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Domingo, 5 de octubre de 2014

LA PARADOJA DEL OUTSIDER

 Por Juan Carlos Kreimer

¿No tenés esto? ¿No usás tal cosa? ¿No te comunicás por? Frases así suelen tirarles sus compañeritos a los chicos que se resisten a seguir las corrientes que se van imponiendo. Y ellos ni mu. O responden no me interesa entrar en ese juego, puedo vivir sin eso. No tener lo último que salió, no estar al tanto del más intrascendente detalle subido, no adherir a lo que viene como forma de pertenencia y otras tantas actitudes que parecen excluirlos les fortalece lo que creen.

Cuando crezcan, los que un día aprendieron a quedar afuera por propia voluntad, sin acoplarse a las pautas de la manada (main nothing en inglés). Ni por miedo a ser considerados diferentes por eso, son los que estarán más adentro en los escenarios futuros. Los que estarán mejor entrenados para atravesar los escurridizos paradigmas que dominen las creencias colectivas. Ninguna de éstas logrará sumarlos.

No ser de chicos el idiota útil de las nuevas tecnologías, seguidista de los innovaciones del consumo, no dejarse atrapar por el facilismo del me gusta/ya no me gusta, del comentario ocasional y del deseo de compartir entre sus 5499 amigos sus pestañas abiertas, más que desa-rrollarles espíritu de resistencia les estimula capacidad para discernir. Parar la pelota y mirar el juego ante cada tendencia que se generalice.

En la Botella de Klein, alucinante construcción topológica, el pico perfora el cuerpo del envase y lo externo introducido crea nuevas categorías –afuera del adentro, adentro del adentro, etc.– que relativizan a las demás. De modo parecido, más se salgan los chicos, más capacidad de reacción ganan para entrar en los espacios por venir sin pertenecer a ninguna categoría. O perteneciendo a una cuya característica es que sin estar afuera (del sistema, digamos) está adentro. Así se presenta el tiempo actual, o muy pronto.

¿Cuál es el mundo real que deberán atravesar muy pronto? Lo que sobreviva al vaciamiento producido por la voracidad del darwinismo social (y viral). En esas ruinas no alcanzará con ser un nuevo depredador que reproduce los modelos de ganador/perdedor (léase sometedor/sometido) heredados. No habrá nuevos simulacros para autoconvencerse de que uno se ha salvado porque está adentro. El único piso firme sobre el que podrán hacer pie será el mundo interno, el que cada uno se haya podido construir. Hasta las redes se estarán tejiendo y destejiendo a la velocidad de lo que te quieran imponer como praxis.

Los modelos existentes nunca más serán como los preexistentes. Las lógicas que les daban cierta continuidad van perdiendo la posibilidad de inferir y deducir.

En un pasado reciente las psicoterapias consideraban medio esquizo a cualquier inadaptado y su razón para tratarlo era hacerle ver las motivaciones que había en su apartarse del resto. El sujeto a cambiar era él, no lo que lo hacía dar un paso al costado. Cuando se volvió obvio que esas otras realidades (sentires, intereses, comportamientos, cosmovisiones) eran parte de una nueva normalidad, y que su trastorno no era disfuncionalidad sino niveles de percepción y búsqueda de coherencia más elevados que los medios, volvió a ocurrir lo mismo que con el pico de la Botella de Klein, que después de atravesar el cuerpo del envase y ensancharse ya deja de estar “inmerso en” y es la parte que lo contiene. Hay un link de ese tipo entre el inadaptado de hoy y lo que mañana se convertirá en las pautas que conectan, para usar la expresión de Gregory Bateson. Las relaciones entre las relaciones que crean sus propios niveles de conexión son las que usará el Sistema para autorregularse.

Desde las últimas décadas del siglo XX el Sistema viene apropiándose cada día más del “estar afuera del sistema”. A todas las que parecían alternativas al mainstream se las fue, si no devorando, haciendo cada vez más difícil. Al hacer creer que daba libertad para salirse de lo controlado por él, lo que hacía era apenas un poco de vista gorda. Hasta el dar espacio para cierta marginalia y disconformidades respondía a sus fines mercantilistas: de ahí, de esas derivas, surgían los tips de las nuevas tendencias. Que luego, por cierto, convertía en necesidades para los siempre necesitados de algo nuevo.

Una vez le escuché decir al pianista de jazz Enrique Villegas: “Siempre terminás atrapado, por eso yo pago todos los impuestos, sigo a ultranza todas las normativas. Básicamente para exacerbar su absurdo”. Al Mono eso le daba más libertad para hacer circular sus afueras por los adentros del sistema.

Al subirse, cualquier mínimo acontecimiento parece relevante, aunque no sepas a qué convoca. Ya no se trata de distinguirse uno de otro a través de su producción sino de distinguirse como una manera de decir yo estoy, sigo siendo, no te olvides de mí. De acaparar fans y me gusta. Entre tuiteos y retuiteos, el más rápido en desenfundar, el que le pone las palabras más punzantes, el más ingenioso, el más irónico, todos compiten con el tiempo real para ver quién es más interesante: si lo ocurrido o su intervención.

Por los mismos canales que corre la cultura del boludeo, esa que genera más boludeo, muchos chicos y no tan chicos, no sé si de adentro o de afuera, están metiendo contenidos imposibles de ser contenidos por los canales tradicionales. Esa misma libertad que ofrece Internet para ofrecer lo que se te ocurra se manifiesta afuera en innumerables posibilidades de expresión reales. Livings convertidos en salitas teatrales, ediciones de revistas, libros y música que saltan los circuitos de distribución habituales, películas filmadas con celulares, campañas hechas sin recursos, comercios paralelos basado en el intercambio de productos y servicios, todo puede circular por un afuera y, crisis mediante, se volverán –lo verás– el único medio (el único adentro) de hacer cualquier cosa que tengas ganas de hacer.

Algo que no suele decirse, o vincularse con estas actitudes de apartarse y elegir otras opciones, o de decirle no a lo establecido y abrirse camino por fuera, es que a medida que se las pone en práctica generan un tipo de autoestima más sabroso que el que te deja acceder a una última versión, con más apps... el primer mes gratis... no te lo pierdas...

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