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Jueves, 4 de junio de 2015

DOM LA NENA YA NO ESPERA

La chica que creció

Con Soyo y su cello, la gaúcha sale al mundo antes de que la reten.

 Por José Totah

El año pasado, cuando fue invitada al Festival del Bosque en La Plata, todos la miraron un poco intrigados: la primera imagen que da Dominique Pinto es la de una nena distraída que transporta un violoncello más grande que ella. Parece una estudiante de conservatorio llegando tarde al ensayo. O una colegiala recién escapada de la excursión. Así de frágil que parece, tiene pinta de que la van a retar.

Dom La Nena pudo haber sido concertista clásica, pero terminó componiendo canciones, que construye sobre vigas sutiles y minimalistas: toca una base con el cello, la loopea para que quede sonando; después pone a cabalgar una melodía muy suave; al final, susurra con su voz sobre toda la mezcla. Canta en varios idiomas y evoca el tránsito y el estar partiendo todo el tiempo. “Es cierto que hay melancolía en mi música, pero no es una melancolía que me pese o me duela; todo lo contrario, es como acordarse de algo lindo”, explica desde Porto Alegre.

Dom La Nena llegará la semana que viene a Buenos Aires para hacer tres conciertos, en los que va a mostrar Soyo, su segundo disco. Publicado acá por Sonoamérica y producido por Marcelo Camelo, cantante de la mítica banda Los Hermanos, fue compuesto durante tres años de giras por París, Lisboa, San Pablo, Africa y México. “En este disco hay algo más festivo, más rítmico y percusivo. Fue como ir hacia la pulsación”, concluye.

La Nena, como le dicen, nació en Porto Alegre en 1989 y a los 5 ya dominaba el piano. A los 8, su papá se trasladó a Francia a hacer un doctorado y ella se metió en un conservatorio parisino hasta los 12. Luego regresó a su ciudad natal, pero no se quedó demasiado. A los 13, convenció a sus padres de que quería venirse a Buenos Aires a estudiar violoncello con la famosa cellista Christine Walevska. Se instaló sola y hasta los 18 casi no hizo otra cosa que tocar, hasta ocho horas por día. “Fue muy abrupto, pero también fue el momento que más me hizo crecer en mi vida.” A los 18, ya estaba en Francia otra vez, pero tenía las cosas más claras. Lo que sabía era que no quería ser una concertista clásica. “Entendí que ese ambiente tan duro y riguroso no me gustaba. Y a mí me habían enseñado que la música era algo vinculado al placer”, afirma.

Su primer desprendimiento de ese mundo fue girar durante dos años con Jane Birkin, la cantante británica que fue musa de Serge Gainsbourg. Por primera vez, Dom La Nena tocó el cello sin partitura. Su primer disco, Ela, terminó siendo un experimento. “Tenía ganas de componer y me vinieron canciones, pero era todo muy inocente. Mostrar la música que hacés siempre es algo muy íntimo. Tal vez la gente no entiende que estar en un escenario es ponerse en riesgo”, confiesa.

Las canciones de ese álbum son la banda de sonido de cualquier despedida, una especie de saudade multicultural que la representa muy bien. Así lo canta en el tema Golondrina, en un español que parece entreverado con portugués, inglés o francés. “Paso por tantos lugares, que no recuerdo más a quien quiero esperando para verla volver. Pasaron tantos días que ya no cuenta más. La chica que creció un día hoy ya no espera.”

* Viernes 12 en Santos 4040, Santos Dumont 4040. A las 21. Sábado 13 en Ciudad Vieja, 71 y 17, La Plata. A las 19. Y domingo 14 en C.C. Néstor Kirchner, Bouchard 350. A las 19.

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Imagen: jeremiah
 
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