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Domingo, 6 de agosto de 2006

VALE DECIR

Un ojo en la monada

Hay infinidad de películas en las que actúan monos, y haciendo de los personajes más diversos. Pero la realidad no deja de correrle la parada a la ficción: en junio, un mono abordó uno de los trenes de Nueva Delhi y asustó a los pasajeros mirándolos con el ceño fruncido durante varias paradas. Es por esto que La Delhi Metro Rail Corporation contrató, por 116 euros al mes, a un mono langur para patrullar las estaciones e intimidar a los monos que se suben a los vagones y asustan a los pasajeros. El portavoz de la empresa declaró que el nuevo empleado “comenzó a trabajar hace un mes y desde entonces no se ha registrado un solo incidente”. De todas formas, no es la primera vez que en esa ciudad se contrata a estos animales para este tipo de actividades: el Parlamento y otros edificios gubernamentales también tienen algunos como cuidadores.

Compraventa de pruebas

El granizo de la semana pasada dejó unos cuantos daños materiales (autos abollados, toldos perforados, ventanales quebrados), pero un argentino ya le encontró una vuelta impensada para convertirlo en negocio... Y sin lucrar con la desgracia ajena. Desde la semana pasada, el argentino en cuestión presenta su oferta bajo el nombre de usuario Liescorpio en MercadoLibre.com.ar, ofreciendo los rolitos online, y con un gran argumento de venta. ¿Que para qué sirven? Para presentarlos como evidencia ante las aseguradoras (que en algunos casos deberán pagar por los autos, los toldos y los ventanales). Descripción del producto: siete pedazos de hielo de unos cuatro centímetros de alto, bien conservados en un freezer hogareño. Las credenciales del vendedor son accesibles para quien le interese: reputación del 99 por ciento, con casi setecientas transacciones en su haber. Al parecer, más transparente que el agua.

Porrópera

Una Opera berlinesa alienta a su público a fumarse un porro mientras se desarrolla su última producción. El teatro en cuestión es la Neuköllner Opera House, y sus responsables insisten en su invitación a “expandir su experiencia psicodélica de la ópera La princesa oriental, de Camille Saint-Saëns”. Los actores mismos fuman sobre el escenario mientras el público se ablanda en las butacas. El director artístico Bernhard Glocksin sostiene que la “experiencia ópera” debe potenciarse con una pequeña fumata, y asegura que todos los involucrados están protegidos ante la ley por tratarse de una “licencia artística”. “Es una prueba para a ver si nos podemos salir con la nuestra”, confesó más tarde Glocksin, atento a las reglamentaciones de la capital alemana, según las cuales la posesión de hasta diez gramos de cannabis se considera “para consumo personal”, mientras que fumar en lugares públicos se toma como una infracción. Lo que no dijo Glocksin es si la obra se deja ver de principio a fin si uno la ve sin nada encima.

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