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Domingo, 25 de enero de 2015

FAN › UN ESCRITOR ELIGE SU PELíCULA FAVORITA: MARIANO BLATT Y AIRBORNE, DE ROB BOWMAN

LOS AÑOS NOVENTA

 Por Mariano Blatt

¿Qué año era? 1993. ¿Dónde la alquilaste? En el videoclub de la calle Barzana. ¿Con quién estabas? Con un amigo de básquet. ¿Cómo la eligieron? No la elegimos nosotros. ¿Quién la eligió? El sol. ¿Eh? El sol. ¿Cómo el sol? Como un puntero láser. No entiendo. Claro, un rayo de sol entró por la vidriera y, como un puntero láser, señaló la cajita de la peli que teníamos que alquilar. ¿Siempre las elegían así? A veces, cuando estábamos inspirados. ¿Cuántos años tenían? Yo 10, él también. ¿A los 10 años ya se inspiraban? Sí. ¿Qué peli era? Airborne. ¿Cuál? Airborne. No la conozco. No, no es muy conocida. ¿Qué género es? Juvenil ¿Podrías contarla un poco? Sí, es de Mitchell, un chico que vive en Los Angeles. Le gusta surfear, andar en rollers, es muy bonito, con un pelo perfecto, tiene un perro Golden Retriever... un típico angelino de los noventa. Un día, vuelve a su casa y los papás le dicen que se ganaron una beca para irse seis meses a hacer una investigación en zoología en Australia. Mitchell se pone muy contento, dice que en Australia hay olas perfectas, que va a poder estar todo el día en la playa. Pero ellos le dicen que no, que él no va a poder ir porque seis meses son muchos y él está en plena época escolar. Así que se va a tener que ir a pasar un tiempo a la casa de unos tíos que tiene en Cincinnati. El pibe se quiere matar. Cuando llega a Cincinnati es todo lo contrario a Los Angeles: nieva como la puta madre, los pibes juegan al hockey y son reviolentos (él era repacifista, todo el tiempo escuchando a los Beach Boys y citando a Gandhi). Encima su primo es medio un nabo, un coloradito bastante freak pero a la vez encantador. Al pibe al principio en el colegio lo tratan remal, porque aparte todas las minitas se enamoran de él, y los pibes se lo quieren comer. Le hacen bromas, a él y a su primo, le mojan el papel higiénico cuando está haciendo caca, le meten arena en el casillero, le rompen la silla. Esas cosas. Para peor, medio que la hermana del pibe más rudo, el jefe de los malos, se enamora de él. Pero al final pasa que estos pibes tienen un desafío contra los de la escuela rival: es una carrera en rollers bajando una de las cuestas más peligrosas de la ciudad. Y le piden a Mitchell que corra para su equipo, y terminan ganando y ahí se amigan todos y él se abraza con el pibe rudo y en la última escena los alzan a los dos en andas y la peli se pone en cámara lenta y ellos se dan un abrazo y ahí termina. ¿Eso es todo? Sí, eso es todo, te dije que era una peli juvenil. ¿Y por qué sos fan? Porque cuando la vi la disfruté mucho, me acuerdo, fue una de esas típicas tardes idílicas de la preadolescencia, ¿viste?, cuando todo te sale bien: vas al videoclub, el sol te elige una peli, el protagonista es lindo, te gusta; tu amigo de básquet es lindo, te gusta; la ves comiendo palitos de queso y tomado Pepsi con hielo, tus papás están trabajando, no tenés nada que hacer, la avenida Olazábal, cuatro pisos más abajo, todavía está empedrada y al pasar los autos hacen un ruido lindo, y suena el teléfono, ponés “Pause” en la videocasetera; vas a atender, es tu tía, le decís que tu mamá no está; cortás, sacás el “Pause”, ajustás el tracking, esas cosas, esos recuerdos, ¿viste?, cuando termina, ponés “Rewind” y mientras la cinta hace el ruido de rebobinarse le ofrecés más Pepsi a tu amigo de básquet y comentan algo del hockey sobre hielo porque como nosotros jugábamos al básquet medio que nos gustaban todos los deportes yanquis, sabíamos bocha de la NBA, de hecho algunos de nosotros habíamos ido a Estados Unidos y habíamos ido a ver partidos de la NBA, y eso era lo máximo que te podía llegar a pasar, y cuando la cinta termina de rebobinarse ponés “Eject” y sale el casette y lo ponés en la cajita y lo dejás arriba de la mesa para no olvidarte de devolverlo y le preguntás a tu amigo si quiere jugar un rato al jueguito de hockey sobre hielo de EA Sport que tenés en la compu y te dice que sí y juegan, y vos elegís a los Cincinnati Cyclones y te imaginás que en la cancha está Mitchell viendo el partido y te das cuenta de que la vida es mitad ensoñación mitad realidad, de que poco a poco se te van mezclando las imágenes: la de la tarde alquilando la peli con las de la peli en sí, con las del jueguito que estás jugando y esto es algo que te va a pasar toda la vida, y justo suena el teléfono y vas a atender y es tu tío y le decís que tu papá no está; cortás y volvés a jugar al jueguito, esas cosas. ¿Y después qué pasó? Después pasó algo loquísimo: llegó mi papá de trabajar y me dijo “Mariano, sentate que te quiero decir algo”, y yo me senté y mi papá me dijo: “Nos vamos a vivir a Cincinnati”.

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