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Domingo, 2 de marzo de 2008

MODA > LA NUEVA COLECCIóN DE MARTíN CHURBA

Llorando en el espejo

El espectáculo empieza como un desfile que se interrumpe porque una modelo se cae al suelo. Pero en vez de seguir adelante como si no pasara nada, todo se concentra en el llanto de la mujer. Con la colaboración de artistas internacionales como el grupo performer inglés The Other People y el poeta norteamericano Todd Shalom, el diseñador Martín Churba presenta Rompecabezas, otra forma de presentar y pensar la moda.

 Por Silvina Reusmann

“La moda no existe sólo en la ropa. La moda está en el cielo, en la calle. La moda tiene que ver con las ideas, con nuestra manera de vivir, con lo que está pasando”, decía Coco Chanel, uno de los pocos íconos indiscutidos de la moda. Martín Churba, actor-diseñador-creador, opina parecido. Tal vez por eso, la presentación de sus colecciones desbordan los límites autoimpuestos por la chatura del universo fashion nacional, con sus modelos paseando por una pasarela ante la mirada estática –y en algunos casos perdida– de los espectadores, que suelen poner más atención a los curvilíneos cuerpos de las modelos (cuando las curvas están presentes y no son sólo un atisbo de cuerpo de mujer) que en la ropa. Cuando Martín Churba creó Tramando lo hizo desde un lugar donde nada es ajeno a la moda y donde las ideas son tan cotizadas como sus prendas. Y desde ese mismo ángulo Churba diseñó Rompecabezas o la desarticulación de un desfile. Así presenta una nueva colección que no titubea en definir como “el vestuario de un espectáculo”. Casi 100 personas intervienen en el diseño, armado y puesta en escena de este show cuya búsqueda trasciende las fronteras de la puesta en escena. “Quiero plantear una suerte de reivindicación de la moda, mostrar otra cara, con artilugios menos efímeros y pasajeros”, sostiene. Y para ello convocó a 20 modelos, 7 actrices y 9 bailarines que trabajan junto a un grupo interdisciplinario compuesto por coreógrafos, performers, artistas de video y sonido, arquitectos y fotógrafos para obtener una puesta en escena desafiante y diferente que, como él cuenta, no es sólo un desfile sino un espectáculo donde el espectador se sorprende desde el minuto cero. Y reacciona.

Las reacciones fluctúan entre la sorpresa, el miedo o el desconcierto. Evolucionan. A lo largo del espectáculo –que dura casi hora y media– el espectador se transforma en un actor, se descubre como parte de una escena que desconoce de límites precisos. “Cuando comencé a pensar la puesta me imaginé una planta como la utilizada en la película Dogville de Lars von Trier, con paredes y puertas imaginarias, donde los actores y las modelos se movían en distintas situaciones a partir de un guión determinado”, cuenta. “Al plantearse la posibilidad de hacerlo en el Konex, cambié de idea. El espacio era muy rico en posibilidades. Así llegué a diseñar una puesta donde en los distintos ambientes pasan cosas relacionadas con el mundo de la moda. Por un lado, la entrada de los actores a escena, la movilidad de la escenografía donde los espectadores circulan y se topan con distintas situaciones ante las que reaccionan diferente y espacios donde continuamente están pasando cosas.”

Organizado como un laberinto de cemento, al entrar a Rompecabezas aparece una plataforma donde bailarines interactúan con un sensor de sonido. Hay una sala donde un grupo de modelos y actrices que no pueden distinguirse trabajan con la idea de lo onírico y aquello que vive en nuestro imaginario sobre el mundo de la moda. La mentira de lo perfecto. Un backstage que representa el mundo real y una pasarela loop donde las modelos, incansables, viven un eterno retorno a su punto de origen.

“El espectáculo arranca como un desfile donde hay una situación determinada por la cual eso se interrumpe. Una modelo se cae al bajar una escalera, situación muy común, pero aquí, en vez de seguir con el show –algo que sucede muy seguido donde se mata todo rasgo de humanidad rápidamente–, ella no se puede levantar y llora. Llora durante una hora. La idea es que a partir de esa ruptura el espectador pueda entrar a ese mundo desde otro lugar y ver detrás de todo eso”, explica Churba.

Por esas distintas capas que tiene el espectáculo, Churba buscó la colaboración de artistas para que hicieran su aporte creativo. “Me acerqué al British Council con la idea de contactarme con personas que pudieran tener un lugar en este trabajo y ellos me presentaron a The Other People, un grupo de performers que estaba en la Argentina desarrollando distintas puestas. Fui a ver lo que hacían, charlamos y, aunque ellos nunca habían trabajado en el área de la moda, se entusiasmaron con la idea”, cuenta. Con el mismo espíritu se sumó al proyecto Todd Shalom, un poeta y artista visual norteamericano que está viviendo en la Argentina. Mientras que los miembros de The Other People trabajaron estrechamente con las modelos, actrices y bailarines probando distintas situaciones, Shalom se ocupó de la plataforma donde los bailarines interactúan con un sensor de sonido. Además del aporte internacional, hubo muchos colaboradores locales como el arquitecto Javier Samaniego García, que trabajó en la planta desde la fotografía.

“Rompecabezas representa un espacio de columnas, onírico, de la belleza asociada a la divinidad. La perfección que a la vez es una mentira, donde también hay una instalación de video con modelos interactuando a escala real, un juego de luces y sombras y una voz en off que intenta consolar a la modelo caída”, detalla Churba. Todo el espectáculo llega a su fin en el lugar donde comenzó. En esa escalinata donde suena música de los ’40 y el show se transforma en otra cosa, pero nunca en un desfile. Los protagonistas llevan la ropa como un elemento más de la obra, aunque en esos trapos esté el leitmotiv en los cuales se inspiró el espectáculo. Y ahí está uno de los elementos más interesantes del show: la posibilidad de buscar una mirada distinta con otras sensaciones y con la duda de lo que finalmente fuimos a ver. ¿Un desfile? ¿Una performance con aroma europeo? ¿Una obra de teatro? Más bien una apuesta de parte de un diseñador que sabe que, en su caso, el riesgo es ser convencional, perder la capacidad de asombrar y andar un paso adelante de sus compañeros de ruta.

Rompecabezas se puede ver hoy a las 21.30 en Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131. Entrada: $ 20.

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