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Domingo, 26 de agosto de 2007

FAN

Un niño de 400 años

 Por Jorge Zuhair Jury

Caja negra (2000-2002) Escrita, fotografiada y dirigida por Luis Ortega (Buenos Aires, 1980). Musicalizada por Leandro Chiappe y editada por César Custodio.

Con una apuesta más poética que narrativa, la ópera prima de Luis Ortega cuenta el reencuentro entre la adolescente Dorotea (Dolores Fonzi), que divide sus días entre su trabajo para una tintorería y el afectuoso cuidado de su abuela (Eugenia Bassi, fallecida antes del estreno de la película, a los 101 años), y su padre (Eduardo Couget), que acaba de salir de la cárcel y duerme en un refugio del Ejército de Salvación. Definida por su director como "una historia acerca de esperar la muerte sin saber de qué se trata la vida y mucho menos, saber lo que es la muerte; acerca de querer entrar en el otro y no poder hacerse entender; acerca de cómo se puede trasmitir el amor sin la necesidad de usar palabras", Caja negra fue filmada en San Telmo con un equipo de producción reducido y en video digital (formato que delató su bajísima resolución a la hora de su ampliación a 35 mm. realizada para su proyección en festivales y en cines comerciales), con diversas "fuentes de inspiración libres", entre las que mencionó las primeras películas de Favio y el disco Metal Machine Music, de Lou Reed.

La crítica la recibió de manera positiva, casi unánimemente. En este diario, Luciano Monteagudo vio en ella "cierto encanto silvestre, una cierta inocencia; sensibilidad, y un interés en capturar algo tan inasible como una tácita corriente de afecto, un momento de ternura", estructurada a partir de "sistemas de opuestos": "a la antinomia entre ficción y realidad, le suma otras como juventud-vejez, o belleza-fealdad. La cámara se detiene en la tersura de la piel de Fonzi y la contrasta con los surcos de vida que atraviesan las manos y el rostro de la abuela. O contrapone la silueta de muñeca de la actriz con el cuerpo contorsionado de quien interpreta a su padre. Caja negra es un film luminoso, bañado generalmente por la cálida luz del sol".

Dos años atrás, Luis Ortega estrenó en el Bafici su segundo largometraje, Monobloc, con actuaciones de su madre, Evangelina Salazar, y de Graciela Borges, Rita Cortese y (la también guionista) Carolina Fal. Actualmente prepara con su productora Villa Vicio varios proyectos, entre ellos un largometraje titulado Río Fijman.

Del inmenso espectro de la conmoción, de las narraciones en las que se trata la dramática universal, uno está lleno de regalos del alma que le han dado los creadores de la historia del hombre. Ahora, si yo tengo que decir una narración que sea la que más me ha conmocionado el cuerpo, las células, los huesos, el alma, es un particular instante en que el protagonista de la película de Luis Ortega, Caja negra, tiene por primera vez una actitud de ternura que lo incorpora al raciocinio del sentimiento. Antes, en el film, lo vemos transitar como un ser a medias construido, no solo desde lo físico, que es evidente, sino desde lo intelectual, donde el personaje realmente pareciera vaciado de las vibraciones del sentimiento, como si fuese un desposeído de la facultad de sentir. Y hay un instante por allá, más que promediando la película, unos veinte minutos antes de que termine, en donde ese suceso maravilloso que acompaña la existencia, uno de esos sucesos sin los cuales uno no es nada, lo toca, y entonces se transforma en ser humano completo. Es cuando se peina para ir a ver a la hija. Ese instante es el más maravilloso, el que más puedo resaltar dentro de lo que me ha conmocionado a mí en el cine.

Si tuviera que compararlo con algo de lo que me sensibilizaba cuando empecé a trabajar yo mismo en el cine, lo compararía con las películas de mi hermano; puntualmente podría decir que es comparable a cuando, sobre el final de Crónica de un niño solo, el policía se lleva al niño, que se arrebuja como en una instancia fetal, como buscando refugio, entre los brazos del policía que lo va llevando, y él va diciendo "no, déjeme, déjeme".

Vi Caja negra a los tres o cuatro días de su estreno; la primera vez que vi a Luis Ortega fue en Mar del Plata. Lo vi a lo lejos, y al ver la película nunca había imaginado que era un niño quien había realizado esto. Ortega tenía 21 o 22 años cuando hizo Caja negra, pero es un film que pertenece a alguien que ha vivido 400 años, no a una persona tan, tan joven, tan todavía sin desarrollo presuntamente existencial. Sin embargo él era quien había realizado esto. No me animé a saludarlo en este momento, a decirle quién era yo y a transmitirle lo que me significaba su obra, porque tuve miedo de que el hombre, el joven, el niño este, no se pareciera a la obra. Era tan grande la sensación que tenía, que de pronto temí que no se contuviese en él lo grande que contenía el film. Pero luego, en el tiempo me lo encontré en casa de mi hermano, y pude expresarle lo que estoy diciendo ahora, en relación a toda la película. Que encontré en su película a un ser casi angélico, a alguien que se parecía a la obra.

Hermano de Leonardo Favio y coguionista de varias de sus películas (Crónica de un niño solo y El dependiente, entre otras), Jorge Zuhair Jury se encuentra actualmente terminando su sexto film como director,

El piano mudo.

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