no

Jueves, 3 de noviembre de 2016

REPORTE DE LA PRODUCCIÓN ARGENTINA DE VIDEOJUEGOS

DE TODO LABERINTO SE SALE POR ARRIBA

Hay circuito, movida, eventos, gente con pila haciendo laburos súper pro, interés de marcas. Hay libremercadistas, comunitaristas e independentistas. Hay juegos zarpados como Carnival, Master of Orion, Okhlos o Doorways. Hay mucho desarrollador subcontratado, mucho artista precarizado, y hay una ley provincial que banca al palo. ¿Qué le falta para romperla?

 Por Andrés Valenzuela y Stephanie Zucarelli

Pasaron 34 años desde la primera vez que la industria nacional experimentó en el mercado de los videojuegos: Truco 1982 supo acoplarse a la Era del Arcade como una curiosidad argenta que todavía repiquetea en la memoria de quienes se encontraron con una de las primeras AI con aires tangueros. Sin embargo, el auge de las consolas hogareñas asesinó al fichín y dejó congelada toda propuesta nacional de incorporarse al maremoto de los videojuegos. La esperanza regresó tímidamente con las computadoras hogareñas, cuando el Truco se vendía en disquetes en locales de música y tugurios, con códigos fotocopiados. Tampoco prosperó. Sin embargo, hace unos años aparecieron brotes con forma de industria gamer: gente estudiando cómo hacer videojuegos para el siglo XXI, desarrollándolos y buscando a quién vendérselos. Pero todavía falta: ¿cómo puede una industria aletargada renacer y quemar las etapas necesarias para figurar en el plano internacional?

Es cierto que “emergente” se usa mucho al hablar de distintas escenas artísticas. Pero no hay mejor palabra para describir lo que pasa con el palo de los videojuegos en Argentina. Hay un circuito, una movida, bocha de gente con mucha pila haciendo cosas copadas, algunos que se desmarcan con laburos súper pro, mucha discusión, interés de marcas grandes y productores con ganas de industrialización reunidos en una cámara sectorial. O en realidad en dos grupos: ADVA, que apuesta por el modelo empresarial clásico, y Fundav, que incentiva desde la comunidad. Y, claro, también están los que prefieren que la cosa siga bien independiente.

Lo que falta es consolidación. A diferencia de las bandas, que pueden sacar un disco cada dos años o salir de gira, un estudio de videojuegos suelta un título nuevo muy cada tanto, así que para que esos proyectos se fortalezcan y se confirmen en su continuidad, todavía faltan de cinco a diez años. Por ahora hay pocas empresas “establecidas” con aspiraciones de primera línea: NGD Studios (Master of Orion), Okam (Carnival, Dog Mendonça), SaibotStudios (Doorways), CoffeePoweredMachine (Okhlos) y mil programadores de garage armando con paciencia en un rincón de la casa su próximo casual game para celulares.

Todavía falta el hitazo que los consagre en el mapamundi del pixel. “Tenemos un juego increíblemente grande como Master of Orion, realizado pensando en un juego AAA. Pero sólo se desarrolló una nueva versión. En Argentina, sí, pero bajo la marca de WarGaming, y la gente no lo llega a reconocer como producción argentina”, comenta Alejandro Iparraguirre, co-creador de Fundav (Fundación Argentina de Videojuegos). Contra su mirada, otras voces destacan la aparición de los orionitas de NGD como un hito que sienta un precedente importante para la producción local para la exportación de productos. “Aquí sí podemos hacerlo”, rezaba un slogan de otro mundillo.

Claro que ni Master of Orion ni ninguna de las múltiples conferencias de desarrolladores, eventos y academias privadas coloca automáticamente al país en la categoría de potencia videojueguil. Por ahora, sigue la ruta de la periferia industrial. En convenciones tan grandes como Game Developers Conference (GDC) la comunidad argentina es reconocida por sus servicios de “work for hire”. Es decir, la subcontratación: la manera que encuentran los estudios de gran envergadura de tercerizar el trabajo más pesado al costo más barato.

Pero lentamente la industria asoma la cabeza. Siguiendo la ruta clásica de cualquier mercado incipiente, la comunidad de emprendedores intenta insuflarle vida a una de las ramas que tiene la posibilidad de ser la más importante de las economías culturales de un país. “Hay artistas y hay vocación, profesionales excelentes de desarrollo, pero para consagrarse no hace falta solamente tener éxito con un juego o ganar plata y vivir bien. En ese sentido, Preguntados fue un éxito y el resto no. Si fuera así, no existiría una industria”, achaca Iparaguirre.

Para la mayoría de los desarrolladores, Argentina “no es un mercado”. Es un cálculo sencillo: tiene “apenas” 40 millones de habitantes. Y si un videojuego toma tres años de producción con un equipo de al menos 10 personas y se pretende ganar plata, hay que tener una buena banca para salir a producirlo y que luego sea un éxito de esos que aún no sucedieron en el país. Por eso muchos piensan directamente en América latina como el mercado al que apuntar. “A nivel regional se suele pensar en Brasil, porque son 200 millones, pero nos olvidamos que en el resto de Latinoamérica somos 400”, advierte Martina Santoro, CEO y co-fundadora de Okam Studios.

Por si esto no complicara el debate, muchos ni siquiera consideran Preguntados como un videojuego. “Es más bien una aplicación”, deslizó un desarrollador. Sin embargo, gran parte de los programadores locales apuntan al mercado móvil: es accesible, los productos se desarrollan y publican más rápido y –si funcionan– tienen un retorno más inmediato. “Pero es otro el modelo de juego, más casual, no es un contenido hardcore como Master of Orion ni de nicho como Asylum”, señala Santoro.

Pero lo importante es que la producción local existe: en la Exposición de Videojuegos Argentinos (EVA) de este viernes 4 y sábado 5/11 se expondrán alrededor de 60 videojuegos argentinos recién terminados o en etapas avanzadas de desarrollo. Y hay otros muchos ya publicados. Pero si los trabajadores existen y los medios también, ¿por qué el argentino promedio no cae en la cuenta de que puede comprar videojuegos hechos en casa? “Hace falta una concientización porque existen juegos buenos pero simplemente no son conocidos”, opina Alejandro Scrivano, co-fundador de Gamedia, agencia de marketing de entretenimiento digital y organizadora de MeetTheDevs, el punto de encuentro de desarrolladores. Scrivano también destaca el peso latinoamericano: “No es el lugar con el mayor gasto en videojuegos a nivel mundial pero retiene un 7 por ciento de ese índice, lo cual es un número gigante”.

Aunque desde hace un lustro distintos niveles estatales se interesan en el sector, recién este año una ley los contempló como productores audiovisuales. La provincia de Córdoba se puso a la vanguardia de leyes audiovisuales que consideran al sector como una entidad digna de ser subsidiada, tanto a sus empleados, sus estrategias de marketing y hasta las temidas facturas del servicio eléctrico. “Los políticos lo llevaron a cabo pero la iniciativa fue de los desarrolladores. Son los primeros pasos en una maratón muy larga que nos falta recorrer, a comparación de otros países”, clarifica el representante de Gamedia, que también participó en la Mesa Sectorial que se realizó en Buenos Aires, de conclusiones más modestas.

Mucho potencial, mucho ruido, mucho juego. También muchos niveles, muchas pantallas, mucho trabajo por delante antes de encontrar al sector local con la bandera bien alta en el campo. Queda, como en los viejos arcades, meter unas fichas y apretar Continue. Hay más vidas para seguir jugando.

Compartir: 

Twitter
 

 
NO
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.