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Domingo, 18 de octubre de 2015

PERSONAJES > UN IRRECONOCIBLE JOHNNY DEPP COMO EL MAFIOSO IRLANDéS “WHITEY” BULGER EN PACTO CRIMINAL

LA MÁSCARA PÁLIDA

 Por Mariano Kairuz

Los periodistas americanos dicen que es "su regreso". Que "se compenetra con su personaje" hasta perderse en él. Que va directo al Oscar.

Eso algunos, al menos. Al mismo tiempo, otros se preguntan qué hace Johnny Depp con una semi-calva prostética, el cabello teñido de un rubio casi platinado, la tez empalidecida y los ojos vueltos de un celeste transparente mediante unas inverosímiles lentes del contacto. Si no había ningún otro actor en Hollywood, acaso un irlandés de verdad, para interpretar al legendario James "Whitey" Bulger en esta película sobre el tipo que fue durante casi dos décadas el jefe de la mafia de Boston.

El cambio de foco, de la mafia italoamericana a la irlandesa, ocurrió en Hollywood hace varios años, y nadie expresó esta tendencia como Martin Scorsese cuando se alejó de sus buenos muchachos y las pastas para cruzar gangsters y policías en Los infiltrados, en la que el personaje de Jack Nicholson, Frank Costello, estaba parcial pero decididamente inspirado en "Whitey" Bulger, quien por esos años (hace casi diez) se encontraba prófugo. Ben Affleck y Matt Damon, dos que vienen de Massachussetts, llevan años tratando de filmar la historia de Bulger, y de hecho el primero, en su film The Town le dio a un amenazante Pete Postlethwaite un personaje también basado en Whitey. La idea de hacer una película sobre esta figura mítica da vueltas en los estudios desde hace por lo menos 14 años, cuando los periodistas del Boston Globe Dick Lehr y Gerard O'Neill publicaron la biografía Black Mass (Misa negra: la verdadera historia de la impía alianza entre el FBI y la mafia irlandesa), pero el proyecto se estancó infinidad de veces, y antes llegó un notable documental de Joe Berlinger, casi sin imágenes de su biografiado, del que solo se disponen grabaciones de cámaras de seguridad y algunas fotos.

La historia de Bulger contiene algunos elementos increíbles, como que su hermano menor Billy fue el presidente del Senado por Massachussetts; es decir que, criados en el mismo hogar, uno se convirtió en un matón, el otro en un educado y sofisticado político de carrera, y siempre se mantuvieron unidos sin, presuntamente, mezclar sus respectivos asuntos. Su "dramatización" finalmente llegó a los cines, casi una década y media después de lo planeado –y, tras pasar por las manos de Jim Sheridan y Barry Levinson, dirigida por Scott Cooper, el realizador de Loco corazón y La ley del más fuerte– con el título Black Mass, al festival de Venecia. El jueves que viene se estrena por acá rebautizada Pacto criminal.

La película relata dos décadas de Whitey empezando en 1975, cuando otro irlandés, John Connolly, que de chico callejeaba con los Bulger bajo la protección de James, regresa a la ciudad convertido en agente del FBI, y lo convence de hacer un trato: intercambiar información sobre la mafia italiana local por protección. Una de las teorías de sus biógrafos es que fue esta protección la que le permitió a un hombre violento pero no particularmente carismático ascender de sus actividades criminales de medio pelo a jefe de la pandilla de Winter Hill, es decir, de la mafia irlandesa del sur de Boston: cuando lo arrestaron, en 2011, fue acusado de haber participado en al menos 19 asesinatos, tráficos de drogas y apuestas ilegales, y condenado a dos cadenas perpetuas. La narración se apoya prácticamente más en Connolly (el actor australiano Joel Edgerton, cuyo entretenido debut en la dirección, El regalo, está en cartel ahora mismo) que en Whitey; pero, a pesar de esto y de los múltiples rostros reconocidos que aparecen en pantalla (Benedict Cumberbatch como Billy Bulger, Kevin Bacon, Corey Stoll, Dakota Johnson), es Depp quien provee, por su artificiosidad, por el extremo salto de fe que nos piden sus responsables, la imagen más indeleble de la película.

