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Jueves, 10 de marzo de 2016

DIE ANTWOORD DEBUTA EN ARGENTI... ¡MOMENTO! ¿QUé ES DIE ANTWOORD?

La Teoría del Todo

El combo sudafricano es un caso inédito, tremendamente ajustado a su época: la diminuta Yolandi y el imponente Ninja encarnan un proyecto musical que excede los límites del pop. Rave rap, zef, afrikáans, porno, enfermedades y robots en adopción, todo es carne trémula de cultivo viral para esta banda indescifrable aunque encantadora, atronadora pero igualmente sexy. Unica.

 Por Yumber Vera Rojas

Ahora que se rapó las cejas, cuando Ninja cierra sus ojos y los aprieta siembra distancia e impone temor. Luego de iniciar su carrera hacia la metamorfosis del choque, el rapero sudafricano consiguió agudizar su cara de barrabrava de una manera muy perturbadora. Si bien tiene fama de perro que muerde, éste no es el caso. Es mediodía, y el sol veraniego por momentos lo encandila. Así como en sus videos, viste de forma muy holgada: shorts blancos y brillantes, similares a los de un boxeador, y remera sin mangas del mismo color. Junto a su espigada figura contrasta la de Yolandi Visser, su ex pareja y coequiper musical, quien con cada gesto, pose y cadencia de su diminuta humanidad alimenta el semblante de lolita fatal que supo cultivar. Además del cabello platinado, en este momento los aúna la atención por las explicaciones de su guía, integrante de la comitiva organizadora del Sónar, que les improvisó un tour por las instalaciones del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba), sede diurna del festival.

El paso del tándem por el edificio enclavado en el corazón del distintivo barrio de El Raval no es desapercibido. Si hasta Bernard Sumner, de New Order, como el resto de los músicos y del público que estaban en el lugar, no pudo ignorarlos. Es que tras romperla el año anterior, donde era un número ignoto e incluso exótico por ser africanos de piel blanca, el grupo regresó al Sónar catalán con la chapa de “artista revelación” y lo confirmó horas más tarde en el capítulo nocturno del evento en L’Hospitalet de Llobregat, donde se mandaron un show tan aplastante como perturbador. Ataviados con joggings naranja, de los que se fueron deshaciendo hasta prácticamente quedar en bolas, los de Ciudad del Cabo detonaron una bomba de rap ravero y visuales caníbales capaces de remover los más bajos instintos, siempre a un tris del límite. Al punto de que, una vez que te das cuenta de que caíste en su juego, te preguntás con placer culposo: “¿Qué estoy haciendo?”. Al final del trip, igual parecen adorables.

Cuatro años después de que el NO diera cuenta de la revuelta de la banda y de la experiencia que provoca su performance, Die Antwoord traerá por primera vez a Buenos Aires su sarcástico y satírico cóctel de distopía, mezcla de culturas, hedonismo y sexualidad. A pesar de que por acá pasaron en tiempos recientes otros músicos sudafricanos (como Kongos, partícipe del Lollapalooza local 2015, o el productor y DJ Felix Laband, con el que Ninja juntó fuerzas para lanzar la novela gráfica y banda sonora The Ziggurat ), Die Antwoord es el artista de la nación africana más importante o al menos el más internacional del momento. La última vez que un compatriota suyo de semejante envergadura se dio una vuelta por esta orilla del Río de la Plata fue en 1968, cuando la cantante Miriam Makeba, de la mano de su mega hit Pata Pata, actuó en el Teatro Opera poco luego de exiliarse en Guinea, a causa de su activismo contra el apartheid, del cual fue un grand ícono.

Sin embargo, los tiempos cambiaron en ese país. Los negros gobiernan y los blancos ya no tienen el control de la elite. De hecho, una gran cantidad de ellos son pobres y en muchos casos emigran ante la falta de oportunidades o a causa del racismo que no zafa (lo que quedó nuevamente en evidencia a fines de febrero en un partido de rugby de la liga universitaria). Pero Watkin Tudor Jones, el nombre detrás del álter ego samurai, decidió quedarse y hacerle frente a la calamidad. Así que tras hacer carrera en la escena hiphopera de su Johannesburgo natal, en 2002 se trasladó a Ciudad del Cabo, donde conoció a Anri du Toit, nombre de pila de Yolandi, en el ya mentado proyecto The Ziggurat. Después de un intento de resurrección infructuoso de su antigua banda, MaxNormal.TV, el rapero reinventó su beligerancia, para la que invocó el alias de Ninja, y junto a su entonces novia erigió Die Antwoord, que en afrikáans (lengua de derivada del holandés que hablaban los primeros colonos europeos que llegaron ese territorio) significa “La respuesta”.

