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Domingo, 5 de marzo de 2006

SALí

Hoy: sabores telúricos

Pulpería de culto

Comida popular y norteña, con mozo célebre.

Por Cecilia Sosa
Sobre Avenida Las Heras, frente al parque, está Ña Serapia, un pequeño local que ofrece delicias de la comida popular y norteña sin reparar en estaciones. Sí, una auténtica y remota pulpería en el lugar más improbable donde saborear empanadas de concurso (literalmente finalistas de un torneo celebrado en Costa Salguero), los mejores locros y carbonadas, una gloria de tamales y humitas (a sólo 6 pesos), y todo el año.

El lugar es casi nada o casi todo: 35 años de pasillo angosto (para ir al baño hay que pasar por atrás del mostrador), pósters telúricos, gauchos de madera, guitarras, banderas, y no más de una docena de mesas sin espacio para la confesión.

Y la presencia suave, tímida y amable de su único mozo: Héctor Yepez, salteño, llegado de Tartagal a los 17, que 33 años después, sigue honrando con delicadeza y calidez su primer trabajo. Sólo que ahora además de mozo es socio y (gran) parte de Ña Serapia. No hay comensal que no se sorprenda ante el genial parecido con el retrato que adorna una de las paredes del lugar: anchos pómulos, labios gruesos, pelo negrísimo, y un cuchillo clavado en medio del pecho cubriendo de sangre el inmaculado traje. La foto lleva la firma del afamado Marcos López, habitué, que transformó a su mozo favorito en modelo y lo expuso (en foto) por México, Berlín, Nueva York. El original adorna el salón principal del bar Million.

A Héctor la fama le sienta bien. Sin humos. “Parece que le gustó mi cara”, dice y cuenta que todos los días recibe turistas ansiosos de comidas típicas y caras autóctonas; que mucho no los entiende pero él les da a probar un poquito de todo, que ellos se sacan fotos y parten con la panza y el corazón contentos. ¿Para tomar? Vino regional. En jarra (grande o pequeña) o en vaso y, según promociona Héctor, el mismo que toma el Dr. Romero, el apellido de la Salta feudal. ¿De postre? Imperdible quesillo de cabra con miel de caña o dulce de cayote, pastelitos y empanadillas.

Un ciclomotor se ocupa del delivery durante todo el año. Pero es casi un pecado no darse una vuelta y saludar a Héctor in situ.

Ña Serapia queda en Las Heras 3357, 4801-5307. Abre todos los días de 11 al cierre, domingos de 16 a 19 cerrado.

Parrillita argentina

Parrilla y pastas en patio con hiedra junto a la vía.

Por C. S.
Bartolomé Mitre casi esquina Medrano: El patio de Liliana, una parrilla argentina sin otro glamour que la simpleza y calidez sin oropeles. Achuras y carnes tiernas, empanadas y pastas caseras. Y todo sabe muchísimo mejor si se saborea en el hermoso patio del fondo que linda con la vía. ¡Qué lugar! Una inmensa hiedra con aires selváticos suple las nostalgias de las cenas de fin de verano. Alamos plateados, faroles amarillos, mesas de plástico o madera empotradas en el piso, jaulas con pajaritos de madera, aires de viejo club, un gauchito olvidado de algún mundial, e inquietantes insectos persiguiéndose por los canteros.

“Lo que hago es recibir en mi casa a los amigos”, dice la verdadera Liliana que hace 20 años empezó lavando los platos y hoy está el frente de la caja. Ideal para llevar al nostálgico-que-viene-de-lejos, festejar la cercanía de los que no se fueron y, en cualquier caso, celebrar los modos displicentes con los que el asador deposita las delicias autóctonas en los platos de madera.

De a ratos, el paso del tren hace temblar mesas, luces y vidas, y obliga a pedir deseos, sin dejar caer la vajilla. Por detrás del muro corre el Corredor Oeste que, cuenta Liliana, pronto se abrirá para que su patio-comedor pueda ser visitado desde las vías. Todo un logro si se piensa que el lugarcete comenzó siendo un patio de campo en el fondo de una casa antigua.

Las mollejas y vacíos a punto de El patio de Liliana tienen abonados fijos, entre ellos un puñado de artistas y folkloristas amigos que dan ciertos aires de alcurnia al ambiente sencillo. Según manda la tradición, los días de la patria se festejan con peña y folklore, “como debe ser”. El 9 de Julio y el 25 de Mayo llegarán con empanadas, pastelitos y escarapelas.

El patio de Liliana, un preferido de las tribus que mueren por lo sencillo y adoran las cenas de no más de 15-20 pesos. Eso sí: a no llegar tarde porque el mozo sólo le cantará las sobras y le negará el café.

