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Domingo, 16 de enero de 2005

VALE DECIR

Bob el Africano

La viuda de Bob Marley quiere exhumar el cadáver del cantante, que yace en Jamaica, y llevarlo –ahora sí– a una última morada en Etiopía, “su lugar de descanso espiritual”. Así están las cosas: Rita Marley, la mujer de la mayor leyenda del reggae, quiere reenterrar a su marido como parte de una celebración de un mes de duración de lo que vendría a ser el sexagésimo natalicio de Bob, en unas semanas más. Marley, que murió de cáncer en 1981 (a los 46), fue enterrado cerca de donde nació, en St Ann, Jamaica; pero Rita quiere que se lo traslade a Shashere, al sur de la capital etíope de Addis Abeba, donde mora una enorme comunidad rastafari desde que el último emperador, Haile Selassie les cedió unas tierras. Rita asegura que cuenta con el apoyo del gobierno nacional (el de Etiopía, por supuesto) y autoridades religiosas, y que no está haciendo otra cosa que llevar a cabo una misión del propio Bob. “Estamos trabajando para llevar sus restos. Toda la vida de Bob estuvo relacionada con Africa, no con Jamaica”, declaró la mujer, y agregó: “¿Cómo vas a abandonar a todo un continente por una isla? Tiene derecho a habitar el lugar donde él querría estar. Esta era su misión. Etiopía es su lugar de descanso espiritual”. Y peace, man.

Al polvo volvemos

¿Dónde están las cenizas de Luis Buñuel? Nadie lo sabe con certeza: el director de Un perro andaluz murió el 29 de julio de 1983, y no se llevaron a cabo rituales religiosos. Esto según el relato de algunas personas que asistieron a su funeral; pero qué fue lo que ocurrió a partir de ahí es algo que no está del todo claro. Tras la cremación, Jeanne Rucar, la viuda del cineasta –que lo acompañó hasta en su lecho de muerte– se negó a revelar el paradero final de los restos de su marido, y terminaría por llevarse el secreto a la tumba. Según el hijo mayor del cineasta, Juan Luis, Rucar le entregó la urna a su hermano menor Rafael, quien se la habría llevado a su casa en Los Angeles. Pero un sacerdote dominicano llamado Julián Pablo Fernández asegura que la viuda le dio las cenizas a él para que las ubicara en la barroca catedral mexicana donde suele dar misa. El religioso trabó amistad con Buñuel a principios de los ‘60, a raíz de la película Viridiana; hoy rehúsa discutir sus derechos sobre las cenizas de su amigo. Según el padre Miguel Concha, “Julián le pidió a la comunidad que le permitieran quedárselas temporalmente, hasta disponer de un lugar digno donde la gente pudiera rezarle a Buñuel. Era nuestro gran secreto: no habíamos dicho una palabra al respecto hasta ahora”. Pero para Juan Luis, el hijo del director, el propósito de los párrocos no es otro que explotar los restos del padre con una “capilla a lo Disneylandia”, y no son pocos los allegados de Buñuel que sostienen opiniones negativas sobre el párroco. Como si no fuera suficiente conventillo, por estos días –ahora que la discusión por las cenizas trascendió públicamente– acaban de sumarse las palabras de Andrea Valeria, amiga de la familia Buñuel, quien cuenta que, cuando Rucar escuchó los rumores que corrían sobre el destino de los restos de su esposo, dijo: “Julián cree que tiene las cenizas, pero no es así”. Buñuel describió en El último suspiro, su libro de memorias, el plan que había diseñado para una última broma perfecta: convocaría a sus amigos, ateos comprometidos como él, a su lecho de muerte, y haría llamar a un cura para horrorizarlos confesándose y recibiendo su extremaunción. Pero puede que el de sus cenizas –que bien pueden ser, cómo no, las que esconde el padre Julián– sea su verdadero y perfectamente buñueliano último chiste.

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