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Domingo, 22 de agosto de 2004

MúSICA

Lindo

Badly Drawn Boy golpea dos veces: una con BDB-DVD: The Video Collection, una antología de los clips de sus tres primeros discos; la otra con One Plus One Is One, el disco íntimo, doméstico, triste y vital de un fugitivo que, cansado de correr, se encierra en su casa a escribir canciones donde vibra el sonido cantautor de los ‘60 y ‘70.

 Por Rodrigo Fresán

Pocas cosas más ambiguas, malinterpretadas y complejas que la palabra lindo. Porque decir que algo es lindo no implica necesariamente afirmar que algo es bueno o poco común o digno de ser investigado. A la hora de elegir –siempre y cuando no se trate de elegir un chico o una chica–, suele ser de personas inteligentes optar por algo interesante antes que por algo lindo, por más que lindo sea una palabra rubia y de ojos azules pero que, ay, cuando abre la boca para decir algo...
Y ése es el problema de Badly Drawn Boy.
Los críticos escriben una y otra vez que su nuevo y formidable álbum One Plus One Is One, que coincide con la edición de BDB-DVD: The Video Collection (su recopilación de clips de antología), es, como mucho, lindo. Y que defrauda y traiciona los grandes logros y todavía mejores expectativas generadas por The Hour of the Bewilderbeast, su debut en CD después de varios EP de culto, por el cual ganó el prestigioso Mercury Prize derrotando a Parachutes, el igualmente meritorio debut de Coldplay. Entonces, en el 2000, Damon Gough –verdadero nombre del “Chico Mal Dibujado”– era considerado genial por las mismas razones que ahora, de pronto, lo convierten en alguien apenas lindo: su aire de bohemio insalvable, esa patológica relación con sus gorritos de lana, sus conciertos deshilachados y verborrágicos donde todo puede ocurrir y su innegable talento para componer canciones que ahora apenas son lindas, pero hace cuatro años tenían “la sencilla belleza de lo auténticamente clásico”. O algo así.
Ahora no. Ahora ya no se puede hacer eso. Por más que las canciones sean tan buenas o mejores que las de los tiempos en que todo era genial y nada era lindo.

LA LEY DE GRAVEDAD
Todo lo que sube, baja. Y ya se sabe: pocos ecosistemas más inestables y caníbales que el pop. Lo que era muy bueno ayer hoy debe ser forzosamente malo, cosa de hacer lugar así a una nueva estrella. Cualquier flanco débil es válido para clavar lanza, y en el mondo pop todo el mundo tiene muchos talones. Y Badly Drawn Boy tuvo un talón especialmente sensible: su relación con Nick Hornby, autor de libros inequívocamente lindos. Ocurre que los periodistas de rock odian a Hornby por el éxito que consiguió con High Fidelity, su pop-novel sobre la masculinidad musicalizada. Más tarde, Hornby editaría una antología de prestige con escritos sónicos. Y a los críticos de rock no les gusta que los novelistas escriban y se metan con su música. Y lo peor de todo: que se metan con sus músicos. Hornby se metió con Badly Drawn Boy y sugirió que se ocupara de la música de la adaptación cinematográfica de su novela About a Boy. Y, para colmo, más tarde honró a Gough en su librito-musiquero 31 Songs, donde escribió que “igual que mucha otra gente, me pasé buena parte del año 2000 oyendo y adorando el álbum The Hour of the Bewilderbeast. Es uno de los poquísimos discos ingleses de los últimos años para el que he tenido tiempo; es reflexivo, extravagante sin resultar inútil (a pesar de mi presunción inicial de que el nombre del artista indicaba de algún modo la naturaleza destartalada de la música, presunción que me impidió escucharlo durante una temporada), es melódico, toma prestado un poco y con criterio de toda clase de cosas del folk o el rock que me gustan (Damon Gough es un devoto del primer Springsteen), no presume, es poco inglés en el sentido de que no les serviría de mucho a los discotequeros de Ibiza ni a los hooligans borrachos. Badly Drawn Boy tiene alma”.
Como se verá, nada del otro mundo (por más que acierte en el diagnóstico de la estética enciclopédica de Gough, tan cómplice de la de los también lindos Karl Wallinger de World Party o de Neil Finn de Crowded House). Pero elogios así alcanzan para destruirte, parece. Y poco y nada importóque el soundtrack compuesto por el hombre para About a Boy sea un clásico instantáneo: que esté a la altura de aquel otro que compuso Alan Price para el film Un hombre de suerte de Lindsay Anderson, contenga perfectas canciones como “Something to Talk About” o “Silent Sigh”, y que hasta se permita la proeza formal de –en “A Minor Incident”– ponerle letra y música a la carta suicida (“Estoy segura de que en el otro lado seré una mejor persona / Y recuerda que siempre te amaré”), nunca leída en voz alta y escrita por la madre del pequeño héroe de la cuestión. De pronto, Badly Drawn Boy hacía las cosas mal y decepcionaba a todos aquellos que lo habían elevado a las alturas.
Cuando en el 2002 apareció su segundo álbum “oficial” –el igualmente talentoso Have You Fed the Fish?–, alguien soltó a los perros y abundaron las mordidas: que lo había grabado en Los Angeles porque quería convertirse en una superestrella de la más bastarda FM/MOR Music; que las canciones eran grandilocuentes y huecas a base de esteroides; que, de acuerdo, había buenos momentos, pero eran pocos (coincidencia absoluta en que lo mejor era la confesional y melancólica y funeraria “I Was Wrong/You Were Right”); y que por favor se dejara de joder de una buena vez con sus gorritos de lana y qué gracioso eso de que un fan le robara su gorrito preferido. Y todo parece indicar que en algún momento Badly Drawn Boy se cansó de todo. De todo menos de escribir canciones.

