radar

Domingo, 2 de noviembre de 2014

Y LA NAVE VA

MUSICA Cuando en 2011 editaron su primer disco, Mugre, Acorazado Potemkin se ganó el título de banda promesa: era el grupo de rock que más entusiasmo causaba, que más expectativas creaba. Y ahora con Remolino, su segundo disco, confirman todo lo que se esperaba de ellos: un sonido poderoso y urbano, influencias de la música popular argentina y shows impactantes. El trío de Juan Pablo Fernández (ex cantante de Orquesta Reincidentes), Federico Ghazarossian (ex Don Cornelio y la Zona, Los Visitantes y miembro de Me Darás Mil Hijos) y Luciano Esain (ex Playmóbil, Flopa-Manza-Minimal y baterista de Motorama y Valle de Muñecas) es, desde su formación, una especie de súper grupo indie que toma lo mejor de estos últimos años y lo proyecta hacia el futuro.

 Por Sergio Marchi

A toda banda promesa le llega el momento de validación de títulos. Un grupo de rock puede ser promesa por circunstancias que escapan a su alcance; por vacío en la escena musical, por consenso periodístico, por acopio de masas o simplemente porque estuvieron en el momento justo, en el lugar exacto, y el torbellino de la historia los succionó hacia un lugar de expectativa que puede convertirse en un facilitador de cosas o en un ancla que confunde a público y artista.

Acorazado Potemkin, el trío de Juan Pablo Fernández (ex cantante de Orquesta Reincidentes), Federico Ghazarossian (ex Don Cornelio y la Zona, Los Visitantes, y miembro de Me Darás Mil Hijos) y Luciano Esain (ex Playmóbil, Flopa-Manza-Minimal, y en el presente baterista, además, de Motorama y Valle de Muñecas), recibió la etiqueta de banda promesa en el 2011, cuando editaron su primer álbum, titulado Mugre. Era un aliciente, pero faltaba ver si la etiqueta resistiría el test del segundo álbum, ese temido momento donde un grupo ya agotó los cartuchos de los tiempos formacionales en el primer disco y sólo cuenta con las fuerzas del presente. Una vez echado a la mar, ¿tendría este Acorazado Potemkin la capacidad de llegar a la otra orilla sin averías? Sobre todo cuando se despachan con un segundo disco titulado Remolino. En un barco, siempre hay “mugre”. Pero un “remolino” puede derivar en un naufragio.

Las pruebas de navegabilidad están al canto, tocantes y sonantes, en este segundo disco que confirma que el Acorazado es un navío construido con materiales nobles que puede soportar varias tormentas sin irse a pique. El lector podrá hacer su propio test, descargándose gratis los dos discos de Acorazado Potemkin en su site de Internet. Remolino muestra a una banda que pese a su relativa corta vida suena con la madurez propia de los grupos que ya surcaron los siete mares y están de vuelta en el puerto de origen. Hay una personalidad musical netamente rockera que resulta complicado definir, ya que no trasunta parecidos, aunque tal vez acuse influencias. Un ejemplo lo constituye el formidable tema que titula el álbum. “Remolino” parece Neil Young mareado en un bote que surca un desmesurado Carcarañá, río que Juan Pablo Fernández conoce bien como para que le inspire un cuento de terror: “Pablo Cocodrilo/ santo remolino/ Nadie/ Con la corriente flota un sombrero/ Ciudad de barro/ agua por cielo/ y vuelvo a bajar”. La escenografía parece haber tomado forma en su infancia. Cuenta: “Cuando era chico iba a veranear cerca de ese río que es malo, malo; uno no se puede meter porque te chupa para abajo. Entonces imaginaba a alguien que se hace río, y el agua es su cielo”. Un litoral de mal viaje lisérgico.

LA VOZ CANTANTE

Para Juan Pablo Fernández no fue del todo fácil convertirse en el guitarrista y vocalista principal de Acorazado Potemkin. “Me tuve que poner en el lugar del que lleva la voz cantante en un trío, después de haber estado en un quinteto; tuve que asumir eso y lograr que me gustase. Lo que ayudó es la confianza que hay entre los tres. Me encontré dos personas de fierro que no tienen ningún problema en ocupar un lugar muy fuerte de propuesta, de ir contra la primera idea y no quedarse con la fácil. Ellos no son músicos de acompañamiento, por eso suena a trío armadito, a banda.” La voz de Juan Pablo, uno de los elementos distintivos de Acorazado Potemkin, de movida suena tanguera, cosa que reconoce pero como herencia de algunos cantantes de rock que admira. “Si bien lo primero que escuché fueron Los Beatles, prefiero ubicarme con todo respeto en la línea que impusieron tipos como Moris o Miguel Cantilo, también Palo Pandolfo, y el Arco Iris de Gustavo Santaolalla. Hay algo en esa forma de entrarle al rock a partir de la música popular o del habla cotidiana que me gusta mucho. Quizá con el tiempo pueda contarlo mejor, pero a mí me gusta escribir como se habla.”

