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Domingo, 16 de febrero de 2003

VALE DECIR

Vale decir

A los zapatazos
Una noticia del mundo de la moda agita los cimientos de la diplomacia internacional. O, para decirlo en términos más específicos, mueve el piso bajo los pies de la administración Bush: Vito Artioli, una importante marca de zapatos italianos confeccionados a mano, reveló esta semana que entre sus clientes se cuentan dos de los personajes más conspicuos del momento: George W. y Saddam. Y no sólo ambos usan los mismos zapatos, sino que además calzarían números muy similares. Sólo medio punto más grandes en el caso del norteamericano, aunque eso bien podría ser una mentira difundida por la CIA para desprestigiar al enemigo. El tal Vito, que maneja su empresa de manera personal, se hizo el sorprendido ante la prensa y luego ensayó un chiste, algo del estilo de “espero que ahora aprendan a dar un buen paso juntos”. Pero lo único que deja en claro todo el asunto es que ya se sabe con qué tipo de cuero se camina el fino Eje que separa al Bien del Mal. Lo único que queda por ver es quién calza a quién.

Los socios del silencio
Las organizaciones feministas del mundo todavía no se han pronunciado al respecto, pero cuando lo hagan seguro que va a haber ruido. El escándalo en potencia se originó en Rumania, cuando Nicolae Popa, presidente de una cadena de distribución de comida en la ciudad de Alba Lulia, no sólo tomó la decisión de ofrecerle dinero a su mujer para que no le hable cuando llega a su casa del trabajo, sino que además no tuvo empacho en contárselo a la prensa local, que lo hizo trascender internacionalmente. Nicolae dice que fue una suerte de “último recurso”: “Mi negocio anda bien, pero se lleva toda mi energía. Recibo infinidad de llamados de mis clientes y me paso cinco horas diarias hablando por teléfono. Así que cuando llego a casa por la noche estoy tan cansado que lo único que quiero hacer es irme a la cama. Bajo estas circunstancias hice un pacto con mi esposa: le pago 500 dólares por mes a cambio de que no me sermonee”. María, su esposa, es una programadora que se pasa la mayor parte de su tiempo frente a una computadora, y confesó estar bastante satisfecha con su nuevo contrato matrimonial, aunque admite que a veces no puede cumplir con su parte. El Sr. y la Sra. Popa llevan siete años de casados y están planeando tener unhijo, aunque ella dice que en ese caso le exigirá a su marido que le duplique el salario para mantener la paz y la tranquilidad. Y el resto es silencio.

Tendrán sus
defectos pero son mi pandilla
El sitio www.moviemistakes.com lo hace todo por amor al cine; en especial, detectar y enumerar los errores de películas grandes y chicas, buenas y malas, nuevas y viejas. Y Pandillas de Nueva York, último opus de Martin Scorsese, estrenado en cines argentinos la semana pasada y nominado al Oscar a mejor película hace unos cinco días, se ha convertido en uno de sus favoritos del momento por sumar, aparentemente, más de tres decenas de errores. Entre ellos, muchos detalles menores de continuidad (cicatrices que desaparecen de los personajes, cosas que cambian de lado y “saltos” varios) y algún que otro problema de ambientación histórica. Entre los más destacados, destacan:
* En una escena, se pueden ver bananas en el fondo: las bananas fueron introducidas en Estados Unidos, dice moviemistakes.com, 30 años después de la época en que transcurre la película.
* En otra escena se ve la bandera norteamericana con 50 estrellas, mucho antes de que hubiera 50 estados en el país.
* El carnicero, personaje que interpreta Daniel Day-Lewis, tiene un ojo de vidrio, pero por momentos lo mueve como si fuera verdadero.
Y varios etcéteras. Pero el site se ocupa de aclarar que, al lado de otros estrenos de la temporada, el de DiCaprio-Cameron Díaz-Day Lewis viene bastante liviano: Las dos torres tendría más de 200 errores de este tipo. Claro que todo depende del ojo de vidrio con que se mire.

La cena está perdida
Su nombre es Karl-Friedrich Lentze, se define como “artista conceptual” y tiene un plan para hacer vomitar al mundo: darle de comer pis y leche materna. El proyecto de Karl consiste en servir un plato de sopa enriquecida con orín humano de entrada, para luego continuar con una torta compuesta de leche extraída no de una ubre sino de un pecho también humano. La especialidad será en un principio de una sola casa, un restaurante del pueblo de Euskirchen, a cuyas autoridades municipales Karl ya habría elevado la solicitud correspondiente. Lentze dice estar convencido de que hay mucha gente que estaría dispuesta a probar sus novedosas recetas de “goulash úrico” y sus “muffins de mama”. “Planeo hacer del restaurante una especie de club de miembros registrados –se entusiasma–. Todo el que asista sabrá qué tipo de platos se le servirán.” Y la cocina, donde debe estar: al fondo a la derecha.

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