EL ARTE DE LA FUGA
Ya desde el título, One Plus One Is One apunta a los beneficios curativos de la soledad y señala –desde sus primeros versos– sus intenciones: “De regreso para ser el que alguna vez fui / Abro las puertas que tú intentaste cerrar / Dame algo de paz”. Sí, el cuarto disco de Badly Drawn Boy –imposible no incluir About a Boy como parte imprescindible de su obra y, digámoslo, la película no estaba nada mal y constituye el momento más excelso de Hugh Grant, actor summa cum lindo– no es otra cosa que la obra tenuemente conceptual de un fugitivo que, cansado de correr, se encierra en su casa a escribir triunfales canciones vencidas y sólo deja el estudio para darse una vueltita por el pub de la esquina.
Su instrumentación íntima y simple y su factura doméstica recuerdan al lindo Cat Stevens de Mona Bone Jakon, al hace poco comentado en estas páginas y también fugitivo The Kinks Are The Village Green Preservation Society, a todo ese sonido cantautor de finales de los ‘60 y principios de los ‘70. Guiños a Jethro Tull y la Electric Light Orchestra y los inevitables Beatles. Y cuadernillo con texto narrando la muerte de un buen amigo. Y, por encima de todo, una tristeza vital, de ésas que dan saltitos y crecen a casi euforia con las intervenciones del infanto-freak Stockport Music Project Children’s Choir (buscar y encontrar el imprescindible disco de estas criaturitas coreando himnos pop) en el primer single, “The Year of the Rat” (cuya letra está armada a base de mensajes de galletitas de la buena suerte de restaurante chino) y esa triunfal conclusión que es “Holy Grail”, donde Gough se despide cantando: “¿Sabes tú hacia dónde vamos? / ¿Sabes tú qué haremos una vez que lleguemos / mientras aguardo a que despliegues las velas? / Acaso no sabes que tengo la esperanza de que encuentres tu santo grial”. Sumarle a esto la belleza de “This Is a New Song” (“Ésta es esa canción nueva de la que te hablé hace veinte años”), las alusiones a Qué bello es vivir! de Frank Capra en “Another Devil Dies” (“Y he oído que cuando cantamos / Muere otro diablo / Y cuando suena una campana / Un ángel recibe sus alas”), “Four Leaf Clover” (“Tomatela con calma / Tú tienes tus problemas y yo tengo los míos”, seguido de ese final con piano viejo y frescas palmadas); “Fewer Words” (“Jamás trivialices un beso / Así es como se muere el amor”); “Logic of a Friend” (“Huir y salir de este agujero / Antes que te arranquen el alma”); “Life Turned Upside Down” (“La vida se ha puesto cabeza abajo / Y he aquí esta cruz que nadiedebería cargar / Y las cosas no salieron del modo que pensabas”); “Takes the Glory” (“Se siente como si se acabara el verano / Los cielos viran a gris / Vivir en los corazones de aquellos que amaste no es lo mismo que morir”); y la casi reconciliación consigo mismo que es “Summertime in Wintertime” (“He descubierto un nuevo remedio / Para vencer a casi todo / Y es verdad lo que me dices / Que fracasamos a la hora de ver / Que nos la pasamos soñando con un estilo de vida / Que no puedo creer que me haya engañado todas las veces que quiso”). Y adivinen qué: ante la salida de One Plus One Is One, la crítica condena la abundancia de “tonadas lindas, de ésas que son tan fáciles de silbar en la ducha, que derivan más en sketches que en canciones”, así como “la imperdonable y definitiva autoindulgencia de utilizar coros infantiles”. Y mientras tanto, por supuesto, se pone a reivindicar la memoria de About a Boy y Have You Fed the Fish?
No es fácil ser genial y lindo al mismo tiempo.

