con la cantidad y calidad de lugares donde pueden tocar?

—La cantidad bajó muchísimo, la calidad subió un poco, pero la regulación de lugares y profesionalización del mundo de la música no está vinculada con Cromañón, sino a la explotación y comercialización de espectáculos. Tener lugares “pro” súper equipados y prolijos es la emulación de Hollywood: mucho efecto especial, poca apuesta por transgredir artísticamente. Se pueden seguir afrontando propuestas contrahegemónicas, autogestionadas, independientes, apostando a una cultura alternativa. Y se puede hacer con la responsabilidad de cuidar la integridad de cada uno. Se puede y es necesario. Lo importante es no perder la necesidad de transgredir culturalmente.

* Director musical de Todopoderoso Popular Marcial, multitudinaria banda con la que en el post Cromañón publicó un disco y dio alrededor de 150 conciertos.

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