La mayor parte de la crítica norteamericana abrazó la composición del actor fetiche de Tim Burton. Todo aquello de que se pierde en su personaje, de que le valdrá su cuarta y más segura nominación al Oscar; de que este es "su regreso" tras una serie irrefrenable de personajes caricaturescos y a veces irritantes, y unos cuantos fracasos comerciales. Pero ¿un regreso a dónde? ¿A la promesa de principios de los '90, al muchacho de El joven manos de tijera, Cry Baby y Ed Wood, todos papeles con más destino de culto que de estrellato? ¿O a sus criminales en Brasco o en Blow, o a su Dillinger en Enemigos públicos, que hoy no recuerda casi nadie?

El confiable crítico Scott Foundas escribió en Variety las más entusiastas interpretaciones sobre "la gélida mirada depredadora" de Whitey: "Depp no ha estado tan contenido en una película desde que acompañó a Pacino en Donnie Brasco: incluso su J.M. Barrie en Descubriendo el país de Nunca Jamás parece un torbellino de tics y amaneramientos en comparación. Los grandes actores suelen caer en indulgencias y malos hábitos cuando sienten que le están dando al público lo que este quiere ver. Pero Depp está totalmente recuperado, de vuelta el arriesgado, inspirado intérprete de sus primeras colaboraciones con Tim Burton y el Dead Man de Jarmusch, sabiendo que está tan profundamente metido en el papel que, sea lo que sea que haga, llegaremos hasta él. La violencia en Pacto criminal, cuando llega, es rápida y brutal, pero nada golpea más que el dardo repentino de los ojos de Bulger atravesando el ambiente".

Y es cierto que –tras cuatro apariciones del afectado corsario borracho Jack Sparrow, de su Sombrerero Loco en Alicia, el Lobo de En el bosque, el Willy Wonka de Charlie y la fábrica de chocolate, el indio Toro de El llanero solitario o el estafador de Mortdecai, estos últimos dos, fracasos comerciales tan grandes que empezaron a cuestionar su poder de convocatoria– Whitey es el personaje más serio y adulto en el que se ha visto involucrado Depp en bastante tiempo. A su vez, el propio Foundas da la clave: ¡esos ojos celestes imposibles! Resulta muy difícil dejar de pensar en su caracterización física cada vez que aparece en escena. La lente de contacto de color claro, no hay mucha vuelta que darle al asunto, no funciona nunca, básicamente porque despoja de vida al ojo, al anular la oscilación de la pupila, que se contrae o dilata según la luz, dotándolo de expresión. La mirada dura de Depp –el mismo innecesario truco usa Joseph Gordon Levitt en En la cuerda floja– se vuelve terriblemente distractiva. Algunos han querido ver en ella un efecto deliberada y artificiosamente luciferino. Pero todo lo demás en la película, una puesta en escena que apunta a cierto realismo sombrío, amargo, los pies en el barro, va en otra dirección.

En todo caso, el "Oscar Talk" ya empezó, y no sería la primera vez que una actuación es valorada por las razones incorrectas, pero Depp -que en los próximos meses volverá a Sparrow y al Sombrerero en sendas secuelas-- ha desdeñado en público todo el asunto. "No quiero ganar una de esas cosas jamás, ¿saben?", le dijo días atrás a la BBC el actor de 52 años, durante la presentación de Pacto criminal en el festival de cine de Londres. "No quiero tener que hablar en la ceremonia. Pero además, la idea de ganar significa que uno está compitiendo con alguien más, y yo no compito con nadie. Ya me nominaron un par de veces, y eso es más que suficiente. Yo casi no veo películas, no me fijo en lo que están haciendo los demás. Me limito a tratar de hacer lo que quiero hacer. A veces a la gente no le gusta, y eso está bien".

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