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Domingo, 10 de febrero de 2013

FAN › UN ARTISTA ELIGE SU OBRA FAVORITA: GABRIEL BAGGIO Y CONTES BARBARES, DE PAUL GAUGUIN

Lo que busca un hombre del otro lado del mundo

 Por Gabriel Baggio

Cuando notaron que tenía cierto interés en la pintura, que mi pasatiempo favorito era construir e inventar manualidades, pintar y decorar objetos e ir a la carpintería de mi abuelo para hacer mis juguetes, mis padres decidieron mandarme a un taller de arte. Allí, entre otras cosas, escuchaba historias de vida de muchos pintores.

Poco retenía, pero una de las cosas que nunca olvidaré era el dato de que Gauguin había sido corredor de Bolsa y había dejado todo, incluso a su familia, para irse a pintar a Tahití. Condicionado por el énfasis moralista del relato (sin duda aquella maestra no acordaba con la idea de aquel artista loco y abandónico), nunca comprendí qué era lo que podría esperar a un hombre del otro lado del mundo. Qué buscaría, olvidándose de todo.

Aunque sin entender, nunca dejé de pensar en mi posible viaje.

Unos años más tarde, mi madre me compró dos fascículos de pintura en el quiosco de diarios y me los regaló. Uno de Picasso y otro de Gauguin. Inmediatamente comencé a hojear el de Gauguin y, pasando las hojas, me detuve casi hipnotizado en ese rostro endiablado. Conocía algunas obras de Gauguin en reproducciones, pero nunca había visto esos ojos verdes. Sabía que era él. Que se había pintado a sí mismo. Me corrió un cosquilleo por el cuerpo. Sentí toda su excitación. Esa piel rosada, esas llamaradas en el pelo. Las chicas tahitianas, integradas a su lugar, casi sin enterarse de la presencia del pintor. Gauguin, El Extraño, conteniendo su libido, pero desbordado a través de su pie convertido en garra. Inmediatamente comprendí lo que hacía Gauguin en esas islas. Quise viajar para allá. Quise probar qué se sentía dejar correr los pulsos del deseo.

Adoro este cuadro. En medio de cualquier búsqueda en la biblioteca, me cruzo con el fascículo y voy a esa página. Me detengo. Trato de imaginar esa vida nueva. Contes barbares me obliga a pensar en mí.

Justo hoy, buscando la reproducción de la obra para escribir sobre ella, no encuentro la publicación. Sé que la ordené y la puse a salvo. Seguro me la cruzaré en breve. Iré directo a esta reproducción y me preguntaré una vez más si estoy en la isla o debería emprender un nuevo viaje.

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