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Domingo, 29 de mayo de 2005

Los inevitables: Salí - teatro x 4

La herencia maya

Joyas comestibles elaboradas con pericia y paciencia artesanal.

POR CECILIA SOSA
Si el chocolate hace que los inviernos sean siempre un poco más felices, la esquina palermitana más dichosa es la de Honduras y Gurruchaga, donde Tikal arranca signos de admiración de los paladares más exigentes. Un elegante mostrador vidriado exhibe la colección otoño/invierno de tabletas y bombones y un notable surtido de sabores: amargo, semi-amargo, blanco o combinados con café, naranja, dulce de leche, menta, limón y hasta con cointreau al azafrán. Los chocolates están perfectamente alineados, torneados según moldes exclusivísimos traídos de Alemania. ¿Y las trufas? Ah, esas insolentes bolitas rellenas de dulce de leche y coco, Grand Marnier con hebras de té, Tía María y Baileys. ¿Y cómo resistirse a los bombones, si vienen rellenos de dulce de leche, frambuesa, frutos del bosque, menta al limón, y también de ron, oporto y cognac?
En Tikal, el packaging es casi un rubro aparte: estas delicadas joyas comestibles vienen envueltas en papel de gasa naranja, protegidas en sobrios estuches marrones y enmoñadas con motivos indigenistas. No es casual: el local toma su nombre prestado a la primera ciudad maya que marcó rumbos, rindiendo culto al chocolate. Tal vez emulando alguna vocación artesanal precolombina, en Tikal las piezas se elaboran una a una, sin conservantes, y el proceso insume más de 50 horas de trabajo, pericia y paciencia del chocolatier de la casa.
Y por fin están los granos de café, bañados en chocolate con leche, amargo y blanco, y dulce de leche granizado. Y para los que gusten de boicotear estaciones, una selecta variedad de helados artesanales de chocolate puro, con almendras acarameladas, blanco o dulce de leche granizado. Un escueto espacio para dos mesitas de vidrio sirve para saborear algunas de todas esas delicias in situ.

Tikal queda en Honduras 4890, 4831-2242. Y también en Unicenter, 4717-4009. Pedidos al 0800-4448454 o [email protected]

Caliente caliente

Chocolate y sexo: la fórmula milagrosa.

POR C.S.
¿Un sex shop del chocolate? Casi. Sobre Armenia, casi en la esquina de Soler, una casa antigua pintada de rojo pálido anuncia Bombonería, repostería, catering y eventos. El delicado diseño de la vidriera parece contradecir la tradición chocolatera con esas plumas suaves, esos acariciantes encajes y esa sugerente lingerie con cierres. Pero aguzando la vista se ve, escondido en una bombonera en forma de corazón, un delicado mundo de miniaturas sexuales cuyas turgentes extremidades están listas para el mordiscón. Se descubrirán entonces los más subyugantes chocolates semi-amargos, el más cálido dulce de leche, limoncello, marroc, menta, nougat. Atención con la línea “vanguardia exótica”, que viene con rellenos de cardamomo, chocolate picante, anís, menta y curry.
Aunque Sabor y Arte también cultiva una delicada línea de chocolatería tradicional, la variante erótica es la que se roba los mayores entusiasmos. Con exclusivos diseños y totalmente artesanales, las figuritas eróticas adquieren forma de pequeños souvenirs anatómicos (bustos, traseros de cachetes suculentos), chupetines, bombones de pasta de almendras y chocolate, y hasta inmensas tortas.
El local también ofrece vajilla para acompañar desayunos energizantes o cenas románticas, y lencería y accesorios para alegrar al más mortecino.También organiza eventos a medida. Una reciente cumpleañera (58) exigió catering completo, incluido el cotillón. Imagine qué caía de la piñata. ¿Y las velas? Altas (más de 20 cm) y enhiestas.

Sabor y Arte queda en Armenia 1963, 4834-6716, 4501-8885 www.saborearte.com

Un clásico ineludible

Mármol, bohemia y chocolate con churros.