Remolino comienza con “A lo mejor”, un poderoso tema que suena a avalancha de piedras de montaña y que habla del destino, la suerte, y las probabilidades de un desastre inminente e inevitable. “Por todas las veces que dije: ‘Diosito, si zafo de esta...’/ A lo mejor me tiene que tocar.” “Es el momento en el que alguien decide entregarse o no escaparse más –dice Juan Pablo–. A mí me encanta lo trágico, lo inestable; me gusta la cosa tipo Matrix de congelar un momento y poder observarlo desde distintos ángulos. La poesía en sí tiene mucho de la eternidad del instante, y todo poeta busca un momento de eternidad. Hay algo de eso, de tomar otros puntos de vista sobre algo, y en esa letra de ‘A lo mejor’ está eso, de a lo mejor me tiene que tocar: basta, no corramos más.”

Otro de los acomodamientos que Juan Pablo tuvo que hacer para encontrar su justo lugar a bordo del Acorazado es el de su rol de guitarrista. “Con la guitarra siempre fui muy rítmico, un poco vago. Este modo de tocar que tengo ahora me salió naturalmente, pero tuve que asumir mi lugar de que soy el cantante y el único violero. Está buenísimo que tu rol vaya rotando, pero tenés que tener claro que tu rol no puede fallar. Yo no soy un improvisador, no sé hacer solos ni escalas, pero igual tengo que saber llevar la canción.”

Era lógico que muchos oyentes de Remolino encontrasen en el tema “Miserere” una alusión a la tragedia de Once del año 2012, pero la idea ya se había gestado en la cabeza de Fernández en múltiples viajes a bordo del Sarmiento, y no encuentra conexión con el accidente ferroviario. “Me encantan esas cosas de los compositores antiguos de ver a Plaza Once como un espacio de piedad. Rodrigo Guerra, un amigo mío, decía que Rivadavia es la herida que drena hacia el oeste; a él le gustaba ver el tren como una serpiente. Yo soy del centro, me fui a vivir a Flores, entonces para ir a laburar me tomaba el tren. Y me encanta eso de Miserere, esa cosa latente. Hay mucho de furia contenida, del tipo laburante, donde la ciudad misma está contenida en un mordisco. Preguntale a Luis Suárez, a Mike Tyson: mordisco de impotencia, es eso. Pero la fuerza está. Si la usáramos para otra cosa...”

EL QUE TOCA FUERTE

Lo primero que advirtió cuando entró a la banda fue que tocaba fuerte. El que avisa no es traidor. Pero esa fuerza, bien aplicada, se transforma en un activo invalorable para Acorazado Potemkin. Luciano “Lulo” Esain se conoció con Juan Pablo en el jardín de infantes... de sus hijos. La directora del establecimiento sabía que existían algunos padres que eran músicos y se le ocurrió reunirlos en torno de una actividad para los niños, desconociendo que estaba vinculando a dos personas que después decidirían trabajar juntos. Podría decirse que allí se encuentra la piedra fundacional de Acorazado Potemkin.

Lulo proviene de una familia absolutamente musical. Además de su hermano, Mariano Esain, conocido como “Manza”, líder de Valle de Muñecas y productor de varias bandas, también completan la formación musical de la familia su otro hermano, Patricio, y su padre, Ricardo Esain, baterista de la Delta Jazz Band. “Yo siempre quise tocar la batería; imaginate que de ir a ver tocar a mi viejo desde que era chiquito me daban ganas. Pero la batería no se podía armar en casa, y además era suya. El iba dejando platos, tachos y algún fierrito en el camino, entonces a los quince armé una pequeña banda con mi hermano más chico, Patricio, y algunos primos. Arranqué con un tachito y un platillo, tocaba parado, me gustaban los Stray Cats. Tenía dieciséis años.”

Al ser un trío, para no perder consistencia sonora, los integrantes de Acorazado Potemkin deben diversificarse. Además de ser el baterista y el único que tiene la llave de la sala de ensayo, Lulo hace coros; su voz en el disco recuerda los que hacían George Harrison y John Lennon en “Helter Skelter”, quizás el tema más potente de los de Liverpool. “Mi primera escuela de coros fueron Los Beatles, pero cuando los escuchaba lo que quería aprender no era la voz principal, sino lo que estaba detrás. A mí, por default, lo primero que me sale es hacer la tercera de la voz principal; me gusta ese lugar de ayudar a que el momento levante, y que se haga un lindo arreglo de voces.”

