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Domingo, 25 de septiembre de 2016

ARTE > VOLUSPA JARPA

UNA HISTORIA VIOLENTA

La muestra En nuestra pequeña región de por acá, de la chilena Voluspa Jarpa, integrada por objetos, instalaciones, pinturas, videos, registros sonoros y documentos históricos usa como elemento central archivos desclasificados de la CIA entre 1948 y 1994 de 14 países latinoamericanos, muchos pertenecientes al Plan Cóndor, que revelan crímenes de líderes políticos. Son millones de fojas, la investigación demandó quince años, y el apabullante volumen dimensiona lo cerca que está nuestro macabro pasado.

 Por Marina Oybin

¿Qué sucede en un país cuando los líderes son eliminados selectiva y sistemáticamente? Con este interrogante, Voluspa Jarpa, nacida en Rancagua, Chile, en 1971, artista con fuerte presencia en bienales internacionales, arrancó su singular trabajo, mix de arte y exhaustiva investigación que llevó adelante con su hermana periodista y que demandó quince años.

Potente, inolvidable. Así es En nuestra pequeña región de por acá, que puede verse por estos días en el Malba. Integrado por objetos, instalaciones, pinturas, videos, registros sonoros y documentos históricos, este site specific, con guiños a obras de Donald Judd, usa como elemento central archivos desclasificados de la CIA entre 1948 y 1994 de 14 países latinoamericanos. Muchos pertenecen al Plan Cóndor; hay además archivos de otras operaciones de inteligencia.

Ya al ingresar, uno se encuentra con una megainstalación: cuelgan del techo de la sala impresiones de centenares de esos archivos que con sus tachaduras devienen imágenes. Jarpa intervino el espacio poniendo el foco en el enorme volumen de material desclasificado integrado por millones de fojas: tan sólo por dar un ejemplo, en el caso de Chile reúne unas doscientas mil páginas.

Hay una serie de retratos con impronta de memorial –realizados en tinta litográfica sobre planchas de bronce pulidas– de cuarenta y siete líderes latinoamericanos cuyas muertes no han sido resueltas o se están revisando. Hay desde presidentes o candidatos presidenciales pasando por ministros, jueces, jefes militares, diputados, senadores hasta miembros de la iglesia. Entre ellos figuran Salvador Allende (Chile), Omar Torrijos (Panamá), Zelmar Michelini (Uruguay), Carlos Mugica y Enrique Angelelli (Argentina).

Algunas carpetas con archivos desclasificados contienen documentos de las causas judiciales y de los peritajes de los casos. En un espacio completamente oscuro, se escuchan fragmentos de discursos de autoridades latinoamericanas en los que “de alguna manera explican sus muertes”, señala Jarpa, quien considera que “las muertes más significativas son aquellas que cambian las relaciones geopolíticas de la región”.

En las obras de Jarpa, la muerte es abordada con estética cuasi ascética: forma y contenido se contraponen, entran en tensión. En la megainstalación colgante así como en una serie de fotografías de personalidades asesinadas, en los retratos sobre bronce y en una especie de mural hecho con medio centenar de imágenes de funerales públicos, con un tratamiento despojado y sutil, Jarpa se propuso “evitar el morbo”. “Aparece la idea de muerte asociada al cargo con la idea de construir la imagen de la región, y no individualizar los casos”, dice.

Entre cientos de documentos que analizó la artista, se encuentra Estudio sobre un asesinato (desclasificado el 12 de julio de 1995, no tiene fecha de clasificación pero se estipula que fue escrito en la década del 50). Se trata de un extenso manual instructivo sobre cómo cometer un asesinato. Allí los Servicios de Inteligencia indican que “matar a un líder político cuya floreciente carrera es un peligro claro y presente para la causa de la libertad puede ser considerado necesario. Pero el asesinato rara vez se puede emplear con la conciencia tranquila. Las personas que son moralmente aprehensivas no deberían intentarlo”. Respecto al asesino, sostiene: “necesita las cualidades habituales de un agente clandestino. Debe ser determinado, valiente, inteligente, ingenioso y físicamente activo”. En el documento, se establece una especie de tipología de los asesinatos: “en los que el sujeto no es consciente se denominarán simple; aquellos en los que el sujeto es consciente –pero sin vigilancia– se denominarán persecución; aquellos en los que se protege a la víctima se denominarán vigilado. Si el asesino debe morir con el sujeto, el acto será llamado perdido. Si el asesino escapa, el adjetivo será seguro. Cabe señalar que no deben existir compromisos aquí. El asesino no debe caer vivo en manos del enemigo”. Sigue el documento: “En el asesinato perdido, el asesino debe ser una suerte de fanático. La política, la religión, y la venganza son los únicos motivos factibles. Puesto que un fanático es inestable psicológicamente, debe manejarse con sumo cuidado. Él no debe saber las identidades de los otros miembros de la organización, ya que aun cuando se pretenda que murió en el acto, algo puede salir mal. Aun cuando el asesino de Trotsky nunca ha revelado ninguna información significativa, era poco seguro depender de esto toda vez que el acto fue planeado”.

Jarpa desata una obra potente. En su caso, cuenta la artista, la investigación y la creación artística van en paralelo, se nutren mutuamente. La artista se puso en contacto con familiares de las víctimas y organismos de derechos humanos, proveyó información para avanzar en algunos casos: “Nos pasó con la causa de Pablo Neruda y Eduardo Frei Montalva, que tienen un modus operandi similar”, dice. “En ambos casos se les inoculó estafilococus dorado que produce septicemia. Los procesos de investigación no han terminado, se están analizando las muestras en un laboratorio de Canadá”.

Ambos estuvieron internados en la misma clínica. En la muestra se puede ver el texto que Eduardo Frei Montalva escribió con letra temblorosa y le entregó a su hija, cuando estaba internado en la clínica y ya no podía hablar. Frei Montalva se dio cuenta de que lo estaban envenenando: con sus últimas fuerzas pidió ayuda en ese escrito desesperado. Lamentablemente, su hija no entendió. “Sáquenme inmediatamente de aquí” le imploró sin éxito.

En nuestra pequeña región de por acá se puede ver hasta el 3 octubre en Malba, Av. Figueroa Alcorta 3415, Sala 1, Nivel 1. Actividades: el 29 de septiembre a las 17, encuentro en el Malba con el objeto de reponer el contexto político y social de los asesinatos de los líderes que Jarpa releva en la exposición. En colaboración con CELS, con entrada gratuita. Y a las 18, taller para adolescentes: “En búsqueda del líder perdido”, para chicos entre 12 y 18 años. Inscripción: [email protected]

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