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Domingo, 8 de junio de 2014

VALE DECIR

NO INCLUYE MÁQUINA DE ESCRIBIR

Gracias al esfuerzo periodístico de la —siempre iluminada— web norteamericana Flavorwire, la fantasía de ciertos aficionados literarios puede, hoy día, hacerse realidad. Ocurre que, adentrándose en las bondades del real estate, el medio ha descubierto que una nutrida cantidad de casas vinculadas con autores legendarios está a la venta. Aunque, como era de suponer, cuestan una pequeña fortuna...

Ninguna crónica marciana: tradicional y de 1937 con tres habitaciones y tres baños, garaje, jardín de 800 m2, sótano y fachada en pituco look amarillo, 1,5 millón de dólares sale adquirir el hogar donde Ray Bradbury pasó cinco décadas en el barrio Cheviot Hills, de Los Angeles. Menos que los 3,9 millones que habrá de desembolsar quien quiera seguir los pasos de Norman Mailer y hacerse de la construcción playera de Provincetown, Massachusetts, donde el escritor boxeó, jugó al poker y, por supuesto, pergeñó grandes piezas. De estar ajustada la billetera, sin embargo, existe la opción de vivir en una de las casas góticas de fines de 1800 donde residió Ernest Hemingway de pequeño por el vuelto de 800 mil billetes. O, más económico aún, pagar los 135 mil dólares por los que se ha tasado el hogar de niñez de la poeta Elizabeth Bishop, en The Great Village, Nova Scotia.

Otras propiedades a considerar: el castillo de Drácula que habría inspirado a Bram Stoker –aunque estimado en 135 millones, no tiene baños–; o la opulenta mansión de Montecito, California, donde se filmó Scarface y donde –hete aquí el subrayado– vivió Thomas Mann, recibiendo invitados de la talla de Winston Churchill y Albert Einstein. Un sueño tropical que, además de darle techo a Tony Montana, auspicia un futuro lujoso y letrado para el próximo propietario que abone los 35 millones solicitados.

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