Como veterano de la escena indie local, Esain es optimista con el momento actual de la música y el medio ambiente en el que debe germinar la semilla del Acorazado Potemkin. “A mí me parece un momento excelente; ya hacer tus temas, un disco, tocar en vivo y que los lugares se llenen es un éxito total. Hay una respuesta muy cariñosa de parte de la gente, de la prensa también, nos sentimos un poco mimados. Desde que comenzamos a tocar sentimos un apoyo re lindo, estamos felices con lo que le pasa a la banda. Se agregan shows, te invitan a tocar, y gente que quiere que vayas a tocar a su ciudad, y lugares que te quieren tener. Creo que es un momento ideal; hay un montón de grupos, se armó un nuevo circuito. Bandas nuevas siempre hubo, y si vos agarrás una banda sola y la metés en un lugar, cuesta que se llene. Pero hay una movida de gente que va a seguir a cierto tipo de bandas o festivales que se establecieron, como el Festipulenta, Music is my girlfriend, el Festipez. Y a mí me parece fantástico, mucho más auspicioso que otros momentos. Ahora, además de las bandas y de las propuestas, hay un grupo de gente que se copa y sigue a las bandas a los lugares.”

EL REGRESO DEL BAJISTA

Federico es el que tiene más camino recorrido dentro de Acorazado Potemkin. Formó parte de los legendarios Don Cornelio y la Zona, de Los Visitantes, natural continuación del grupo anterior, y después se sumó a Me Darás Mil Hijos y se dedicó al contrabajo, que lo llevó por los caminos del tango también. Ya había abandonado los encantos de la electricidad porque “el contrabajo tiene una calidad de graves increíbles y además te da la posibilidad de usar el arco”. Pero cuando se encontró a trabajar con Juan Pablo Fernández, un día tuvo que llevar el bajo, y renació el amor por su instrumento original y también por la música que había dejado de lado. “Acorazado Potemkin me hizo volver al rock. Lo del contrabajo fue algo que se me planteó en la vida en un momento dado, pero si no veía lo que me pasaba con el bajo, estaba ciego.”

Durante la inevitable lista que toda banda hace a la hora de ponerle un nombre a su proyecto no hubo que explicarle a Federico las implicancias de nombrar a la banda como Acorazado Potemkin. “Aunque a mí me costaba porque un acorazado es una nave de guerra, pero no por el lado de la película, que me cerraba ciento por ciento, porque sabía de qué se trataba; en los ’80 yo era fanático de esa clase de cine: Tarkovski, Bergman. Y entre el cine Cosmos y la sala Leopoldo Lugones me vi todas esas películas.”

Una de las cosas que sedujeron a Federico para abordar el Acorazado Potemkin y volver al rock era la posibilidad de libertad. “Me gusta la libertad que la banda tiene, los tres discutimos mucho todo, y después esa vuelta se nota en la música. Cuando salió el nombre dije: ‘El sueño continúa’. Que era el sueño que tenías en los ’80 de hacer lo que vos querías, sin que nadie venga a pedirte que toques tal cosa. Por la carrera que llevo hace treinta años, me he topado con diferentes tipos de productores y he escuchado todas las boludeces que dicen, y al final te coartan más el espíritu cuando deberían liberarte. Y nosotros trabajamos con dos productores: con Gustavo Saint Martin en Mugre y con Manza (Luciano Esain) en Remolino, pero con ellos lo que hicimos fue trabajar más en la construcción del sonido que en los arreglos.”

Dentro de los mayores aciertos de Acorazado Potemkin, Federico Ghazarossian se refiere al sonido que “en el disco es el mismo que tenemos en la sala y el mismo que tenemos en vivo. En los ’80 o en los ’90 se metían los productores y te ponían metrónomo: nosotros no lo usamos. Ese tipo de producción hacía que la banda en un disco sonara de determinada manera y que en vivo lo hiciera de otra. Uno de los mayores esfuerzos para nosotros es lograr en el disco lo que nos pasa en vivo. Y te digo que después de tantos años de tocar recién lo estoy logrando ahora. Yo antes perseguía al tempo y ahora siento que lo puedo dominar. Estamos aprovechando un momento de nuestras vidas y estamos jugando con todo esto que nos da una felicidad increíble”.

Compartir: 

Twitter
 

Imagen: Nora Lezano
 
RADAR
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2020 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.