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Domingo, 6 de diciembre de 2015

MUSICA > SR. TOMATE

FRUTA EXTRAÑA

Empezaron en La Plata, en 2004: un poco de folk psicodélico, la voz etérea y sedada y las extraordinarias letras de Natalia “Poli” Politano y complicidades musicales con otros nombres básicos del under: Shaman Herrera (ahora parte de la banda) y Prietto viajan al cosmos con Mariano. Ahora Sr. Tomate tiene disco nuevo, Augurio, un puñado de epifanías oscuras y oníricas, salvajes y esperanzadoras, que los ubican como una de las bandas más importantes de la escena local.

 Por Juan Andrade

En la noche de las almas, en medio de una de esas tormentas que harían temblar la nave del pirata más capanga, un rayo de luna o un relámpago igual podrían iluminar el horizonte con un parpadeo. De esa clase de destellos esclarecedores en medio de la catástrofe inmediata está hecho Augurio, lo nuevo de Sr. Tomate. “Cielo e infierno unidos por nuestro cuerpo”, reza en su interior la portada del álbum, junto al castillo de naipes y el gato negro de la ilustración. La banda platense le ha dado forma a un puñado de epifanías oscuras y oníricas, salvajes y esperanzadoras, que se imponen por su propio peso con el desarrollo de una trama musical tan consistente como conmovedora. El disco no solo se destaca en medio de las producciones que se cocinaron entre diagonales a lo largo de 2015, sino que también rankea bien alto en la escena rockera argenta.

Una mañana lluviosa y fría de primavera, vamos al encuentro de la banda en un barrio de calle de adoquines, árboles altos y construcciones petisas, cerca del borde de ese cuadrado perfecto que traza el mapa de La Plata. En el único negocio abierto que se ve en los alrededores, un cajón de tomates parece confirmar que las coordenadas son las correctas. A veinte metros de la verdulería, en la cocina de la casa del baterista Edu Morote, esperan la cantante y guitarrista Natalia Poli Politano, el armonicista y corista Piter Milenaar y el anfitrión. O sea, la mitad de ese fruto musical de sabor inconfundible que completan Ale Bértora (trompeta y teclados), Shaman Herrera (guitarra y coros) y Hernán Montaño (bajo). Entre mates y cigarrillos, cuentan que la tarde anterior se juntaron para ensayar, como todos los miércoles, en la sala que montaron en la casa de Poli hace dos años.

Fue en esa misma época y en ese mismo lugar que empezaron a aparecer las primeras canciones. “Antes alquilábamos una sala de ensayo: llegábamos y teníamos una hora para tocar. En la sala que armamos en la casa de Poli, nada nos apura. Y eso está buenísimo”, explica Edu.

El punto de partida de este presente inspirado se remonta, apuntan, a su trabajo anterior, de 2012. “Allá en la tierra fue un laburo re grande, fue una novedad para nosotros grabarlo con un productor y en un estudio que no era de La Plata. Aprendimos un montón de cosas, ahí empieza otra etapa, de prestarle atención a ciertos detalles ya desde la composición”, describe la cantante.

En el tejido orgánico de los arreglos, en la fluidez con la que progresa Augurio, se percibe el punto exacto de maduración de la fruta. “Hoy cada uno se encuentra bien con su lugar dentro de la banda. A nivel musical, ya conocemos perfectamente el rol del otro. Yo me siento tranquila haciendo lo que me sale mejor o más fácil. Y a los demás les debe pasar lo mismo”, tira Poli. “Si escucho el disco entero, a diferencia de los anteriores, me parece que es como un gran tema. Son siete canciones, pero tienen una misma energía: Augurio arranca y va derecho, es algo continuo y además es corto. En los otros discos, que eran más largos, había más altibajos y colores. En cambio, Augurio tiene muchos climas, pero en general mantiene un mismo ambiente”, analiza Edu, y da una clave para entender la producción más reciente de Sr. Tomate. “Siempre, con cada disco, nuestra intención fue hacer una obra integral. Pero en Augurio la búsqueda se logró y eso se nota”, amplía Piter.

ROJO SANGRE

La fluidez con la que progresa el disco tiene, detrás, horas de laboratorio y, a la vez, la fuerza natural de un producto regional envasado en su origen. “La confianza en el otro hace que no tengas trabas al momento de tocar. Y cuando largás lo que tenés que largar, todo es más espontáneo. Después, si eso está bueno, se trabaja. Pero al principio es un impulso: pruebo, veo, no importa si es disonante o no”, suelta Poli. “Hacemos modificaciones y blablabla, pero en el resultado final casi siempre prima la idea original. Escuchás el primer demo de Augurio y quizás está menos organizado que el disco, pero la idea es la misma: nos gusta el principio”, sintetiza Edu. “La música es la primer respuesta a un estímulo, es la sinceridad ante eso. No es algo tan mental”, sigue la vocalista. “Siempre fuimos muy impulsivos a la hora de componer y de tocar: somos una cosa muy potente, como una descarga eléctrica. Entonces la cuestión es cómo la trabajamos lo mejor posible para hacer un disco. Fuimos afinando eso. Tal vez, lo primero que grabamos era solo la descarga”.

