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Domingo, 10 de enero de 2016

ARTE > JEREMY DELLER

RESISTIRÉ

Por primera vez se puede ver en Buenos Aires una retrospectiva de la obra del artista inglés Jeremy Deller, El ideal infinitamente variable de lo popular, en Proa. Una selección de instalaciones, videos, fotografías y carteles donde se indaga en el complejo entramado entre sociedad y cultura, con foco en los cambios sociales del Reino Unido en la era postindustrial. Desde La batalla de Orgreave (si hieren a uno hieren a todos) que resignifica con 800 actores y 200 mineros la brutal represión policial a una huelga que marcó el principio del fin de la lucha obrera contra Margaret Thatcher, hasta la vida de Adrian Street, un personaje de la lucha libre queer, hijo de un minero, Deller se muestra como un referente crucial del cambio de las prácticas artísticas hacia la intervención social.

 Por Marina Oybin

Hay que volver a ponerse en la piel de ese joven británico que alguna vez fue, ese minero de Orgreave a quien en 1984 en plena huelga para defender sus derechos le lanzaron la policía montada.

Por estos días en Proa puede verse El ideal infinitamente variable de lo popular, la primera retrospectiva en América de Jeremy Deller, artista que marcó el arte actual. Organizada por Proa junto con el CA2M (Centro de Arte dos de Mayo, comunidad de Madrid) y el MUAC (Museo Universitario Arte Contemporáneo de México), la muestra reúne una selección de instalaciones, videos, fotografías y carteles (“Se necesita más poesía” dispara uno a pasos del Museo Quinquela Martín). Se incluye producción reciente como el video Magia inglesa, con el que Deller representó a Inglaterra en la Bienal de Venecia en 2013. Esta retrospectiva en el MUAC, donde aún continúa, tiene unas pocas modificaciones; también se presentó en el CA2M.

Deller ausculta la historia de la resistencia en su país. Lo suyo es indagar en el complejo entramado entre sociedad y cultura: pone el foco en los cambios sociales en su país en la era postindustrial. En “La batalla de Orgreave (si hieren a uno hieren a todos)” resignifica el momento en que la policía reprime con 800 actores y 200 mineros que participaron en la denominada batalla de Orgreave. Deller quería recrear este enfrentamiento clave de la lucha de clases del siglo XX que vio de joven en la tevé: esa escena de los mineros perseguidos por la policía, huyendo por la colina, refugiándose en casas de vecinos del pueblo, caló profundo. Es que para el artista esa imagen convertida en ícono de la huelga de 1984 se parece más a una escena de guerra que a una disputa laboral.

Algunos antiguos mineros de Orgreave actuaron de sí mismos hace casi dos décadas; otros tomaron el rol de policías. Con la intención de ser lo más fiel a los hechos, Deller, ganador del premio Turner en 2004, filmó tanto la reconstrucción del enfrentamiento como el ejercicio de memoria y reflexión de los actores sociales en torno de la mítica huelga. Ejercicio que se percibe emocionante, liberador, y que al tiempo ilumina la trama de la batalla y sus consecuencias hoy. Con este fabuloso video, Deller retomó un acontecimiento histórico clave desde una experiencia artística compartida. “Es una obra excepcional, marcó un quiebre en el arte del siglo XXI: desde que se creó se expuso continuamente en todo el mundo; es uno de los referentes de cómo han cambiado las prácticas artísticas hacia la intervención social”, apunta Cuauhtémoc Medina, cocurador de la muestra junto con Amanda de la Garza y Ferran Barenblit.

THE BATTLE OF ORGREAVE.

El video escenifica el momento en que la policía montada rompe el piquete que impedía la circulación desde la planta de Orgreave, debilitando de este modo la huelga. La derrota, dice Cuauhtémoc Medina, marca el quiebre de la resistencia obrera contra el gobierno de Margaret Thatcher. Con la recreación de la batalla con los mineros de la histórica huelga, se habilitó un espacio para la activación de la memoria social, para la transmisión generacional de un acontecimiento que dejó huella. Esa embestida contra los mineros se hizo carne para interpelar a antiguos y nuevos trabajadores.

“Me entrevisté con los mineros en pubs del pueblo y a partir de esos encuentros se generó la posibilidad de reunirnos con grupos de trabajadores para conversar”, dice Jeremy Deller en una entrevista realizada en la terraza de Proa. Deller, un artista reflexivo y cálido, recuerda que “los mineros enseguida captaron el sentido de su proyecto”. El artista indagó también en la vida privada: “A veces la huelga y la vida privada eran indivisibles, así lo describían”.

Uno no puede apartarse de este video que dura algo más de una hora: escuchar a los protagonistas estremece. “Estábamos peleando por algo más que nuestra lucha en las minas. Eramos muy solidarios; en cambio ahora los muchachos no son solidarios, se afilian al sindicato como gesto simbólico”, cuenta un minero de aquella época.