Die Antwoord le responde al mundo guiado por su manual de estilo, por su filosofía de vida, por su oráculo: el zef, afrikáanismo que significa algo así como “común”. Aunque en realidad es usada a manera de sinónimo de “berreta”. Su origen proviene de la contracción de Ford Zephyr, que entre la década del ‘50 y la del ‘70 fue el auto rey de la clase obrera sudafricana. Si bien este estrato social disfrutaba de un estilo de vida digno, no dejaba de estar constituido por gente con un nivel educativo bajo, por lo que recibió esta denominación peyorativa de parte de la clase media y de los sudafricanos con dinero. Pero Ninja y Yolandi no sólo están orgullosos de su alcurnia, sino que redimen su condición de africanos “white trash” (apelativo que reciben en Estados Unidos los blancos a los que el sistema les dio la espalda). “No es algo de lo que estemos avergonzados. Lo hicimos nuestro estilo”, explica el rapero de 41 años, cuyo laboratorio sonoro apologiza el glamur barato, el bling bling y el tuneo. “Aunque no tengas dinero es auténtico, puede verse bien.”

Después de su confección en 2008, el grupo se encerró para diseñar su estilo, inspirado en Roger Ballen. El fotógrafo estadounidense (también director de algunos de sus videos), establecido en Sudáfrica desde hace más de 30 años, se dedicó a retratar de forma artística la subcultura zef, lo que la agrupación potenció al mezclar en su estética elementos alienígenas, insectos y enfermedades. Luego de un año de reflexión e intelectualización de su propuesta, Die Antwoord le prendió fuego a Internet tras lanzar su primer video, Enter The Ninja, que inauguró el culto en torno a la banda que completa DJ Hi Tek. “Jódanse todos los que dijeron que no lo conseguiría, que era un perdedor, los que dijeron que era un don nadie, que era un psicópata. Mírenme ahora: estoy en Internet por todo el mundo”, dice uno de los pasajes de la canción manifiesto del trío. El single se encuentra incluido en $O$ (2009), disco ideado como mixtape autogestionado de descarga gratuita en la web. Pero su éxito viral fue de tal magnitud que llamó la atención del sello Interscope, que les ofreció relanzarlo.

Cuando la multinacional estadounidense —hogar de Eminem, Lady Gaga, 50 Cent, Selena Gómez y Madonna— los arengó para que grabaran la secuela de su debut, en cuya reedición incluyeron el tema Evil Boy (producido por Diplo), la banda les presentó Ten$ion (2010). Al pedirle que hicieran algunos cambios sobre el repertorio, Die Antwoord los sacó cagando. Así que fue la última vez que la agrupación, que compone sus canciones iracundas en inglés, afrikáans y xhosa (uno de los 11 idiomas oficiales de Sudáfrica), pisó la disquera. Eso motivó a Ninja y a Yolandi, quienes son padres de una niña, Sixteen Jones (nacida en 2006, y a la que se le puede ver en el video de I Fink You Freaky), a fundar su propia empresa, Zef Recordz, a través de la cual salió a la venta su tercer elepé, Donker Mag (2014). Producido por DJ Muggs (Cypress Hill) y DJ Hi Tek, este trabajo, que contiene los dardos venenosos Pitbull Terrier y Ugly Boy, consolidó su propuesta, a la que hasta hacía poco se le había considerado un fenómeno de marketing o una broma de mal gusto.

“Lo que se dijo sobre nosotros nos dio mucha risa”, espetó Ninja, que tuvo entre los colaboradores iniciales del grupo a Leon Botha, DJ, artista gráfico y protagonista de sus primeros videos, quien murió en 2011 como consecuencia de progeria, una enfermedad rara que acelera el envejecimiento. Así que luego de que David Lynch expresara su admiración por sus videos y David Fincher estuviera a punto de contar con Yolandi para que encarnara a Lisbeth Salander en la remake de The Girl With The Dragon Tattoo, los cantantes de Die Antwoord llegaron a la pantalla grande por intermedio de su compatriota Neill Blomkamp. El director, que se dio a conocer por la cinta District 9 (2009), convocó a la dupla, que participó en el cortometraje Umshini Wam (dirigido por Harmoni Korine en 2011), para que protagonizara el largo de ciencia ficción Chappie. En el film, que aborda el tema de la inteligencia artificial y sus implicaciones, encarnan a dos delincuentes sudafricanos de un futuro próximo que adoptan a un robot como si fuera un bebé.

La terna debutará en Argentina (el único país de América latina en el que actuó hasta ahora fue en México) mientras disfruta de su salto a la masividad gracias a Chappie, estrenada en las salas locales en 2015, al tiempo que prepara su cuarto álbum de estudio, cuyo título tentativo es We Have Candy. Por lo que sólo le restaría un disco antes de bajarse del ring, si es que cumple con su advertencia. Y es que Yolandi, quien el 3/3 alcanzó los 32 años, ya planteó que no quiere seguir haciendo lo mismo cuando tenga 40. De cualquier manera, y a pesar del éxito que hoy administra, Die Antwoord sigue luchando contra esa adversidad que se tornó en su razón de ser. “En Sudáfrica siempre fuimos rechazados. Fue por eso que explotó todo”, reconoció Ninja, quien además aclaró que, como en su universo zef no hay espacio para la noción de país, viven y hacen la suya aislados de los demás. “Cuando te impiden expresarte es el momento en el que tienes más chance de que todo explote con mayor fuerza.”

* Jueves 17/3 a las 20 en La Rural, Sarmiento 2704. Y sábado 19/3 en Lollapalooza Argentina 2016, Hipódromo de San Isidro, Márquez 504. A las 22.

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