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Domingo, 19 de julio de 2015

PERSONAJES 2 AILíN SALAS

TU TIEMPO ES HOY

Desde que empezó su carrera en XXY, de Lucía Puenzo, Ailín Salas les dio su talento y su inusual belleza a películas como La araña vampiro o Dromómanos. Ahora mismo protagoniza La vida de alguien, de Ezequiel Acuña, y estrenará Lulú, de Luis Ortega, y Mariposa, de Marco Berger, además de la segunda temporada de Presentes, por Encuentro. A los 22 años, tímida e inquietante, es la joven musa del más nuevo cine argentino.

 Por Walter Lezcano

Ailín Salas acaba de cumplir 22 años y sonríe con ingenuidad, como si desconociera completamente su belleza o no le importara en absoluto. Detrás de su mirada, sin embargo, se intuye cierta intensidad, y algo que no se termina de resolver. Puede ser fastidio o desconsuelo o simple fuego interior, pero que no genera comodidad. Y es esa misma expresión, entre misteriosa y cautivante, la que se viene destacando el último tiempo en películas que retratan pequeños universos y ponen en escena a personajes con mundos interiores complejos, difíciles, en problemas. Cada uno de esos trabajos, como en El niño pez o La sangre brota o Abrir puertas y ventanas, por nombrar apenas unos pocos, fue para ella una manera de acercarse a realidades desconocidas. Dice Ailín: “Me interesa la actuación cuando un proyecto me hace crecer como persona, cuando uno puede trabajar consigo mismo internamente. Yo al menos siento que crecí en un montón de aspectos con todos los trabajos en los que estuve. Siento también que los proyectos siempre me llegaron en un momento específico de la vida. Es que son muy intensos los rodajes. Inevitablemente uno aprende. Es como una especie de escuela de vida. El contacto con otras personas en el cine es súper interesante. Pasa que a mí, a veces, me cuesta relacionarme. Soy un poco introvertida, tímida”.

El 2015 de esta actriz viene cargado. Tiene una película estrenada que se perfila como uno de las mejores de año, La vida de alguien, de Ezequiel Acuña, estrenará dos más: Lulú, de Luis Ortega, y Mariposa, de Marco Berger, más un programa de televisión que va por su segunda temporada en canal Encuentro, Presentes, y está por llevar adelante su debut en teatro, con una obra que posiblemente se llame Ranas y trata sobre “las relaciones humanas”. Pero este presente plagado de trabajo tiene su historia: “Empecé con la actuación porque mi abuela es actriz y con ella iba mucho al teatro. Entonces yo sabía que quería hacer algo artístico. No sabía bien qué, en algún momento tuve la fantasía de ser bailarina. Mis otras opciones recurrentes eran cantar o actuar. En ese momento, mi papá, mi tío y mi abuela iban a castings de publicidad. Yo lo acompañaba, y de casualidad un día hice un casting y quedé para una publicidad. Tenía 12 años y me divertía. Después tomé una conciencia más grande acerca de si era lo que realmente quería hacer por el resto de mi vida”.

A los 13 años participó en su primera película, XXY, de Lucía Puenzo, descubrió los sets de filmación y desde ahí no paró de trabajar en cine. Alternaba la secundaria con la actuación. Con el tiempo, Ailín Salas fue participando, con pequeños o grandes papeles pero siempre como una figurita relevante, en una gran cantidad de proyectos atractivos y personales (La araña vampiro, Dromómanos y Algunas chicas, entre otros), por lo que fue construyendo un camino propio dentro del cine nacional: “Actuar en esta clase de películas es algo que se fue dando. Igual, yo elijo, por supuesto. De todas formas, no me llaman de películas enormes tampoco, para ese tipo de cine no me convocan. Al menos hasta ahora. En base a lo que me van mandando voy decidiendo. En general hay un cariño especial que tengo por los directores. Y eso para mí suma mucho. Me gusta que más allá de un trabajo sea una experiencia grupal con el director y el equipo, y eso suma a que sea mejor todo”.

Y eso fue un poco lo que pasó con Ezequiel Acuña, a quién ella conoce desde los 15 años, cuando él la dirigió en un videoclip de Fidel Nadal. Acuña la convocó para el papel de Luciana en La vida de alguien, donde actúa junto a Santiago Pedrero. Una película que todavía sigue en cartel y trata sobre una banda de rock que intenta volver al ruedo para reflotar viejas canciones pero lo que emerge finalmente son las viejas heridas de siempre: “Nos juntamos mucho tiempo antes de filmar. Ensayamos bastante, sobre todo las canciones. Iba decantando el personaje, que tiene que ver conmigo. El trabajo de Ezequiel es espontáneo, no busca una suerte de composición del personaje. La parte musical fue la que más tiempo nos llevó y la confianza entre nosotros y generar una relación. Me parece que es una película muy sensible y muy sincera sobre lo que Ezequiel piensa de la vida. Superó mis expectativas. No trata de mostrar nada que no tenga que ver con él, es muy personal y me encanta. Ezequiel siempre se maneja con el mismo universo. Y eso lo hace diferente al resto de los directores, por eso lo admiro mucho. Se la juega con lo que piensa. No le interesa lo que la gente quiere ver”.

A pesar de todo su trabajo en cine, televisión y, próximamente, teatro, Ailín Salas reconoce su timidez, a la que recién en este último tiempo estuvo aprendiendo a manejar. De todas maneras, esa parte de su personalidad se lleva muy bien con la otra: la de la exposición: “Pueden convivir en mí la actuación y la timidez. A la hora de actuar lo disfruto, entonces la timidez no juega en eso. La actuación para mí es algo familiar, no es forzado, me surge y es un espacio de libertad. Forzado sería ir a hablar a algún lugar y dar mi punto de vista sobre algo. Me gusta exponerme pero en ciertos momentos: actuando, por ejemplo. De otras maneras soy más cerrada. Quizás un personaje me da la posibilidad de hacer algo que en la realidad no haría. En ese contexto y con un director que me haga sentir cómoda, siento que puedo hacer o decir cosas que no haría en la vida. Siento esa libertad cuando actúo. Pero la actuación no es un lugar seguro, yo dudo todo el tiempo. No es que me siento cómoda siempre. Me parece que es sano igual eso. Tiene que ver con una libertad que me doy ahí y no me la doy en otras situaciones”.

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Imagen: Catalina Bartolome
 
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