Deller desató una reconstrucción minuciosa y potente. Hablan los protagonistas de la historia real: mineros, familiares, policías. En plena huelga, Thatcher acusó a los mineros, muchos de los cuales habían cumplido servicio en las Fuerzas Armadas, de “enemigos internos y de extremistas”. “Cantábamos Los mineros unidos jamás serán derrotados, yo odiaba esa canción, era una falacia. Debimos cantar Los trabajadores unidos jamás serán derrotados”, recuerda uno de los protagonistas de la huelga.

“Al pasarse por la tevé, el video de Deller produjo un momento de profunda reflexión acerca del ocultamiento de la información: los medios participaron de manera ladeada, favoreciendo la versión del gobierno”, dice Cuauhtémoc Medina. La cobertura de la BBC no fue precisa, presentó los hechos como disturbios. Luego, la cadena británica tuvo que presentar una carta de disculpa pública.

Si bien en el enfrentamiento no hubo muertos, Deller señala que “muchos mineros podrían haber quedado en prisión ya que para arrestarlos el gobierno recurrió a leyes de hace quinientos años”. “Busqué recrear la batalla, volver a la escena del crimen”, dice el artista.

En otros videos, Deller pone la lupa en la cultura popular inglesa, captura personajes con intensas historias de vida que iluminan prácticas sociales. Es recomendable ir a Proa con bastante tiempo para ver estos trabajos. El mundo de Bruce Lacey es un video documental de un excéntrico artista que despliega acciones fuera del mainstream de arte. Combina, según Deller, un interés muy británico por el arte y la ciencia. Es un emprendedor de causas imposibles que van desde crear naves escultóricas pasando por minar campos con pirotecnia y muñequitos atados a cohetes que se eyectan a sitios imprevistos hasta, enfundado en capa de superhéroe devenida paracaídas, hacerse añicos en vuelo utópico.

ADRIAN STREET CON SU PADRE.

El imperdible video Tantas maneras de hacerte daño (vida y obra de Adrian Street) nos acerca a un exótico personaje de lucha libre contemporánea que generó un estilo de pelea queer. Hijo de un minero británico, Adrian se convierte en luchador travestido; dueño de una biografía épica, se reinventó a sí mismo bajo la lógica del espectáculo. Adrian logró escapar del sino familiar: su padre, descendiente de antiguas generaciones de mineros del carbón, le decía que era demasiado bajo para cumplir su sueño. Esperando que sonara la sirena bajo tierra, volvían sus palabras como daga: “Nunca podrás pelear”. Dejó el trabajo en la mina, se platinó el cabello, diseñó y cosió con esmero glamorosos vestidos y se subió al cuadrilátero para desatar una extraña lucha. Nunca se bajó. “Me convertiré en una hermosa mariposa, el combate empieza cuando me visto”, asegura ese hombrón puro músculo, después de calzarse un vestido verde emplumado para emprender su artística lucha libre. A pesar de las palabras desalentadoras de su padre, cumplió el sueño de convertirse en campeón mundial de lucha libre de peso medio. Cuando en la revista People le consultaron dónde quería sacarse la foto que acompañaría el reportaje, Adrian no dudó. Volvió a la mina, ahora en el cuerpo de un luchador travestido, a tomarse la foto junto a su padre, “un maldito cabrón, un bravucón fanático religioso que jamás me dirigió una palabra amable”, recuerda Adrian. “Hubiera preferido morir antes que volver vencido a la mina y darle a mi padre esa satisfacción”.

Con la lógica participativa que es sello en las obras de Deller, en cada sitio donde se exhibe Tantas maneras de hacerte daño (vida y obra de Adrian Street) se acompaña con un mural de un artista local: en este caso de Pablo Harymbat. En Acid Brass en vivo en Lovebox el artista consiguió que una banda de música interpretara un repertorio de acid house con bandas de viento, una forma, señala Medina, ligada a la vida de las clases obreras en el siglo XIX y devenida sonido de confrontación. En 2009, Deller convenció a la organización del subterráneo británico para que los conductores usaran el sistema de anuncio para compartir frases de historiadores, políticos y pensadores que condensan la historia de las citas del mundo popular inglés. Deller compiló un libro con frases memorables para que se pudieran leer en la línea Piccadilly del metro de Londres. Convirtió ese sórdido mundo subterráneo en un sitio donde se desatan imprevistos misterios del pensamiento.

En el video Más allá de las paredes blancas, en la casa de Marx en Londres, un actor que personifica al filósofo inglés escribe tarjetas navideñas. Deller neutraliza la potencia simbólica del autor de El Capital en la imagen de un ícono pagano del capitalismo. A Deller le resultan hipnóticas la certeza y la poesía del lenguaje de Marx. “La poética es muy importante porque estoy interesado en tomar elementos de la historia reciente y volverlos tema central. Con pequeños fragmentos, busco darles la importancia que merecen. Enseño la historia que me toca vivir”.

El ideal infinitamente variable de lo popular se puede visitar en Fundación PROA, Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca, Caminito, de martes a domingo de 11 a 19. Lunes cerrado. Hasta marzo. En el marco de la exposición, habrá un ciclo de cine y música con un cocktail con DJ en la terraza de Proa, los sábados 23 de enero, 13 y 27 de febrero, de 18 a 22.

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ADRIAN STREET, 1990.
 
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