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Domingo, 4 de marzo de 2012

SALí

A comer picante y especiado

Alitas, nachos y abundante ají

Casabar: picantes del Hemisferio Norte

¿Dónde va la gente cuando llueve? ¿Y dónde van los porteños cuando sí les gusta el picante? No esas salsitas tibias y cautelosas que suelen servir en los restaurantes mexi-argentinos o en los étnicos palermitanos, que culminan siendo apenas una caricia para el paladar. Nada de eso. Un picante en serio, rojo fuego, prueba de entereza y resistencia para el comensal más audaz. Un buen comienzo puede ser Casabar, un lugar donde el alto picor está garantizado por lo menos en el 50 por ciento de su carta.

Abierto hace cuatro años en ese minipolo gastronómico que se armó sobre Rodríguez Peña casi Santa Fe, es de lo más gringo que se puede conseguir en Buenos Aires. Al frente del lugar está Patrick, quien se vino de Nueva Jersey con la fórmula secreta de una salsa explosiva, pero de buen sabor, en la valija. Con este condimento baña las presas del plato insignia de la casa: las alitas de pollo picantes o hot wings, disponibles en tres tamaños: 12 piezas ($40), 18 ($60) o 24 ($70). Esta comida se hizo famosa en la ciudad de Buffalo (Nueva York), más en detalle en el Anchor Bar, a principios de los ’60.

Como no solamente es frecuentado por expatriados, Patrick regula el picante de acuerdo con el cliente. “Si viene alguien con la lengua de hierro, le vamos a dar algo tremendo”, desafía y cuenta que este año va a embotellar su fórmula y lanzarla al mercado. Por las dudas, las primeras veces conviene pedir la salsa en un bowl separado para ir mojando uno las alitas de pollo, que llegan crocantes y bien calientes a la mesa. Como complemento, vienen acompañadas de tallos de apio y zanahoria crudos y un poco de queso azul o salsa ranch, sabores todos que contrastan y realzan a la perfección el picante. Otro buen tentempié para valientes empedernidos son los nachos completos ($40), que incluyen carne molida, guacamole, salsa de queso cheddar, picante y jalapeños.

El ambiente es ruidoso y la música, muy alta, suele abarcar desde Nirvana hasta los Talking Heads. Seis o siete pantallas de TV decoran el salón y están casi siempre sintonizadas en un canal de deportes, puesto en mute. El abuso techie y las luces de neón azules de la barra tienen como contrapunto unos cuadros de tema bucólico que cuelgan de casi todas las paredes y muestran pastorcitos acarreando sus ovejas. El efecto de la superposición es atractivo. Tanto o más que el de la salsa secreta de Patrick acariciando, nunca suavemente, el paladar.

Casabar queda en Rodríguez Peña 1150, Barrio Norte. Teléfono: 4816-2712. Horario de atención: martes a sábados de 19 al cierre.


De colonias británicas

Mash: curries y especias

“Ponele picante a tu vida”, parece querer gritar a los cuatro vientos Martyn, el chef al frente de este pequeño restaurante de San Telmo que se define como una casa de curry británica. En ningún lado se ve el típico cartel de admisión, pero el inglés se apura en aclarar que si no te gustan los sabores intensos... ahí está la puerta. Y a otra cosa.

Mash abrió hace dos años y medio, pero Martyn lleva toda una vida ligado a la gastronomía. De hecho, se crió en el pub que su familia tenía en un pueblito balneario del condado de Dorset, a cuatro horas al sur de Londres. Hace doce años llegó a Buenos Aires, “cuando un peso un dólar”, para trabajar en Three Lions, un bar que supo habitar el microcentro. Luego de que aquel lugar cerrara sus puertas, y antes de Mash, Martyn tuvo su propio local de comidas diurno en Congreso.

