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Domingo, 26 de octubre de 2008

RESURRECCIONES

Brit-pop

Después de dos años de terror, dolor y exhibición, cuando ya todos la daban por enterrada, Britney Spears reapareció mejor que nunca.

 Por Mariana Enriquez

Los últimos dos años de la vida real de Britney Spears parecían la historia susurrada de una chica fantasma, una aparecida de Hollywood que cada noche bajaba desde su mansión en Mulholland Drive –Britney vive ahí, en serio– y recorría con su auto Los Angeles a velocidad suicida, seguida por una comitiva de buitres paparazzi que querían un pedazo de ella, y a los que ella también usaba; como a Adnam Ghalib, por ejemplo, un fotógrafo británico afgano que a ella le pareció atractivo: se le subió al auto con peluca rosada, y se lo montó ahí nomás, en la calle, como si fuera una puta de Sunset Boulevard y no una de las mujeres más famosas del mundo. Britney pasó dos años de loca, de sufrida, de reventada: la dieron por muerta, la declararon bipolar y drogadicta, le sacaron la custodia de sus dos hijos, desenterraron el alcoholismo de su padre y el suicidio de su abuela, que se pegó un tiro en el pecho sobre la tumba de un tío de Britney muerto antes del primer año de edad, todo en la profundidad sureña de Kentwood, Louisiana, su ciudad natal de 2200 habitantes. Durante estos dos años vivió más que muchas vidas, y las vivió de una forma incomprensible para la mayoría de los demás habitantes del mundo: bajo constante escrutinio. A Britney la siguen casi cien fotógrafos todos los días adonde quiera que vaya. Ella parece disfrutar de esa escolta algo macabra –durante un tiempo fueron sus bufones y compañeros– y los guía tras suyo a los destinos más estúpidos: el hotel Four Seasons, Starbucks, estaciones de servicio. Hemos visto a Britney enloquecer en cámara –atada a una camilla, llevada a una guardia psiquiátrica, con la mirada brillante y enojada–; la hemos visto pelarse con una afeitadora eléctrica después de pasar cuarenta y ocho horas despierta, cuando se escapó de un centro de rehabilitación para ver a sus hijos, y se lo impidieron. La hemos visto, también pelada, atacar a un fotógrafo con un paraguas, en short blanco, con buzo gris. La hemos visto aburrida y fuera de ritmo en la entrega de los premios MTV 2007 y se le notaba tanto el hastío, sus ojos decían que nada le importaba; parecía saber cuánto se exponía actuando como dormida para tanto público, pero, ¿cuánto más puede exponerse Britney? No hay estrella en la historia del pop que se haya derrumbado de forma tan pública y documentada. ¡Incluso hemos visto su sangre menstrual, cuando una noche salió con la bombacha manchada y sin pollera, y los fotógrafos la encontraron o ella se dejó encontrar!

Britney Spears tiene 27 años. Toma lecciones de baile desde los dos (según su temible madre) y a los seis –está documentado en video– participaba en concursos de belleza y de talento en televisoras locales, y ancianos conductores le preguntaban: “¿Querés ser mi novia?”, como si la pregunta encerrara algo tierno. Britney pasó dos años infernales, y sin embargo se puso más linda. El cuerpo menos atlético, ya no más de adolescente, delicioso, con la seguridad de dos embarazos y 27 años. Los ojos bellísimos, que antes se perdían entre tanta parafernalia de ombligo al aire y melena (los ojos de Britney se vieron de verdad por primera vez, junto a su sonrisa, cuando se peló por propia voluntad: todos decían que parecía trastornada, y es cierto, pero también estaba muy linda). Ahora tiene cierta expresión sarcástica, muy clara en los videos de “Piece of me” y “Gimme More”, donde ella misma se cita y revisita. No se puede saber si Britney al fin tiene el control de su vida, si ella toma decisiones creativas, si quedaron atrás los inescrupulosos y toda esa gente que, ella siempre lo remarca, “no trabajaba para mis mejores intereses”. Pero sí se puede saber que su nueva canción –pegadiza, para nada esforzada– es la Nº 1 en medio mundo en este momento. Se llama “Womanizer” y en el video, en una parte, ella está desnuda y cubierta de aceite en una sauna. Muchos dicen que fue justamente esta hipersexualidad lo que contribuyó a su caída. Pero nadie puede saberlo. ¿Qué es lo que hacía ella mejor antes de la crisis? Canciones pop, y bailar, y chorrear carisma. Lo vuelve a hacer. Pero con un brillo de tristeza desesperada en la mirada, con algo curtido y viejo, pero no arruinado, para nada arruinado. Nunca estuvo tan hermosa.

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