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Domingo, 27 de marzo de 2016

PERSONAJES > LILY TOMLIN

HAY UNA ABUELA EN MI CUERPO

La enorme Lily Tomlin brilla en su última película, Grandma

 Por Fernando Krapp

En las últimas ediciones de los Oscars no estuvo Lily Tomlin. Se esperaba que después de su trabajo en Grandma de Paul Weitz recibiera la nominación por mejor actriz. Raro, más que nada porque Hollywood gusta de las redenciones gloriosas o de los “rescates” de actores “olvidados”. Y si consideramos que tiene 73 y no conseguía un protagónico en cine desde hacía por lo menos 30 años, no deja de sorprender. Una pena, porque ella lo deseaba. Era una oportunidad perfecta después de la primera y única nominación que tuvo por Nashville, la obra magna de Robert Altman sobre las miserias amorosas alrededor del florecimiento de la música country, en donde interpretó a una bella cantante de gospel.

Quería hacer una película desde el punto de vista de la mujeres, dijo el director de About a Boy y American Pie. Qué significa eso, nadie sabe bien. Lo que sí sabía Paul Weitz era que quería trabajar con Tomlin. Y desarrollar la historia en compañía de la actriz. La idea estaba: un día, una adolescente visita a su abuela para pedirle prestado algo de plata. ¿Para qué? Un aborto, claro. Una historia bastante directa que podría ser contada por cualquier personaje. Pero es la caracterización de Tomlin la que vuelve a Grandma una película entrañable y le permite ofrecer uno de sus mejores papeles desde los tiempos en que hacía esas comedias maravillosas que marcaron a una generación de cinéfilos; esos que empezaron a ver cine gracias al shampoo de los sábados y los VHS, y no por los cineclubes. Hacía tiempo que no la veíamos tan cómoda y suelta frente a una cámara. Al menos desde la época en que volvió loco a Steve Martin en Hay una chica en mi cuerpo o cuando, con Jane Fonda, planeaban matar a su jefe.

Tomlin interpreta a Elle Reid, una poeta mayor. Liberal (en el sentido sesentoso del término), punk a lo Violencia Rivas, con un aspecto muy similar a Patti Smith y un temperamento a lo Fran Lebowitz. Reid es medianamente conocida entre los profesores de campus universitarios de quienes solía sacar unos pesos por lecturas y conferencias. Tuvo una hija poco antes de asumir su homosexualidad y decidió criarla con su pareja. Revanchista contra la raza humana, parece vivir en su mundo paralelo aunque mantiene los pies en la tierra. El viaje en un Dodge Royal por los 600 dólares para el aborto se convierte, como en toda road movie, en un viaje hacia sus orígenes: visita viejas amigas, travestis que hacen tautajes, se enoja con un camarero, le pida ayuda a un ex marido resentido (interpretado por otra leyenda, Sam Elliott, de 71 años), y se enfrenta con su hija quien le demanda algunas cosas (quizás el personaje menos desarrollado en toda la película interpretado por Marcia Gay Harden). La película mantiene el tono y avanza gracias al ritmo y el oficio que le impone Lily Tomlin a su papel. Con un gran rango emocional en su registro actoral, le da a Grandma una profundidad que le permite trascender los límites del indie, las cámaras livianas y los beauty shots. Pero, a pesar del dramón que pueda significar (homosexualidad adulta más aborto juvenil es una cóctel muy difícil de manejar), nunca cae en excesos de culebrón barato. Se mantiene en un mumblecore a los gritos pero sin estridencias.

Cuando se le pregunta a Tomlin cuánto hay de ella en Elle, afirma: lo suficiente. El Dodge, por ejemplo. Como su personaje, ella puede ser impredecible, saltar de un estado a otro, y putear sin reparos. Y aunque no sabe si es capaz de pegarle en los huevos al padre del hijo de su nieta, sí pudo mandar literalmente a la mierda en dos oportunidades al aclamado director, y recientemente nominado al Oscar, David O. Russell, que destruyó un set completo a las patadas por la ira que le despertó su actriz durante el rodaje de la película I heart Huckabees.

Aficionada a la actuación desde temprana edad, Lily Tomlin ensayaba besos de estrella con un amiguito de la infancia. Hija de un padre alcohólico y frustrado por la depresión del 30, se mudó de Kentucky a Detroit (tiempo después sacaría a flote toda su herencia sureña en Los Beverly ricos). Inició sus estudios en Biología y descubrió un don esencial en su personalidad: podía hacer reír a la gente. Comenzó a hacer stand up hasta que Detroit le quedó chico y no le quedó otra que irse a Nueva York. Cuando volvió a su ciudad convertida en una estrella por el éxito de los sketchs para un show de NBC su padre la obligó a cantar en vivo en un restorán para que aprendiera a ser popular. Trabajó con Woody Allen, con Robert Altman en tres oportunidades y con Franco Zeffirelli. Y en los últimos quince años la hemos visto pulular de serie en serie sin ningún prejucio por el medio televisivo. Desde The West Wing de Aaron Sorkin, hasta Amas de casa desesperadas o Web Therapy. Ella misma lo declara: la televisión es su primer amor.

A diferencia de Elle Reid, el personaje de Grandma, Tomlin no es abiertamente homosexual como los rigores del Star System demanda. A pesar de que todo el mundo supo sobre su largo romance con la productora y guionista Jane Wagner (la dirigió en una película nefasta llamada Moment by Moment con John Travolta), con quien se casó en una ceremonia privada en Los Angeles en el 2013, mantiene su vida sexual puertas adentro. La revista Time, al enterarse de los rumores sobre su sexualidad, le ofreció ser portada en la revista en 1975, pero ella se negó: no la querían por su calidad como actriz, querían alguien gay en la portada por términos de coyuntura. No lo declaró abiertamente no solo porque no quería matar a su madre de un paro cardíaco (era, según ella, muy sureña y católica, y para peor, su hermano también es homosexual: una doble salida del closet hubiera sido terminal), sino porque, considera, no es fácil para los actores gays conseguir un papel protagónico, mucho menos en una película romántica, y mucho menos en esa época.

Sin embargo, admite, en una extensa entrevista que mantuvo para The Guardian, que varias películas recientes estuvieron tratando el tema: Carol de Todd Hayes y Freeheld con Julianne Moore y Ellen Page. Y lo hicieron de otro modo: sin tratar el tema como una novedad (persona que sale del closet) sino con tranquilidad. E incluso la serie que la reunió ya en dos temporadas con su vieja compañera Jane Fonda, Grace & Frankie, trata sobre dos esposas que deben convivir al enterarse de que sus respectivos maridos, dos viejos abogados y socios de una firma, han salido del closet y son ahora pareja.

¿Hubiera dicho algo al respecto de haber ganado el Oscar ahora que los tiempos parecen, en la superficie, más propensos, aunque la ceremonia haya sido igual de caucásica, heterosexual y masculina, como lo fue siempre? Tenía ganas, sí, de dar un discurso. Igual, mejor que no la hayan convertido en eso; en una simple redención complaciente. No lo necesita. No necesita estar a la sombra de nadie ni meterse en el cuerpo de otro para dar muestras de su genialidad; tampoco le tiene que rendir cuentas a nadie y mucho menos a eso que se conoce como Academia.

Grace & Frankie se puede ver en Netflix y Grandma en ondemand de Cablevisión.

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