El restaurante actual, que atiende con su pareja Gustavo, es sencillo y bastante bohemio. Paredes empapeladas en verde, una barra de madera oscura, libros, cuadros antiguos y ventiladores algo vetustos son casi todo lo que se puede nombrar en términos decorativos. De cualquier manera –¿la luz tenue ayuda?– el ambiente es cálido e invita a quedarse. Entre los clientes suele haber una mixtura de porteños y expatriados por igual. En un español enrevesado, Martyn se entretiene mostrando un libro de fotografías encantadoras de Dorset, repletas de casas victorianas, y cuenta que muchas de las salsas que usa para sus platos las trae de sus frecuentes viajes a Europa. El motivo: aquí los ingredientes no se consiguen, son distintos o son más caros. Así, ya con el arsenal de condimentos importados en la cocina, prepara los curries –de carne, pollo, cordero– y el resto de los platos, entre los que hay mexicanos (fajitas mixtas, $48) y vegetarianos (cous cous con verduras de estación, $49). Entre los curries, los más especiados son el Trinadanian beef ($53), originario de la isla de Trinidad y acompañado con salsa de maní, o el pollo Tikka Masala ($52), considerado por muchos como “el verdadero plato nacional de Gran Bretaña”, a pesar de provenir del sur de la India.

La atención “por sus dueños” es afable y relajada. Y si uno decide quedarse y ponerle un poco de picante a su vida, seguro tendrá una buena experiencia.

Mash queda en México 518, San Telmo. Teléfono: 156-829-6829. Horario de atención: martes a sábados de 19 al cierre.


Adelante los valientes

El Banco Rojo: la salsa súbita

En otras ciudades a un lugar como El Banco Rojo se lo denominaría un “hoyo en la pared”, pero acá no tenemos una palabra específica para definirlo: bolichito, tal vez, localcito de comidas, kiosquito. No importa cómo, sin dudas se usaría un diminutivo. Muchas veces estos reductos poco pretenciosos, con platos que salen rápido y cuestan poco, exhiben una visión más “desfachatada” de la gastronomía, animándose a mezclar platos callejeros de distintas culturas: un doner kebab o shawarma árabe, un sandwich de albóndigas bien americano, unos tacos tex mex, empanadas. Algo del espíritu de este tipo de lugares, muy comunes en ciudades como Nueva York o Berlín, quisieron replicar en Buenos Aires los dueños de El Banco Rojo –un argentino, un estadounidense y un neocelandés–, mismos socios que están al frente del bar La Puerta Roja, desde hace cinco años un éxito de San Telmo.

Dentro de la propuesta de El Banco Rojo el picor está muy presente. “A nosotros nos gusta mucho y también nos divierte ir haciendo escuela del picante entre los argentinos”, cuenta el nacido en Oceanía. Así, cada uno de los platos anunciados en la pizarra vienen con una versión “hot”. Y no sólo eso: apoyadas sobre unos estantes hay salsas con nombres como Sudden death (muerte súbita) o Ultra death (no hace falta traducción) sólo aptas para temerarios. O para mexicanos. Una de ellas equivale a la intensidad de ¡900! jalapeños juntos; la otra sólo puede usarse mezclando una gota –literal– en cinco litros de salsa. También hay otras más amigables, como la artesanal La boca roja, que comercializan dos músicos y mejores amigos estadounidenses –los Ya Ya Bean–, que viven en Buenos Aires. O La milagrosa, una suerte de chimichurri más intenso, pero tolerable. Todas se pueden comprar para llevar.

En cuanto a los platos, están los que deben estar –como los kebabs de cordero ($25), el riquísimo sandwich de langostinos a la plancha con cebollas y salsa barbacoa ($25) o las muy buenas empanadas de cordero ($7)– y también los especiales de la semana. Los martes salen los tacos y, para cuando empiecen a bajar las temperaturas, planean sumar curries y fideos al estilo tailandés y vietnamita. Claro está que parte del éxito de una propuesta como ésta proviene de sus muy buenos precios: nada cuesta más que $25 y, al mediodía, hay combos con gaseosa y papas por 10 pesos más.

La estrechez del local –apenas un par de banquetas en una barra además del banco rojo del nombre en la vereda– obliga a hacer una parada rápida y seguir rumbo, con picante encima, hacia otros lugares.

El Banco queda en Balcarce 914. Teléfono: 4362-3177. Horario de atención: Domingos a viernes de 12 a 24. Sábados de 17 a 24.


Fotos: Pablo Mehanna

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