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Domingo, 24 de abril de 2005

MúSICA > SE REEDITó LA MONUMENTAL ANTOLOGíA DEL TANGO RIOPLATENSE

Burlón y compadrito

Fruto del trabajo conjunto de Jorge Novati, Irma Ruiz, Néstor Ceñal e Inés Cuello, la extraordinaria Antología del tango rioplatense (dos CDs, un CD-Rom y una notable investigación histórica) exhuma con una calidad sorprendente 45 tangos grabados entre 1907 y 1920, cuando el género estaba en pañales y musicalizaba prostíbulos.

 Por Diego Fischerman

Danza prostibularia. Cosa de negros. Ritual erótico y clandestino. Si el origen del tango es impreciso, no lo es, en cambio, el entramado de mitos y leyendas que terminó reemplazándolo. Se sabe que ya en el siglo XIX, la palabra “tango” –a veces consignada como “tambo”– designaba una reunión de negros con canto y baile. Y a partir de las características formales, rítmicas y melódicas existentes en las primeras de estas músicas publicadas en partituras, se puede reconstruir qué es lo que estos negros cantaban y bailaban. Ciertamente, no música del Africa central; más bien piezas de salón provenientes de la cultura dominante en las colonias –algo muy similar a lo sucedido en el sur de Estados Unidos con el origen del jazz–, hecha de manera ligeramente diferente, sobre todo en lo referido al desplazamiento de las acentuaciones rítmicas.

Pero a diferencia de lo sucedido con el jazz, cuando estas músicas –que muchas veces se transmitían con el nombre de “tango” o de “habanera” o, en ocasiones, y sobre todo en Cuba, “tango-habanera”– se consolidaron como género, en particular en el Río de la Plata y luego de la ida y la vuelta hasta España, cuando su coreografía se cristalizó y sus partituras empezaron a circular por los salones, los negros ya hacía bastante que habían desaparecido virtualmente de Buenos Aires.

Pero si lo africano del origen es fácilmente desmentible, la supuesta clandestinidad, si no falsa, debe remitirse a un tiempo mucho más lejano que el que fija el mito (los primeros años del siglo XX). En efecto, hay bandos ya de 1788 y de 1807 pidiendo la prohibición –o permitiéndolos en extramuros– de los tangos de negros. Pero como demuestran de manera incontrastable las primeras grabaciones fonográficas, realizadas en 1907, para ese entonces el tango ya era una música firmemente asociada con usos lícitos y hasta ceremoniales. Que la casa Gath y Chaves enviara a Angel Villoldo a París, ese mismo año, para coordinar el registro de tangos a cargo de la Banda Republicana de esa ciudad, o que en 1909 la Banda de la Policía de Buenos Aires, dirigida por A. Rivara, grabara “El purrete” de José Luis Roncallo, habla en todo caso de una aceptación social bastante mayor que la que la leyenda encuentra en esos años de fundación.

Estas grabaciones (o la del propio Villoldo cantando la desopilante “La bicicleta” con acompañamiento de piano y castañuelas (1909); la de “El choclo” por la Orquesta Típica Porteña que dirigía Eduardo Arolas (1913); “Champagne tangó” por la Orquesta de Roberto Firpo (1914) y, del mismo año, él en piano haciendo “El gallito”, el primer registro de “La cumparsita”, realizado en 1917 por la orquesta uruguaya de Alonso-Minotto, muy poco antes que la grabación de la orquesta de Firpo; o “Mi noche triste”, grabada también en 1917 por Carlos Gardel junto al guitarrista José Ricardo) forman parte de la extraordinaria Antología del tango rioplatense, desde sus comienzos hasta 1920 publicada en dos CDs (que incluyen pistas de CD-Rom con ilustraciones y el mejor trabajo de investigación realizado hasta el momento sobre los orígenes del género) por el Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega”.

El monumental emprendimiento fue editado por primera vez en 1980 (en tres LP más un libro) como fruto de un largo proceso coordinado y supervisado por Jorge Novati y llevado adelante por él mismo junto a Irma Ruiz, Néstor Ceñal e Inés Cuello. El texto (preparado para ser leído en Windows 98) incluye una primera parte dedicada a los aspectos histórico-musicales, subdividida en un capítulo dedicado a Primeras noticias y documentos y otro a El tango como especie constituida. La segunda parte analiza los aspectos musicológicos –estructura y coreografía–, y el estudio contiene, además, apéndices con las listas de los principales autores e intérpretes, de los locales de tango de la época –incluidos los prostíbulos– y de los editores.

Pero la estrella, sin duda, son los 45 tangos grabados entre 1907 y 1920, obtenidos de colecciones particulares y cuidadosamente procesados hasta lograr una fidelidad y una calidad sonora en algunos casos sorprendente. La edición se vende a $ 60 en el Instituto Nacional de Musicología (México 564, primer piso), de 10 a 17.

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