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Domingo, 5 de agosto de 2012

SALí

A comer a lo de...

 Por rodolfo reich

Con 62 años de historia

Lo de Cholo, detalles de autor

Cholo era el padre de Claudio, actual dueño de esta esquina en Caballito. El local existe desde 1933. Por muchos años fue una lechería, donde La Martona vendía productos lácteos para llevar o consumir in situ. Leche suelta, quesos, yogures caseros. En 1950 Cholo compró el lugar y en 1956 lo convirtió en un bar. “Donde está el Cid Campeador estaba la playa del tranvía. Acá a la vuelta estaba La Panificación Argentina, creadora del pan lactal. Y todas las esquinas de la Av. Gaona, hasta Donato Alvarez, eran bares. Cada uno se especializaba en algo. En el de mi papá se jugaba al dominó. ¿Podés creer que no me quedó ni un juego de fichas de ese entonces?”, se queja Claudio, quien vive en Caballito desde siempre y cuenta estas historias como una manera de conservar la cultura del barrio.

Claudio se hizo cargo del lugar en 1985 y lo convirtió en restaurante. Estudió cocina con el Gato Dumas: “A Carlos lo conocí en una exposición gastronómica, y me invitó a formarme con él. El te enseñaba a crear platos propios, no a copiarte”. Lo de Cholo es un local pequeño, de 35 cubiertos, siempre lleno de habitués, vecinos y visitas de otros barrios, que llegan en tours gastronómicos. El lugar se define como una casa de pastas, a lo que suman pescados, pollos y alguna que otra carne.

Todo empieza con una entrada simple de quesos y fiambres, parte del costo del cubierto ($ 11). Los ingredientes cambian entre mortadela con pistachos, lomito ahumado, mozzarella fior di latte, tomates secos, pickle de berenjenas y panes calientes. Luego, es hora de abordar el menú. Ravioles de cordero al Malbec ($ 60), ravioles de pavita con broccoli a la crema y varios etcéteras. Cada plato cuenta con detalles especiales, que el camarero se encarga de transmitir. Por ejemplo, en los ravioles de ricota con tomates secos y almendras ($ 58), esos tomates se hidratan en té rojo, y llevan un hilo de miel que le da al plato un sabor agridulce. Los ravioles de verdura con salsa rústica ($ 60) tienen panceta desgrasada, morrón, hongos París y crema. E incluso unos clásicos sorrentinos de ricota y apio ($ 30) con tuco y pesto ($ 17) serán superiores a lo usual, repletos de sabor casero e intenso. “Es ideal que prueben la pasta como sale, sin agregar más queso, para darle una oportunidad a la salsa”, dice el camarero. Y hay que darle la razón.

Quienes prefieran podrán ir por el pollo a la provenzal ($ 60), el salmón rosado grillé encebollado ($75), los cortes de cerdo. O por las ricas tortillas y omelettes. Pero las pastas mandan. Para terminar, un flan con azafrán o la golosa tarantela con mascarpone, a $ 20.

Con cincuenta años de historia, Lo de Cholo brilla en una esquina de bajo perfil en Caballito. Pastas caseras y deliciosas, con detalles propios de su autor.

Lo de Cholo queda en Av. Gaona 1699. Sólo con reservas al 4584-7601. Horario de atención: martes a viernes, noche; sábados, mediodía y noche; domingos, mediodía.


Buenos precios para compartir

Lo de Paka, un lugar amigable

El nombre de un restaurante es más que la manera de llamarse. En ciertos casos, es una toma de posición ideológica. Así, un nombre coloquial debería tener su paralelo en un espacio amigable. Y esto se verifica en Lo de Paka. Un restaurante simple y rico, con buenos precios, atención simpática y porciones para compartir, todas características que invitan a quedarse.

Paka es el apodo del primer dueño de la parrilla con sede en Belgrano. Luego, el fondo de comercio fue comprado por Tony. Y hace nueve meses Tony se asoció con Alexis para abrir esta segunda sucursal, en el barrio de Núñez.

Alexis es cubano. Estudió gastronomía en La Habana y trabajó en hotelería, hasta que decidió probar suerte en la Argentina. “Empecé trabajando en bolichitos cubanos en Buenos Aires, después fui mozo en Lo de Paka. Y un día se dio la oportunidad de asociarme en este local”, cuenta. Y agrega: “Buscamos hacer una parrilla típica, sin grandes pretensiones en comida elaborada, pero donde lo que hacemos esté bien hecho. Un lugar ameno, simple, con muy buena calidad de carne y buena atención. Esos son nuestros tres pilares”.

