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Domingo, 5 de octubre de 2014

UN PINTOR ELIGE SU OBRA FAVORITA: JOAQUIN BOZ Y SIMULACRO X, DE ALFREDO HLITO

UN PINTURA HECHA CON PÓLVORA

 Por Joaquín Boz

Alfredo Hlito no se llamaba Alfredo Hlito, era el nombre ficticio que usó mientras estuvo en la tierra. Ya lo dijo Fabio Kacero cuando describió a Christopher Klop en su colección de cuentos Salisbury: poseía capacidades físicas y mentales extraordinarias, su poderosa mente podía telepáticamente intercambiar buenos recuerdos.

Creo que esto mismo sucedía con Alfredo Hlito, un gran porcentaje de información acumulada en su memoria había sido intercambiada telepáticamente con otras personas, en general con pintores, de otros tiempos.

Al igual que Klop, y con consentimiento mutuo, cruzó recuerdos con Turner, con los cubistas, con los impresionistas, los puntillistas, con los expresionistas alemanes, con Maldonado, con su amigo Cézanne, con Malevich, con Picasso y Mondrian, Max Bill y Vantongerloo.

Hlito pintó todo. Nunca encontró afecto en lo fácil.

Imagino que, en 1975, mientras Hlito pintaba Simulacro X, acudían a su mente las imágenes de Lucio Fontana cuando, hacha en mano y con energía de un hombre medieval, vaciaba las terracotas –incisiones sin sangre, pero con el corazón–.

Hlito pintó líneas negras paralelas, horizontales, enfrentadas, abiertas.

Usó un esfumado negro para representar el aura de la cosa, que es una especie de contorno de cara, borrada o inconclusa, sin rasgos, sin sentimientos, abandonada. Pintó negros y ocres difuminándose hacia las orillas, usando el pincel más viejo que encontró, sucio, seco, despeluchado, sin médium. Las formas en primer plano parecen manos manieristas de seis dedos cada una, como si El Greco hubiese dejado en la mente de Hlito los esbozos de la mano que pintó hacia 1578-80 en El caballero de la mano en el pecho.

Cuatro rayas verticales centradas, y dentro, más esfumado de humo, tizne que aún puesto al fuego no se ha pegado en las paredes que lo contienen.

Una obra con gran control de accidentes. Una obra que tiene la capacidad, por sí misma, de inmolarse. Pero está en pausa.

Es él dentro de él, improvisando un Simulacro. Abriendo su corazón al simulacro de la figuración. ¿Nuestros gestos serán sólo Simulacros?

Simulacro X podría ser una pintura realizada en una trinchera, una pintura hecha con pólvora, mezclando tierra y pólvora con un palito encontrado, esfumando la cosa con las yemas de los dedos, sobre un pedazo de bolsa de arpillera.

Hlito pintó pulmones, bronquios y costillas.

Campos magnéticos enfrentados. Hlito es enigma.

Podemos verlo hoy, surcando la tierra de la pintura.

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