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Domingo, 25 de enero de 2015

EL BONAERENSE

ESPACIOS Hace menos de un año se inauguró en Mar del Plata el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, que propone convertirse tanto en un atractivo turístico como en el espacio de una poética regional. Aquí una recorrida por la muestra que puede verse actualmente, Horizontes de deseo, curada por Rodrigo Alonso, en la que participan los proyectos arquitectónicos de Amancio Williams con obras interactivas de Diana Aisenberg, además de una sala dedicada a pensar el crecimiento urbano y también el universo portuario con un diálogo entre Azul Blaseotto y Quinquela Martín.

 Por Leopoldo Estol

¿Será redundante sacar a relucir la capacidad que tiene el mar para distraer a los viajeros? Su oleaje generado por la rotación y la influencia de la Luna permite adentrarse en una variación sonora tan introspectiva como una canción de cuna. En un horizonte que atraviesa y reúne generaciones, las personas se sacan sus trajes, sus polleras y camisas para disfrutar por pocos días la influencia del sol sobre la piel. Mientras tanto, el mar distrae porque permite compartir sin horarios un horizonte amplísimo, sabiendo que si los niños están cerca se podrá hasta entrecerrar los ojos. El curador pareciera aprovechar la pausa y hacer un conmovedor despliegue de histrionismo, ¡como el vendedor de choclos! para ofrecernos un seleccionado de los más apasionados gestores del hoy, una paleta de experimentos en donde nuestro cuerpo y atención pesan una medida propia. Y, como la muestra es ante todo un espacio de libertad compartido, el juego queda librado al entusiasmo del que se anime a mover la primera ficha.

FUNDACIóN Y HECHIZO

Con su primer año recién cumplido, el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, también conocido bajo el ocurrente nombre de MAR, es visitado a diario por miles de curiosos que escriben sus deseos en papelitos cobijados por una gran pared llena de orificios, llamativa forma del buzón que incentiva una comunicación secreta a la manera de las botellas de los náufragos. En su corta historia el museo se debate entre ser sede para la curiosidad de miles de turistas y espacio de desarrollo para una poética regional. Como suculento bastión de campaña, sus paredes pueden contener un panorama por momentos tenso que va de las fotos y memorabilia del papa Francisco a las tres muestras colectivas de aires laicos que curó Rodrigo Alonso en una muy meritoria labor. Repartiendo oportunidades, haciendo una sutil tarea pedagógica demostrando que existe un camino posible donde el gran público se asoma al arte sin arruinarlo, un nutrido equipo de guardianes cuida las obras y acompaña la visita sin ser descorteses. Hay escenarios con luces intermitentes y una gran pared pizarrón en donde los mensajes escritos en tiza por los visitantes se retroalimentan. “Deseo finalizar entero el curso de guardavida”, “No tantas carpas, más playas”, “Que Macri no sea presidente” y la escritura fluye sin corset en la obra de Diana Aisenberg como un colosal cadáver exquisito. Hay cámaras que refuerzan el efecto feria de atracciones, integrando la imagen de los visitantes (por medio de un circuito cerrado) a la pintura de Mariano Molina generando confusos y jocosos desdoblamientos. Las vacaciones son un oasis en la rutina y Horizontes de deseo es una muestra trampolín, atractiva como una patineta o una montaña rusa que dispara temas sobre los cuales conversar y corre la ajetreada idiosincrasia argenta de sus karmas. Califica como plan tentador para una jornada lluviosa o para la deriva post playa: el museo cierra a las 23 y la entrada gratuita junto con su fama de playroom sin distinción de edades se presenta ante nosotros con gran hechizo.

EL ARTISTA MáS ALLá DEL LOCO

MEDIOMUNDO, DE GABRIEL BAGGIO.

En el siguiente tramo de la muestra las relaciones que antes se trazaban entre el público y el recinto como espacio de juego tienden a materializarse de una manera más perspicaz aunque menos lúdica habilitando una lectura fina que sorprende a algunos todavía sacándose arena de los pies. Cuando la gente deja de ver al artista como un personaje excéntrico que dispone de su tiempo “para hacer lo que le gusta” se robustece la figura del hacedor conectado con su época como un ciudadano emancipado.

Un buen ejemplo de aquello son las obras de Azul Blaseotto que registran su periplo como mujer en un espacio de trabajo por definición varonil, el Astillero Navales Unidos. Ubicado en Dock Sud su historia es la de muchas empresas recuperadas post 2001 que desde el 2003 se defiende como cooperativa bajo la dirección de sus trabajadores. El registro de ese espacio tan grande como para albergar barcos, grúas, y herramientas colosales se complementa con la mirada de la artista que rescata en lo micro los gestos y traduce los relatos personales, buscando siempre la pista que integre lo individual con lo colectivo. Desde una pared cercana, las pinturas de Quinquela Martín presentan otro puerto, el de La Boca. Lo interesante no es solo el periplo geográfico que marca las mudanzas en lo productivo, también la hibridez de registros con la que Blaseotto o Gabriel Baggio cuentan aquello que Quinquela consagró como icono. Gabriel Baggio, escultor y performer, centra la atención en los oficios. En este caso una vigorosa mesa hace de escenario, donde se encuentran todos los elementos necesarios para la construcción de una red de pesca y la labor manual pareciera ser una parte importante del programa. El colectivo ABTE apunta a que un mejoramiento de la red ferroviaria no es estricta tarea de políticos sino de la sociedad en su conjunto. Bajo el inteligente lema “un país sin trenes es un embole” y por medio de videos y carteleras, se ocupan de generar una historiografía veloz como los tiempos que corren y lo complementan con el idealismo festivo con el que restauran el mobiliario de estaciones centenarias, porque entienden que el tren es más que un transporte es un generador de lazos.

