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Domingo, 14 de marzo de 2010

RESCATES > THE SURE THING (1985) EN PANTALLA GRANDE

En el otro camino

Pequeña joya enclaustrada durante 25 años en video o copias caseras de dvd, inmensa road movie sentimental, cumbre del John Cusack adolescente, The Sure Thing vuelve a la pantalla grande de la mano de un ciclo en el Malba justicieramente llamado Generación VHS. De Wim Wenders y John Carpenter a Woody Allen y Tim Burton, una recorrida por 50 de esas cajitas felices de plástico de los ’80. Pero sobre todo, ésta de Rob Reiner.

 Por Rodrigo Fresán

No estoy del todo seguro de que The Sure Thing se haya estrenado en nuestro país como Quiero decirte que te amo. En cambio, no tengo ninguna duda de que la vi por primera vez en el cine América de Callao y Santa Fe. Digo “primera vez” y digo “ninguna duda” porque –de lo que sí me acuerdo– es que la vi por primera vez, salí de verla y entré a verla, ahí mismo, por segunda vez. Y me acuerdo también –de ahí que tenga tan presente el sitio exacto del descubrimiento y no tanto el título del hallazgo– que no me quedé a un tercer pase porque tenía algo menos importante pero impostergable que hacer.

Y es que The Sure Thing fue y sigue siendo para mí una de esas películas. Nada demasiado original –se la podría considerar una cruza bastarda pero elegante de clásicos como Sucedió una noche, El Graduado y Two for the Road– pero sí un milagro en la era del Brat Pack y Porky’s. Y The Sure Thing fue y sigue siendo y será para muchos el mejor lugar donde descubrir a John Cusack.

Por entonces, no era una gran cosa ser actor adolescente. Y Cusack (quien ya había asomado esa cara de Stan Laurel verborrágico en la digna Class y en la noble Sixteen Candles) llegó con The Sure Thing para redimir y dignificar la cuestión con un personaje impagable: el inseguro completamente seguro de sí mismo Walter “Gib” Gibson. Un personaje complejo y multifacético que, a su manera, inspira y reúne y funde y anticipa aspectos de los friends Chandler (su humor loco) y Joey (su simpática bestialidad) y Ross (su habilidad para no ser hábil y su compulsión enciclopédica) que llegarían después. Un adorable insoportable a quien su amigo Lance (“Toda relación seria comienza con la encamada de una noche”) le promete un polvo rubio y californiano. Un Big Bang horizontal “capaz de cambiar tus convicciones políticas” con el cuerpo de la escultural Nicolette Sheridan quien, con los años, acabó convertida en una de las histéricas e insoportables Amas de casa desesperadas. Para potenciar la química de la mezcla, Lance le ha dicho a la diosa del bikini blanco que Gib es virgen y tal vez gay y, por lo tanto, “un gran desafío” para ella.

Y –vacaciones de Navidad, luego de recibir las instrucciones de Mrs Taub, la profesora de literatura, la gran Viveca Lindfors quien aparece aquí como una suerte de entusiasta y otoñal ex beatnik– hacia allá y hacia ella se lanza Gib. De Este a Oeste. Con poco dinero en el bolsillo, pero con un cohete en el pantalón. Y algo se tuerce y Gib se descubre compartiendo viaje y gastos y peripecias varias con su opuesto femenino y némesis estudiantil: la cerebral y responsable y reprimida Allison Bradbury (una perfecta Daphne Zuniga, más tarde en Melrose Place), quien viaja en la misma dirección para visitar a su prolijo y aburrido novio. El camino es largo, pasan muchas cosas (todos muy divertidas) y los que empiezan detestándose, por supuesto, acaban enamorándose y final feliz.

Dirigida por Rob Reiner (quien ya había demostrado su talento con This Is Spinal Tap y Stand By Me y quien haría de la comedia romántica inteligente una de sus especialidades; de hecho The Sure Thing puede entenderse como una primera y muy acelerada versión teen de Cuando Harry conoció a Sally) The Sure Thing desborda “good parts”. Y formidables diálogos responsabilidad de Stephen L. Bloom y Jonathan Roberts quien, por estos días, escribe para Pixar/Disney esas irreverentes variaciones de cuentos de hadas que, de algún modo, se parecen tanto a lo que aquí se muestra. Porque ése es el gran encanto de The Sure Thing: vista en los ’80 parecía ya un clásico; revisada ahora se mantiene joven sin haber perdido nada de su clase. Así son, supongo, las obras maestras.

Y recuerden lo que nunca olvidaron: el diálogo sobre bautizar a tu hijo con el nombre de Nick y no el de Elliot “porque Nick es el nombre de alguien a quien no le molesta que vomites en su auto”, la pelea con el primer matrimonio que los lleva, la defensa de la comida basura, el falso brote psicótico de Gib dentro del auto, el “No me voy a la cama contigo, me voy a una cama en la que también estás tú”, sus preocupaciones cosmológicas, lo de la tarjeta de crédito “sólo para ser usada en una emergencia”, la perforación con bolígrafo de la lata de cerveza, el monólogo existencialista que remata con “Y todo porque no me ayudaste a estudiar para el examen de Inglés”, la lectura de las composiciones en la clase y ese “¿Cuál es el problema de ser estúpido de vez en cuando?”...

Los puristas aseguran que la cima del John Cusack temprano no llegaría sino hasta cuatro años después, en 1989, con Say Anything de Cameron Crowe y esa escena en la que el un tanto más serio Lloyd Dobler levanta su boombox sobre su cabeza para que truene el “In Your Eyes” de Peter Gabriel y darle una serenata a su chica.

Pero yo me quedo con The Sure Thing –gran road movie sentimental– porque la vi primero, porque la vi dos veces el mismo día, y porque me recuerda a los días y noches en los que John Cusack todavía no iba en limusina para que el mundo entero se le viniera encima por culpa de una profecía precolombina sino, apenas, hacía dedo al costado del camino. Y, de acuerdo, el mundo también se le venía encima (y se le venía encima una chica que todavía no era su chica) pero, nada más y nada menos, que por culpa de una profecía de su profesora de literatura exclamando frente a sus alumnos que, para escribir sobre la vida, primero hay que vivirla sin que te importen demasiado los errores de sintaxis y ortografía.

Ya habrá tiempo para corregir y pasar todo en limpio. Aunque podría jurar que el hijo de esos dos acabó llamándose, para alegría de Gib, Nick. Es decir, Nicholas, para felicidad de Allison.

The Sure Thing (Quiero decirte que te amo)

se proyecta por única vez el domingo que

viene a las 14 en el Malba

(Av. Figueroa Alcorta 3415).

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