EL SENTIDO DE LA VISTA
Y en ocasiones, las portadas de los discos dicen tanto –o más– como lo que hay adentro. Así, The Hour of the Bewilderbeast exhibía una suerte de gabinete de curiosidades, About a Boy tenía el inevitable poster de la película, Have You Fed the Fish? mostraba a un Gough enorme y divino asomándose por el lado de afuera de la ventanilla de un avión. Y ahora One Plus One Is One lo devuelve, humilde y terreno, al interior de un típico old curiosity shop y a los frentes de su pub de cabecera: The Blossoms...
Y ya se sabe que MTV obligó a casi todos los músicos a convertirse en actores de sí mismos (y de sus muchas personalidades más o menos secretas, menos o más patológicas) y que un clip, en más de una oportunidad, revela mucho más que un track. La tapa de BDB-DVD: The Video Collection –que reúne todos los clips de sus tres primeros discos más las curiosidades de rigor– lo fotografía triunfal en lo alto de una escalerilla de Boeing, gorrito en la cabeza y gafas oscuras, un brazo en alto, el otro sosteniendo la guitarra dentro de un estuche recamado con coloridos pececitos de pecera. Pocas fotos dicen más que ésa y contribuyen más al enigma: he aquí el retrato de un casi clochard con ínfulas de jet-set. Alguien que desea y reclama lo mejor de ambos mundos para irritación de terceros y propio placer: ser un very very few para el que lo arty y lo mainstream son la misma cosa (si la cosa está bien hecha): el intocable prestigio post-mortem y unplugged de un Nick Drake al mismo tiempo que el electrizante glamour lleno de manchas de dedos de un Robbie Williams. Ser cool y ser hot. Ser una legítima Bestia Pop. Lo que resulta muy difícil si se es lindo de corazón y no se cae en tragedias ni se despliegan estrategias. Lo que resulta especialmente irritante para muchos escribas dogmáticos y fundamentalistas que sólo entienden una u otra cosa y siempre por separado, por favor.
Los videos de Badly Drawn Boy son buena muestra de esta casi refleja vocación para irritar a los irritables. Y verlos es terminar de entenderlo. Y de apreciarlo. Los casi prehistóricos “It Came from the Ground” y “Road Movie”. Un Gough con gorrito de otro modelo y aún sin barba en “Once Around the Block”, y su beso eterno con ortodoncias que se enganchan. La creación del personaje BDB tal como lo conocemos hoy en “Another Pearl” con sus aires a Magical Mistery Tour. El avión animado a la Yellow Submarine de “You Were Right”. El insuperable “Spitting in the Wind”, donde Gough –de ahí que el escatológico “Pissing” del original mude al más inofensivo “Spitting”– la juega de valet-gigoló de... ¡Joan Collins! El taxi humano de “Disillusion”. El “Ciclo del Pato Malo” inspirado por una de las escenas de About a Boy y compuesto por “Something to Talk About” y “Silent Sigh”. El “All Possibilities” con Gough tocando en la calle por monedas. Los fans perseguidores de “Born Again”. Y losextras: Gough como one-mand-band convirtiendo las inmensidades del Glastonbury Festival en un pequeño ambiente con mucho ambiente; “You Were Right” en vivo en el living de casa (muy Lennon) y “Pissing in the Wind” en vivo en un bosque (muy McCartney), y la no del todo inesperada sorpresa de que todo este material acabe configurando un retrato fiel, y también agotando toda hipótesis malsana sobre las motivaciones del sospechoso de siempre. Badly Drawn Boy –que en el reciente video de “Year of the Rat” ha preferido aparecer como ausente dibujo animado– no es otra cosa que un gran songwriter que –como canta en “You Were Right”– recuerda perfectamente las noches en que murieron Sinatra y Buckley Jr. y Cobain y Lennon, y él se quedó despierto siguiendo las noticias, rechazando un lance de Madonna y concluyendo que “las canciones nunca son del todo respuestas sino el soundtrack de una vida que se acaba demasiado pronto”. Y que él está más que dispuesto a “conseguirnos entradas para lo que necesitemos”.
Eso es todo.
Qué lindo.
Qué genio.

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