ARQUITECTOS CON IDEAS

Por la abundancia de edificios recientes de diseño francamente mezquino en Buenos Aires, La Plata o Rosario se vuelve doblemente valiosa la inclusión del imaginario de Amancio Williams en una muestra de características populares. Se cuestiona la ciudad cuando Rodolfo Marqués socarronamente propone erradicar la villa para generar una muralla de defensa o cuando Fabiana Barreda reconstruye los pintorescos diseños urbanos que pintara Xul Solar. Frente al material que testimonia la Casa del Puente, una de las construcciones más creativas que se hayan apoyado sobre nuestras pampas, se pone en relieve su autor, Amancio Williams, quien siempre estuvo más cerca de libros y conferencias que de la hormigonera; quizás por ello no concretó muchas otras edificaciones pero eso no quita que fue un arquitecto especialmente prolífico en el sentido de que legó un singular vector de autoría. Acuarelas, maquetas y diseños abren camino hacia una ciudad soñada. Sus proyectos conservan la chispa, así como en su obra más famosa, la casa marplatense que atraviesa el río montada sobre cimientos de un lado y del otro del arroyo, proyecta un rascacielo futurista décadas antes de que los europeos concreten algo parecido, dibuja unos estilizados parasoles de hormigón que actualmente se pueden disfrutar en la costanera de Vicente López. De hecho, se lo homenajea exhibiendo la armadura de acero que le da vigor al cemento por dentro, coloreada y suspendida con decoro en medio de una sala. Williams forma parte de un colectivo de pensadores de la urbe, signado por el diálogo con el inquieto Le Corbusier o actualizado en las andanzas de nuestros coetáneos Javier Fernández Castro o M7RED, quienes fogonean un entendimiento de la arquitectura como cobijo y, también, confían en una visión ideológica del diseño de hogares, es decir, apuestan a una arquitectura que movilice las relaciones sociales.

UN SUEÑO ES UN DESPERTAR QUE COMIENZA

LISTA DE PALABRAS, DE DIANA AISENBERG.

Bajo el halo de una inspirada cita de Freud, la muestra se afirma rumbo a sus últimas obras con un amplio flanco abierto a lo desconocido. A esta altura, el curador ya afloja las exigencias del guión y las obras parecieran flotar ligeras en un entorno, ya de por sí menos iluminado. Charly Nijensohn, radicado hace más de una década en Berlín, presenta tres proyecciones donde sus personajes se integran a una naturaleza cautivante sin hacer demasiados movimientos. Son imágenes que narran un estado de ánimo interior que se replica en un cielo cambiante, por momentos desdoblado gracias a los enormes charcos del Salar de Uyuni. Un navío despedazado es ofrecido, luego, con el carisma de una postal posmoderna. Obra de la rosarina Mariana Tellería, quizás, la más fantástica de todas, ensimismado still del naufragio, mambeado con el romanticismo de quien espera lo peor. Martín Huberman presenta una construcción sencilla que abre y cierra la muestra desde el hall central del edificio con forma de remolino, minuciosa sumatoria hecha de broches de madera que esconde un plus a quienes se acerquen a ver su interior.

MUSEO IN PROGRESS

Todos los veranos la Ruta 2 aparece invadida por pasacalles apostados en los cercos que separan el camino del campo. Sabido es que Mar del Plata es una ciudad fecunda dada su enorme cuota de migración estival: cada año los candidatos aprovechan la costa para difundir, en el mejor de los casos, sus programas. Hace por lo menos una década que un edificio de las características del MAR formaba parte de las fantasías de los marplatenses, concretar la obra edilicia cultural más importante desde la reapertura del Teatro Argentino en La Plata es un poroto que se anotan la ola naranja de Daniel Scioli y la gestión de Jorge Telerman. Ahora, que los cuatro enormes cubos de hormigón son una realidad y se vislumbran desde la costa con grandilocuencia, así como remarcamos la gran tarea curatorial que viene realizando Rodrigo Alonso, no debemos dejar de señalar que un museo sin director ni concurso de autoridades jamás podrá sostener en el tiempo la audacia de su programa ni el desarrollo de una postergada escena regional. El peronismo, colorido camaleón, coquetea con un universo simbólico prístino, terso y pregunta con cierto regocijo como la Alicia de Lewis Carroll: “¡Oh! Arte contemporáneo...¿eres tú?”.

MAR, Museo de Arte Contemporáneo de
Buenos Aires queda en Avenida Félix U.
Camet y López de Gomara y abre de 11 a 23.
Miércoles cerrado. Entrada gratuita.

CASA SOBRE EL ARROYO EN MAR DEL PLATA, DE AMANCIO WILLIAMS.

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VORTEX DE MARTIN HUBERMAN, EN EL HALL DEL MAR.
 
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