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Sábado, 24 de diciembre de 2005

VALE DECIR

La rubia quemada

Las niñas crecen y con los granitos viene otro fenómeno: odiar a Barbie. Lo revela un estudio hecho en la universidad de Baath, al sur de Inglaterra. Entre los muy jóvenes entrevistados, un número sorprendentemente alto de niñas de entre 7 y 11 años revelaron haber torturado y mutilado a la muñeca más famosa del mundo, a la que han decapitado y hasta metido en el microondas. El estudio no estaba originariamente focalizado sobre Barbie, pero a las investigadoras sorprendió el grado de irritación y violencia al que llegaban las chicas cuando se les preguntaba por la muñeca. Con ninguna otra muñeca sucedió lo mismo, ni con ningún otro juguete. Los modos de agresión hacia Barbie son “variados y creativos, con modalidades que van desde la decapitación al fuego”, explicó la profesora Agnes Nairn, directora de la investigación. Y agregó que “cuando les hemos preguntado sobre Barbie, la muñeca provocó reacciones insólitas de rechazo, odio y violencia. Y una que pensaba que las niñas amaban a su muñeca”. Nada que ver. Una hipótesis que explica estas reacciones es que Barbie representa para las niñas un icono que inspira su primera infancia: un período que se desdeña al crecer. Pero la investigación concluyó en que no hay evidencia que pruebe esto. Las investigadores sostienen que se trata más bien de una reacción a la impersonalidad que ha adquirido la muñeca, merced a la proliferación de modelos ofrecidos por la fábrica (las “Fashion Barbie”, la “Reina Isabel”, y hasta la “Geisha Barbie”), que evitaría un vínculo personal e intransferible entre la muñeca y la niña. En todo caso, nada de todo esto ocurre con los coetáneos del otro sexo: aun crecido, según la investigación, para el varón todo es afecto y nostalgia hacia su muñeco (action man), el equivalente masculino de Barbie.

El código Da Vinci

Una computadora de última generación utilizada para descifrar el gesto enigmático de La Gioconda determinó que la dama sonríe de alegría. El misterio fue develado mediante un programa desarrollado por la Universidad de Illinois para “medir y reconocer emociones”. El software, al parecer, funciona basándose en un archivo de rasgos faciales femeninos con los que se ha creado una “expresión neutral media”, un estándar para comparar con otros rasgos. De este manera se analizaron la curvatura de los labios de la dama florentina pintada por Leonardo entre 1503 y 1506, así como las arrugas alrededor de sus ojos, y se relacionaron los datos obtenidos con seis emociones básicas. Es decir, el estado emocional de la señorita en el momento en que fue retratada. Los resultados arrojan, además, algunas precisiones: al parecer, el 83 por ciento de las “emociones envueltas en su sonrisa” se debe a la felicidad; un 9 por ciento se debe a un sentimiento de disgusto; un 6 por ciento al miedo y un 2 por ciento al enojo. Esto no echa por tierra todas las interpretaciones previas, pero ofrece una alternativa bastante distinta a la propuesta hace dos años por la profesora de Harvard Margaret Livingstone, para quien la sonrisa en cuestión “es aparente” y lo que representa depende del punto de vista en que se encuentre el espectador: “Una ilusión que aparece y desaparece según la peculiar manera en que el ojo humano procesa las imágenes”.

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