Lo de Paka cumple a rajatabla con lo dicho. La carta tiene todo aquello que debe tener una parrilla de barrio, empezando por las achuras (mollejas a $ 82, chinchulines a $ 50, riñones a $ 56), siguiendo por asado de tira ($ 67), vacío ($ 68), un generoso ojo de bife ($ 77) y matambre ($ 59). También ofrecen carnes de cerdo (matambrito, solomillo, bondiola) y –sólo si se consigue a buen precio– suman cortes especiales de cordero (como el costillar a $ 144, o los chinchulines a $ 60). Además, pastas clásicas, parrillada de vegetales y algunos pescados, incluyendo salmón, trucha y atún rojo.

Los precios parecen normales pero son porciones extragrandes, diseñadas para compartir. Las camareras se encargan de avisar y recomiendan con mesura e inteligencia. Por suerte, de todas las carnes se puede pedir media porción, que se cobra aproximadamente un 60 por ciento del precio listado.

La carta de vinos es correcta, dividida por bodegas, e incluye las marcas más reconocidas del mercado. Y antes de pedir, conviene buscar las promociones a precios de oferta que suelen avisar con carteles en la puerta. En agosto, por ejemplo, el muy buen Malbec Killka, de Salentein, se ofrecía a apenas $ 52 (en lugar de los $ 85 usuales) y El Portillo a $ 42. Precios imbatibles que suman motivos para brindar.

En suma, y sin otras intenciones, Lo de Paka se muestra como un muy buen restaurante para ir de manera habitual, sea en grupos o en familia. Un bastión de la tradicional parrilla de barrio, con todo aquello que la hace tan exitosa y popular.

Lo de Paka queda en Crisólogo Larralde 1899, Núñez. Teléfono: 4704-6186. Horario de atención: martes a domingos, mediodía y noche. La sucursal original queda en Congreso 2011.


Romantic Style

Lo de Cocó, tortas para el frío

En estas épocas en que la juventud es vista como un bien en sí mismo, el discurso de Carolina, la dueña de Lo de Cocó, puede sonar a antimarketing: “Me gusta mucho atender a la gente grande, a la tercera edad. Y creo que hice este lugar pensando un poco en eso. En lo que les puede atraer a las señoras de Belgrano”. Lo cierto es que, con apenas 20 días de abierto (se inauguró el 20 de julio, para el Día del Amigo), Lo de Cocó ya es un éxito, que se traduce en mesas ocupadas cada tarde. Y no sólo por la “gente grande” mencionada, sino por un público bien heterogéneo, que tiene en común la búsqueda de ricas tortas para vencer al frío del invierno.

Con ya 23 años en la Argentina, Carolina es chilena, y nombró a esta casa de té en homenaje a su abuela, quien supo tener un local de tortas homónimo en el país trasandino. Sin experiencia en gastronomía, Carolina confió en amigos proveedores y en sus hijas, que comenzaron cursos de pastelería, para ofrecer tortas caseras, sin conservantes de ningún tipo. Para terminar la foto familiar, su hijo se encarga de la administración.

El local apunta a una idea romántica, con mesas y sillas de color blanco estricto, paredes blancas y rosadas, y flores como leit motiv dominante. “Es muy femenino, me parece que me representa, un espejo de lo que me gusta a mí. Se me ocurrió hacerlo un día en que estaba buscando un lugar para tomar el té, y me di cuenta de que, de este lado de la vía (de la estación Belgrano R), no había nada que no sea la típica cafetería industrial”, explica Carolina.

Si bien abre todo el día, el espacio se define como casa de té. Para almorzar sólo hay ciabattas (rondan los $ 30), tartas ($ 28), empanadas ($ 8) y otros platos rápidos de servir y comer. El fuerte viene por el lado de las tortas, golosas y contundentes. La más pedida es la Cocó, un marquise de chocolate con dulce de leche, frutillas fileteadas, frutos rojos y crema. También gusta la Germaine, con una base de brownie con dulce de leche y capa de ganache de chocolate con almendras. Y las bien clásicas cheesecakes, tanto de maracuyá como de frutos rojos. Pero esto es tan sólo una muestra, que sigue con crumble de manzana, bomba Óreo y sabores más originales como la Cheesecake Andrea, con pera y queso brie. Además, churros, cuadrados dulces, alfajores y cupcakes. Para beber, lo mejor viene por el lado de los blends de té en hebras importados de España, como el “verde pasión y mango”, o el “infusión amaretto”, con el típico sabor de la almendra.

La porción de torta sale $ 28, y un best seller es el té para dos, que incluye infusiones, jugo de naranja, porción de torta, cuadrado dulce a elección y tostado, a $ 85. También hay varias promociones de desayuno y merienda, rondando los $ 28.

Romántico, delicado y goloso, en menos de un mes ganó su espacio en Belgrano.

Lo de Cocó queda en Crámer 1985. Horario de atención: lunes a sábados de 8 a 20; domingos de 10 a 20.


Fotos: Pablo Mehanna

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