“Con Augurio hay una superevolución a nivel banda, pero si volviéramos a grabar La fruta desquiciada, tal vez lo haríamos igual. O tal vez mejoraríamos el sonido. Pero las cosas tienen que ver con el momento en el que están hechas”, dice Piter. La conexión entre el último trabajo y el EP que marcó el debut de la banda, esas cinco canciones que echaron a rodar entre diagonales allá por 2004, no parece casual. No sólo porque a lo largo de la discografía de Sr. Tomate hay una corriente alterna que mantiene su carga de brumoso espesor, sino también porque hay fragmentos de una de aquellas primeras letras (“Bisturí cortante reluciente/ dibujo con él en mi panza / brota la sangre y escribo /tu nombre en mis labios”, cantaba Poli en “Maldito perro reptil”) que parece prolongar sus ecos en la más reciente “Las sillas”, cuando revolea su granada emocional en el estribillo: “Le clavé el puñal ahí donde sentíamos /no quiero volver a ver sangre en el corazón”.

“Sí, es fuerte”, sonríe Poli cuando se le menciona la afinidad poética entre los extremos. En un caso y el otro, con una década de por medio, lo que se escucha es la voz de una muchacha punk sedada, pero con la rabia intacta. “Lo que pasa es que para mí lo trágico tiene una belleza muy profunda a nivel visual y también narrativo. Hablando exclusivamente de las letras, me resulta más fácil contar algo con metáforas o imágenes, porque las sensaciones y los sentimientos son muy personales y no encuentro otra manera de ponerlos en palabras. Y tal vez estoy relatando esa imagen para decir que me siento desalmada o que me dejaron. Entonces utilizo toda una poesía trágica, porque necesito decir lo que es el dolor. Y se me ocurre usar esos elementos: el cuchillo, el corte, la herida física”, dice. El repertorio de símbolos que maneja alcanza en Augurio un vuelo alegórico desarmante, con sus naufragios en altamar, caminos de ripio, guerras sin cuartel, asilos y voces fantasmales.

“Había algo que subyacía a las canciones, algo que apareció solo y empezamos a armar: fue como organizar el subconciente”, cuenta Piter. “Sr. Tomate tiene una cierta oscuridad, pero es una oscuridad piola, porque muchas veces en vivo la gente la transforma bailando. Y terminás hablando de hacerte un tajo en la panza con una sonrisa y abrazado a un amigo”, agrega. Hay que verlo para creerlo: sus recitales pueden funcionar como exorcismos colectivos. Un ritual pagano de éxtasis rockero. “Es que en realidad pasa por ahí la vida: no quedarse solo en la queja, aceptar ciertas cosas y seguir”, dice Poli. “Nosotros somos, dentro de todo, gente positiva. Obviamente que tenemos nuestros problemas, como cualquier persona”, sigue. “Personalmente, no puedo decir que soy un chabón re pilas. Pero cuando estamos juntos, en general nos reímos: siempre sale la ironía, el chiste”, agrega Edu.

LA MÚSICA DEL AZAR

En la lista de temas del futuro álbum, el último en aparecer fue el que terminó dándole título, “Augurio”. Había otra pieza más dando vueltas, pero no llegó a convencerlos y se quedó afuera. Sumaban siete en total: suficiente para ponerse manos a la obra. “Acordamos hacer un disco corto, de pocas canciones. Fue una decisión, porque estaban saliendo estas canciones con una carga bastante importante: lo sentíamos. Y no era necesario más, ya estaba todo ahí. No queríamos perder lo que se había gestado”, dice Poli. “No había que esperar a llegar a un número estándar de canciones, por ejemplo doce”, acota Edu. Con ese caudal musical a cuestas, se instalaron durante dos jornadas en los estudios ION, para trabajar bajo la atenta mirada del productor Pablo Barros, con que ya habían compartido faena en Allá en la tierra.

“Elegimos ir a ION porque es un estudio grande y queríamos grabarlo medio en vivo, las bases, todo junto. Es la primera vez que lo hacemos así y, para mí, es la mejor manera de grabar”, dice Poli. “Llevamos una escenografía para que el estudio se convierta, ya en ese momento, en Augurio”, agrega. Habían planeado filmar las sesiones y no querían que las imágenes remitieran a Encuentro en el estudio, el programa de cable. “A la media hora de llegar, era como si estuviéramos en la salita de Poli”, desliza Piter, encargado de la escenografía y también de las ilustraciones del álbum. “Vestimos a ION con objetos y cosas que tenían que ver con la energía de Augurio”, Poli describe. “Nosotros veníamos hablando mucho del azar, de encontrar la libertad en el azar. O sea: lo azaroso es libertad. El azar tiene una lógica propia. Entonces llevamos eso al estudio: cartas, dados, tickets de supermercado”.