POR C.S.
¿Chocolate con churros? El antojo no admite dudas: La Giralda. Sobre Corrientes, como siempre. Y con los blasones clásicos: aire antiguo auténtico, piso de mosaico rosado, paredes de azulejos blancos, baños mistongos, clientela barbada y con anteojos de marcos oscuros, pequeñas mesitas marmóreas que obligan a la intimidad, espejos de flores labradas, esa mezcla de humo, libro y diario, y el signo más distintivo e irrepetible: los mozos, a esta altura artistas consumados del maltrato.
De mañana, de tarde, de noche y hasta bien entrada la madrugada, en La Giralda se pide chocolate con churros. A no confundir con el submarino, el hermanito pobretón, que viene en esos hermosos vasos de vidrio y metal desmontables, pero jamás alcanza la tonalidad espesa y oscura del verdadero chocolate. El auténtico, en cambio, es mezclado por manos expertas en enormes jarras metálicas y se sirve en tazones de losa blanca. Los amantes de lo intenso harán bien en pedirlo espeso: cuesta un poquito más, pero regala el vértigo incomparable de flotar entre lo sólido y lo líquido. En cuanto a los churros, pídalos –si quiere fiesta– rellenos de dulce de leche y bañados en chocolate.
Inaugurada en 1935, La Giralda tiene desde 1951 a dos hermanos por dueños: José e Ivonne. A ella se la suele ver supervisando todo tras las inmensas campanas de vidrio del mostrador. A él le gusta esperar la caída del sol junto a un vaso de leche tibia. Consultado sobre el linaje del lugar, José se embarca sin solución de continuidad en un parloteo animado por tranvías y balnearios municipales. Pero cuando los mozos –que casi a su pesar se revelan como humanistas de primera línea– se acercan a contenerlo, él fija la vista y roza su satori: “Para mí –dice–, este lugar es una iglesia”.

La Giralda queda en Corrientes 1453, 4317-3846. Abre de lunes a viernes de 7 a 24 y viernes y sábados hasta las 3. Domingos desde las 16.

Placeres intensos

Chocolate en taza y especias para combatir la apatía gourmet

POR C.S.
Si ya está grande para el maltrato, detesta el diseño avant-garde y su moral le impide chupetear un seno de chocolate, la mejor opción es el clasicismo sereno de El Gato Negro. En el viejo almacén reciclado en bistró vibra un mundo consagrado a los sabores y esencias que perturban los sentidos, pero también se puede encontrar el más sabroso y delicado chocolate en taza. Durante todo el año, y sin perder el estilo, se sirve chocolate a la vainilla, a la canela (cuyas inmensas ramas desbordan de frascos descomunales) o solo. Y aunque el feriado patriótico del 25 de Mayo trajo los populares churros, la especialidad de la casa es la repostería refinada: scones, cuadraditos de dulce de leche y coco, naranja y limón, brownies, budines ingleses o cheesecake. Todo en porciones generosísimas.
Mientras saborea su infusión instalado en una de las delicadas mesitas redonda del salón, pruebe adivinar qué son esas decenas y decenas de frascos que se acomodan en los imponentes muebles de roblería italiana.Una pista: hay especias combinadas, semillas aromáticas, condimentos especiales, sales, infusiones, frutas secas y más. Desafíe a su oculista y descubra la galanga molida y el cardamomo escondido detrás de los dulces artesanales. Deje que ese chocolate haga su trabajo y tome una decisión radical: no más comidas apáticas. En El Gato Negro se consiguen mezclas tan secretas como únicas que harán que sus pastas, aves y pescados adquieran ribetes imprevisibles. Aquí todo se vende a granel y hay cajitas para llevarse la intensidad de recuerdo. Y si busca el condimento más picante del mundo, no dude más: pida pimienta de cayena y vuelva a casa con unos gramos escondidos en el bolsillo.

El Gato Negro queda en Corrientes 1669, 4374-1730. Abre de lunes a jueves de 9 a 24 y viernes y sábados hasta las 2, domingos desde las 15.

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