El patio de Liliana queda en Bartolomé Mitre 3986. Abre lunes de 20 a 24, martes a sábados de 12 a 15 y de 20 a 24. Reservas al 4983-4909.

Club abierto

Negocio de familia, abierto para todos.

Por Julieta Goldman
Los abonados a los clubes de barrio en general defienden la nostálgica premisa de que todo tiempo pasado fue mejor (refiriéndose a la costumbre de tener cupos restringidos de socios siempre al límite). El Círculo Salvavidas en sus mejores épocas (década del 30), llegó a contar con 200 socios, exclusivamente hombres, de doble y hasta triple apellido y lista de espera. Fundado en 1922, supo ser el típico lugar donde se tomaba vermut, se jugaba a las cartas y se comía lo que los mismos socios preparaban. Hablar de política y de religión estaba prohibido por ingrato, cuenta Juan Carlos Magri (73 años), hijo de uno de los primeros socios. Sin embargo, Hipólito Yrigoyen, Italo Luder, Raúl Alfonsín y algún que otro solían ir a comer al Círculo Salvavidas por su fama de buen restaurante. Hay dos teorías que explican el nombre del lugar: la más hedonista es que “la mejor forma de salvar vidas es el chupi y el morfi”. La segunda, más empírica, sostiene que cuando empezaron a construir encontraron un salvavidas en medio del terreno.

En los tiempos en que el estatuto del club prohibía el acceso de mujeres, los socios iban todos los días a usar las mesas de billar y a entrenar para los campeonatos de la Confederación Argentina de Bochas. Pero desde la aprobación de la presencia femenina, los apenas 60 socios sólo se acercan dos veces por semana.

Desde hace cinco años Patricia (hija de un antiguo socio) maneja las relaciones públicas del club; su mamá, Gladis, se encarga de los platos; y sus dos hijas, de 21 y 23 años, atienden a los clientes. Al mediodía hay menú fijo: lunes pasta, martes pescado, miércoles carne, jueves pollo y viernes asado al horno. Por la noche, y sólo con reservas, los platos son más elaborados y se sirven en grandes fuentes. Todo se prepara en el momento de forma completamente casera. Al mediodía el precio es fijo: $10 con bebida incluida; y por la noche oscilan entre $9 y $12, pero siempre se puede repetir. Se recomienda ir con hambre porque los platos se caracterizan por su abundancia.

El Círculo Salvavidas queda en Cabello 3958. Abierto de lunes a viernes. Reservas al 4804 4297.

Palermo Norte

Un pedazo de Jujuy en la ciudad.

Por Laura Isola
Quien conozca Purmamarca sabrá que difícilmente ese lugar tenga algo que ver con la ciudad de Buenos Aires. No sólo lo rural versus lo urbano distancian irremediablemente a los dos puntos: la exquisita localidad jujeña respira otro aire, huele de otro modo y sus colores multiplican una paleta diferente. Lo más probable es que nada de lo de aquí se adapte al ritmo casi del Altiplano, ni que lo de allá se encuentre cómodo en esta cementera de ruidos. Pero como experimento, vale la pena probar y para eso hay que entrar a Genuino, un nuevo restaurante de Palermo. Y van...

Como dueña del lugar y cocinera, Ximena Liceaga sabe que diferenciarse en un barrio con tal sobreoferta no es nada fácil. Por eso eligió dos modos: el primero es la ambientación que trae del Valle de Purmamarca. Muebles, mesas y sillas fueron realizados por los artesanos del lugar y, como si esto fuera poco, el mismísimo arquitecto, Cartucho Antoraz, es nacido y criado en aquellas tierras; la ambientación que llevó a cabo tiene que ver con los colores de los cerros y de la Puna. Sin embargo, para verdaderamente ser genuino, la comida abreva en distintas fuentes: lo argentino y latinoamericano se combinan con los descubrimientos obtenidos en los extensos viajes de su autora por Asia, sobre todo. De este modo aparecen en la carta lomo de ciervo con salsa de casis y arándanos, la trucha en papillote, las papas andinas que acompañan los platos y el camembert grillado con las morillas rellenas de cordero ahumado, entre las opciones más que recomendables. Los postres son una carta aparte y vienen con sugerencia de vino para acompañar, por ejemplo, ganache de chocolate blanco con frutos del bosque o crema helada de papaya con licor de casis. La bodega está bien nutrida y los precios entran en rubro medio palermitano. Es decir, superará los cuarenta pesos por persona, si el vino lo decide. Pero la verdad, en este caso romper el chanchito sin culpa vale la pena.

Genuino Restaurant está en El Salvador 4872, y abre de martes a sábados de 12.30 al cierre, los domingos de 12.30 a 20 y lunes cerrado. Reservas e informes al 4832-7049.

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