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Jueves, 21 de septiembre de 2006

CUCHá, CUCHá

Escuchar, Scratchar,quemar

 Por Cristian Vitale

Naranjos (ídem)

Imaginen una reencarnación de Bauhaus y su mundo sin estrellas en la Argentina y ya está: da Naranjos. Grupo dark, desangrado, antifiesta y musicalmente impecable, que abruma desde la tapa. Un rostro oblicuo, que parece el de un alienado, trata de asomar entre dos hendijas, pero siempre queda en el intento. El diseño lacera tanto como las letras. “No esperes nada de esta noche / nada bueno puede suceder (...) Todo lo que soñé / hoy no es nada”, (Quietud), es una. Y otra, Hawaiano, balada triste y divina, que torna poético el lado adverso del amor. “Tu canción es mi fiebre / estoy enfermo de vos (...) Sólo me dejaste el humo / que drogó mi corazón”. Habitués infaltables de los Festivales por los internos del Borda, fueron promesa con su primer disco, y hoy son realidad. Serían competencia para Las Pelotas. Y en sus temas más “felices”, digamos, suenan como unos Redondos oscuros. No es poco. Hiperrecomendables. [email protected]

Día, tarde y noche (Topos)

“Ya no mires atrás / no hay nada atrás” (Nunca voy a cambiar). Definición paradójica, pero exacta. En parte, el Flema post Ricky Espinoza reorientó hacia un sonido más afín a la corriente mainstream del punk-rock. Antes eran los más corrosivos, los más anarquistas, los más nihilistas, los más extremos. Ahora corrieron la aguja al medio: suenan más prolijos. Un tema como Tiempo no hubiese podido existir antes. Sin embargo, el espíritu del trastornado de Gerli sobrevuela en uno que le pertenece: La leyenda maldita. O en Qué bajón, donde sus compañeros sobrevivientes parecen prometerle una rápida visita: “Tengo amigos acá y en el más allá / sé muy bien que en el infierno nos vamos a encontrar”. Señora, ahora puede dejar que su hija se case con un ex Flema... a lo sumo la van a emborrachar algún fin de semana. Sólo para punkies. www.topos-punk.com.ar

Headroom (ídem)

La paz existe 29 segundos, lo que dura el track 1. Después, olvídenla... estos pibes son durísimos y se resisten a la tendencia en baja del new metal. Riffs electrizantes, hip-hop aceroso y alguna bajada melódica, que remite a la fórmula Carajo. En Y2k, el cantante, Cristian Borek, escupe flemas del infierno... y en los demás parece vociferar desde el fondo de una caverna impenetrable. La base, potente y extrema, te deja sin gotear transpiración por una semana. Operativo destrucción de oídos, señores. A.N.I.M.A.L. dejó un hueco que ellos —tal vez— puedan ocupar. www.headroom.com.ar

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