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Domingo, 1 de octubre de 2006

PERSONAJES > JUDIT FARRES, LA COMPAñERA DE ALBERT PLA

Tan Maja

Hace cuatroaños, el cantautor catalán Albert Pla invitó, para su espectáculo y disco Canciones de amor y droga, a Judit Farrés, actriz y música que actuaba desnuda, pasando música o tocando el clarinete. Pero ella es mucho más que una musa. Acaba de componer junto a Pla la banda de sonido de El malo de la película, el espectáculo que presentan en Argentina, y toca en Vida y milagros, el primer cd y dvd del catalán que se edita en el país.

 Por Martín Pérez

“Una vez que tocamos en Madrid, había una señora entre el público que estaba borracha”, recuerda Judit Farrés cuando se le pregunta por lo más ridículo que le pasó sobre un escenario desde que actúa junto a un personaje tan impredecible como Albert Pla. “Tenía cincuenta años, y desde antes del comienzo se la escuchaba gritar, pidiendo que saliésemos al escenario. Durante toda la obra, que era bastante intimista, la tipa no paraba de hablar. Para el segundo acto, en un momento en que se hace un pico con una jeringa gigante, Albert se mosqueó y comenzó a meterse con ella, amenazándola con la jeringa. Los dueños del teatro se asustaron y encendieron las luces. ¡Y recién ahí me sentí desnuda de verdad!”, explica, y se ríe con ganas Judit, la bella desnuda junto a esa bestia en harapos que es Pla. O al menos así lo fue en Canciones de amor y droga, el espectáculo con el cual empezó a trabajar con Albert, unos cuatro años atrás.

“Cuando me convocaron junto a Pepe Salles, que dirigía la obra, me advirtieron que el papel tenía un problema: que tenía que estar desnuda. Pero a mí no me pareció que fuese un problema, ya que al estarlo todo el tiempo terminaba pasando desapercibido. Además, el desnudo ayudaba a que ese personaje fuese algo etéreo.” Salvo a través de una filmación dirigida por Cesc Gay –el responsable de películas como Krampack y En la ciudad–, es difícil que la tribu local de fanáticos de Albert Pla haya visto aquel desnudo total de Judit, ya que nunca interpretaron Canciones de amor y droga en Buenos Aires. Pero seguramente tengan presente una suerte de versión reducida –de la cintura para arriba, más precisamente– en el espectáculo Matacerdos, que fue el primero que compartió aquí junto a Pla y el guitarrista flamenco Joaquín Cortés. Pero allí los que iban desnudos de la cintura para arriba eran los tres. “Ya no te vas a sentir tan sola”, dice Judit que le dijeron sus compañeros de desnudez, y vuelve a mostrar esa amplia sonrisa que suele iluminarle el rostro cuando está sobre el escenario. Tanto vestida, como apareció cada vez que vino desde entonces, o desnuda, como en aquellos comienzos.

Aunque en sus verdaderos comienzos, antes de siquiera imaginarse actuando o tocando junto a Albert Pla, su mayor desnudez puede haber sido descubrir que el sueño de sus padres, que la nena estudiase música, se había deshecho para siempre. “Cuando me mandaron a estudiar música con el mejor profesor que pudieron encontrar en Barcelona, les dijo que habían perdido el tiempo conmigo”, cuenta Judit, que estudió música desde los 9 años. Empezó en su natal Igualada, una ciudad de veinte mil habitantes –“con mentalidad de pueblo”, se preocupa por aclarar–, a medio camino entre Barcelona y Lérida. Cuando se enteró a los 15 años del contundente juicio del profesor de la gran ciudad respecto de sus cualidades musicales, confiesa que le “cogió manía” y se olvidó del tema. “Me quedé sin ganas de tocar música por mucho tiempo”. Confiesa que llegó a la actuación casi de casualidad, cuando encontró en una cabina de teléfonos cerca de su casa un papel anunciando que se había abierto en Igualada una escuela de teatro. “Siempre me había dicho que era el payasete de la familia, aunque en realidad soy muy tímida”, aclara. Pero el enterarse de que para entrar al conservatorio debía terminar sus estudios secundarios, le permitió juntar el entusiasmo suficiente como para dejar de repetir años y terminar una etapa de su vida. “Era muy mala en el colegio, era más bien la chica del bar”, cuenta, y por más actriz que sea es difícil imaginársela en ese papel.

Aquellos olvidados conocimientos musicales de la infancia siempre estuvieron presentes en una carrera actoral que ya era bastante poco ortodoxa antes de cruzarse con Albert Pla, porque los papeles ideales para ella eran los que necesitaban de alguien que supiese tocar un instrumento, o pinchar música. “Hay mucha psicología barata en el mundo supuestamente sufrido de los actores. Por eso a mí siempre me ha gustado picotear”, intenta explicar Judit, que ha hecho Shakespeare y Chejov, pero también trabajó con marionetas e incluso se dedicó a organizar fiestas (¡y pasar música!) en una fábrica ocupada, trabajo que realizaba justo cuando la convocaron para su primer trabajo con Albert. “Conocía lo que había hecho con Fonollosa, y también sabía quién era”, dice cuando se le pregunta qué era lo que sabía de él antes de ese primer encuentro. “Albert fue el primero que cantó bajito y que tocó temas escatológicos con un lenguaje no poético. Así que en un principio la gente no sabía si era o se hacía. Apenas encontró su propio público, Albert fue por las suyas, alejándose de los medios. Pero los ignorantes, que éramos la mayoría, nos habíamos quedado con lo que nos dijeron de él en un principio.”

Una de las cosas que confiesa Judit que debió aprender con Albert fue a estar en escena y no hacer nada. Porque su personaje en Canciones de amor y droga estaba todo el tiempo ahí, pasando música o tocando el clarinete. Pero no debía hacer nada más. Era apenas un testigo, un ángel desnudo. “No nos cruzábamos la mirada ni una sola vez”, recuerda Judit, que ahora en escena se mira con Albert todo el tiempo, y siempre se le escapa una sonrisa. “Es que Albert es un tipo que está. Porque hay actores que los miras y no están, pero él siempre está.” Judit también siempre ha estado en las obras de Albert desde aquel primer encuentro. Toca en Vida y milagros, el flamante grandes éxitos grabado en vivo que es el primer disco de Pla editado en Argentina, y también lo acompaña en El malo de la película, el espectáculo que han venido a presentar juntos en este viaje. “Es una película que mientras la hacíamos era como un juego, la maqueta para hacerla después en serio. Y ha quedado la maqueta”, dice Judit de un espectáculo con muy pocas canciones, pero en el que el mundo de Albert Pla está más presente que nunca. Como, por ejemplo, desde el vestuario. “Como el protagonista es, tal como su título lo indica, el malo de la película, Albert le pidió al vestuarista que le hiciese un traje de hijo de puta. Y así fue como terminó vestido de saco y corbata. Como cualquier oficinista o empleado de banco.”

Albert Pla actúa el 13 de octubre en el Teatro Parque de España, Rosario.

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Imagen: Nora Lezano
 
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