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Domingo, 3 de junio de 2012

FAN › UN ARTISTA ELIGE SU OBRA FAVORITA: PATRICIO GIL FLOOD Y HACIA MI CUARTO INTENTO DE RECORD DE VIDA, DE EDGARDO VIGO

La vida en un matasellos

 Por Patricio Gil Flood

Yo no conocí a Vigo en persona, pero me resulta alguien muy familiar. Mi vieja lo conocía del ambiente artístico de La Plata; en cambio, mi viejo lo conocía del otro lado, de su trabajo en una oficina de Tribunales. Tengo una “obra” de Vigo que encontré en el taller de mi vieja y siempre me resultó curiosa. Es un cartoncito con un matasello que dice “Hacia mi cuarto intento de record de vida 1928/19992”. Lo tengo ahí en un estante y a veces pienso en cómo, con algo tan mínimo, Vigo nos hace ver todo un mundo, su propio mundo: una actividad constante. ¿El lapso de vida puede ser un objeto matemático? Suspenso.

(El mundo + el trabajo = el mundo = Vigo.) El trabajo de un artista pareciera resumirse en pensar sus 3 o 4 leyes principales y destilar, separando los componentes más elementales, hasta encontrar o descubrir esos lemas. Esta pequeña obra de Vigo pone en evidencia un discurso sobre sí misma, expone públicamente su intención, llegando a la parte más básica de la experiencia: estar en un lugar específico en un tiempo específico. Creo que Vigo se inventa una regla de trabajo, donde hay algo para hacer que, aunque no sea útil, habla del tiempo mismo. Un gesto sin esfuerzo, más del lado de la vida que del arte. Un goce más que un trabajo.

Pienso en ese lapso que señala Vigo en el cartón. Se me ocurre que el tiempo es un continuo monocromo donde Vigo señala una porción (como si fuera un color) y a partir de ese segmento podemos hacernos una idea de todo lo que no vivió, lo que vivió y lo que no llegó a vivir. Un simple cartoncito se transforma en un fragmento de un todo, en capas de historia, en caminos posibles, en un compendio de relaciones humanas. Esto me recuerda la percepción del tiempo en Herzog: por un lado una idea de un pasado complejo, personal, concebible pero imposible de recuperar, y por el otro la posibilidad de extender el tiempo, de ampliarlo. Lo que me emociona de este pedazo de cartón es que se puede extender mucho en el tiempo sin necesidad de ganar en el espacio.

¿Por cuánto tiempo un artista puede señalarse a sí mismo como material de su obra? Creo que cuando Vigo se presenta a sí mismo como obra aparece una crítica a la figura del artista como celebridad, como inmortal. Creo que nos avisa de que todos podemos ser artistas, ser nuestro propio material artístico. Nos habla de un territorio cercano, del arte traducido en viaje. Vigo reescribe su vida en un residuo. Hace del gesto una obra, cual Piero Manzoni o Federico Manuel Peralta Ramos: “Todo lo que escupe el artista es arte”. Pero Vigo optó por los circuitos marginales –y de no ser así tal vez mucha de su obra no se habría realizado– y con sus intercambios entre poetas, revistas y publicaciones experimentales montó una red de comunicación alternativa. A nosotros nos queda ese ejemplo de la utopía de una colaboración permanente entre artistas, como una relación de familia donde recibimos contribuciones de toda índole.

Entre lo biográfico y lo histórico, Vigo habla de permanecer y evoca, con una simple frase de un matasello, tanto la desaparición como la existencia total. “El ‘arte’ no tiene ninguna importancia: es la vida lo que cuenta”, decía Roberto Jacoby.

Yo no conocí a Vigo en persona, pero seguramente compartimos muchas veredas de las calles de La Plata. Su presencia es mítica y aún me parece que está, como un fantasma, en los sobres de correo, en los sellos, en los márgenes, y en las correspondencias entre artistas.

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