La versión de los míticos estudios ION a la medida de Sr. Tomate se puede comprobar en el video de “Campanas”, con sus dados gigantes, almanaques desmembrados, cartas y relojes de arena. Varios números entran en escena, pero el que se destaca es un afiche con un 6 gigante pegado sobre una pared. “Nosotros somos seis integrantes y nos gustó jugar con eso. Quizás te toca ese número en el ticket del supermercado y, por la carga cultural que tiene, condiciona tu día. A nosotros nos condicionó la vida el hecho de que somos seis personas haciendo música”, asegura Piter. “Augurio también tiene que ver con las cosas que podés intuir, con las intuiciones que por ahí se desdibujan. Por eso queríamos hablar del inconsciente y de las construcciones culturales que te influencian todo el tiempo. Todos cruzamos los dedos en un partido de fútbol, hasta sin querer. Y nos parecía interesante hacer un chiste con eso: ‘Sí, salgo con una herradura, por las dudas’”.

“A veces, cuando nos ponemos a filosofar, podemos hablar de fútbol o de estas cosas también. Uno se cuelga con los temas que le interesan o le llaman la atención, que a veces no te dejan dormir. Inquietudes”, sigue. En el interior del álbum, algunas de estas obsesiones aparecen retratadas a través de personajes: un relojero, un gallo, un gato negro, un trébol, un asilo. “La idea era personificar sensaciones, las cuestiones de las que veníamos hablando: la libertad, la censura, la represión, la cultura”, enumera. “Lo que hacemos no tiene techo, es creación pura, podemos ir a cualquier lado. Y es lo que más nos gusta: que no haya paredes. Que nadie diga ‘no, esto no lo hagamos por tal cosa’. ¿Por qué no? Si a nosotros nos parece que está bien, nos hace bien y es realmente lo que sentimos, lo vamos a hacer”, dice.

FRUTO PLATENSE

La mayoría de los integrantes de Sr. Tomate pasaron por la Facultad de Bellas Artes de La Plata, aunque en algunos casos fue después de haber formado la banda que se dieron cuenta de la coincidencia. “Yo tenía una huerta en mi casa y había una planta gigante de tomate, la habíamos plantado con mis viejos. En ese momento había grabado un demo con unas canciones y quería dárselo a los chicos, pero no quería que no tuviera un nombre. Y justo estaba tomando mate, miré a la planta y dije ‘ah, le voy a poner Sr. Tomate’”, cuenta Poli con una sonrisa. “El nombre por ahí sueña caricaturesco, pero ya es esencial a la banda”, afirma Piter. “Uno ya se acostumbró, pero no deja de tener un aura graciosa. Cuando la gente te pregunta en qué banda tocás, se ríen, lo toman como algo simpático: Sr. Tomate te tira para arriba”, dice Edu.

Asomaron la cabeza dentro del pelotón en el que marchaban El mató a un policía motorizado, Norma y Mostruo!, entre otros grupos que pusieron al rock platense en boca de todo el mundo con el cambio de milenio. “En La Plata antes no había muchos lugares para tocar, eran bares o boliches establecidos. Pero se armó una movida de casas que funcionaban como centros culturales y empezó a haber miles de recitales”, recuerda Edu. “Hay bandas que, si no se dan las condiciones que pretenden, ni van. Nuestro camino, sin elegir conscientemente, siempre fue tocar”, amplía. “En los 90 había bandas increíbles en La Plata, pero muy pocas veces iban a tocar en Buenos Aires. En nuestro caso esa barrera se empezó a romper y, de repente, había veinte bandas platenses tocando en Buenos Aires. Y estaban todas buenas.”.

El sexteto se ha subido a los escenarios más diversos. “Siempre tuvimos buena conexión con el público. No necesariamente les tiene que gustar, pero nos ha pasado de estar en la Fiesta del Tomate Platense a las cinco de la tarde, adonde va un montón de gente, entre familias y productores rurales que se preguntan ‘¿Quiénes son estos?’. Y, al rato, capaz que los mirás y están moviendo la patita”, dice Poli. De hecho, fueron invitados por el mero hecho de llamarse así a la celebración de los horticultores locales en 2012, pero volvieron a convocarlos al año siguiente por la buena respuesta del público. “Hemos tocado ahí y en una fiesta sadomasoquista en una villa de La Boca. Y la comunión que logramos con la gente es la misma”, asegura Piter. Este año, después de presentar Augurio en La Plata, también salieron de gira por Tandil, Montevideo y Córdoba.

“Sr. Tomate es un eje, se ha convertido en un motivo para levantarte a la mañana, un punto de apoyo para relativizar tu drama y también tu alegría”, define Piter. Dice Poli: “Sentís que hay algo que estás haciendo y te sale bien, no en el sentido material sino espiritual. Cada vez que nos juntamos para preparar unos temas para un acústico o para una entrevista, está eso del compañero, del amigo que tenés al lado. Con el tiempo se crea otro tipo de vínculo. Y para que todo esto tenga sentido, tiene que haber una gran cuota de amor. Porque si lo tengo que sintetizar, me viene a la cabeza la palabra amor. Amor en el gran sentido de lo que significa: la creación misma del ser, algo muy primitivo. Para mí no hay grandes satisfacciones que se parezcan a haber terminado de tocar y darle un abrazo a los chicos”.

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