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Domingo, 25 de enero de 2015

VALE DECIR

Y AHORA, ¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

Primer acto: una niña practica tiro con su profesor y, perdiendo control del arma, le dispara; el hombre muere. Segundo acto: un nene de dos años toma la pistola del bolso de su madre en pleno supermercado y gatilla, le dispara; la mujer muere. Tercer acto: un chico de cinco juega con un calibre 22 y, confundiendo el adminículo con un chiche, apunta a su hermano de 9 meses, y dispara; el bebé muere... La trágica “obra”, que continúa agregando capítulos a cada rato y no es ninguna ficción, sino que está basada en noticias bien reales, bien podría titularse Estados Unidos, las armas y los pequeños, acaso una realidad instalada que evidencia la preocupante relación de los norteamericanos con los disparos y su perturbadora idea de seguridad. Inquietada por esta situación multiplicada y extrañada por una cultura armamentística que se traslada a los más chicos, la fotógrafa belga An-Sofie Kesteleyn viajó de Ohio a Texas, retratando a orgullosos párvulos, dueños de ligeros rifles Crickett, especialmente diseñados para jóvenes entre 5 y 12 años, en variedad de colores y de venta real. Las fotos hablan por sí mismas... “Para mí, la inocencia y el potencial de la juventud son un claro símbolo de esperanza, y una pistola, sin importar su tamaño o color, es un símbolo de muerte y destrucción, la antítesis de la esperanza”, resumió la artista sobre su serie My First Rifle, que, además, incluye notas de los miniprotagonistas contando cuáles son sus miedos más grandes. Zombis, tiburones y dinosaurios; las respuestas más frecuentes. ¿El de Kesteleyn? Niños con armas.

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