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Domingo, 21 de marzo de 2010

INTERNET > EL INESPERADO PROYECTO DE BECK

RecBeck

¿Qué no espera el mundo de la música de Beck? El ex niño terrible que metió un hit que reivindicaba a los perdedores y al indie a la vez, el hombre que hizo uno de los grandes discos de la era del sampler y del cortar y pegar, acaba de lanzar un proyecto inesperado en la era de la híper profesionalización y del MP3: grabar en un solo día y con amigos versiones propias de discos memorables del rock y el pop y colgarlos gratis en Internet. La Velvet Undergroud, Leonard Cohen y Skip Spence ya están disponibles. Y prometen muchos más.

 Por Pablo Maciel

Las tapas parecen fotocopias berretas, calcos hechos con lápiz por una mano inexperta. Pero no se trata de un descuido, sino que responde a la escala casi artesanal de Record Club. Así bautizó Beck a un proyecto por lo menos atípico, que consiste en agarrar esa clase de discos que se gastan de tanto escucharlos y grabarlos con un ayudita de los amigos. Y, tratándose de quien se trata, la lista de compinches incluye al productor Nigel Godrich, Jeff Tweedy de Wilco, Devendra Banhart y Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser de MGMT, entre otros. Una especie de seleccionado de la última década que se junta por amor al arte y se entrega a versiones personalísimas, de a ratos inspiradas y de a ratos no tanto, pero siempre apasionadas hasta el borde del amateurismo y comprometidas con el grupo o solista del que se trate sin caer en el fanatismo.

Hasta el momento, el incierto catálogo de Record Club dispone de tres títulos: The Velvet Underground & Nico, Songs de Leonard Cohen y el más reciente Oar, el único trabajo solista legado por Skip Spence, ex Jefferson Airplane. La vieja costumbre del cover aquí es llevada hasta sus últimas consecuencias, porque se trata de discos enteros. Y en tiempos de nuevos consumos, donde la idea de álbum compite con la carpeta de MP3 en un celular o una computadora, el resultado no se consigue en ninguna disquería: el material está disponible de manera gratuita en el sitio oficial de Beck, junto con los videos caseros que ilustran el proceso de grabación. Según se encargó de aclarar su impulsor, las versiones fueron registradas en vivo y sin ensayo previo, con acompañantes que van rotando según la ocasión. Más allá de la pretendida espontaneidad, lo que se puede ver en las imágenes en cuestión es la cara de felicidad de sus colegas-aliados, que tocan cual chicos con juguete nuevo. El principio del placer o el placer como fin, en tiempos de híper profesionalización, no es poca cosa.

A esta altura del nuevo milenio, la biografía del compositor, cantante y multiinstrumentista es archiconocida. Pero para entender que no todos sus movimientos o inquietudes responden, necesariamente, a los procedimientos calculados y previsibles de la industria de la música (disco-gira– disco...), tal vez venga a cuento repasar las ramas de su árbol genealógico: nieto del artista Al Hansen, integrante del vanguardista grupo Fluxus (cuyas obras de “anti-arte” pasaron a fines de 2006 por el Malba), Bek David Campbell es hijo del músico canadiense David Campbell y de la actriz Bibbe Hansen, que con apenas 13 años se convirtió en “estrella” de Andy Warhol en la película Prison. Fue en 1965, un par de años antes de que unos jóvenes que también frecuentaban las partusas de The Factory editaran su álbum debut bajo el padrinazgo de Warhol, que además ilustraría la portada con una banana de su autoría. Nos referimos, claro, a The Velvet Underground & Nico. Todo cierra.

La historia del flaquito desgarbado que un día metió un gol de media cancha en los rankings (“Loser”) y que más tarde les tapó la boca a los que lo acusaban de “one-hit-wonder” con un discazo (Odelay), quizás haya sido nada más que un equívoco para los canales mainstream. Y mientras su cara duraba lo que tenía que durar en la pantalla de MTV, él siguió creciendo, independientemente de lo que marcara el menú preferido de los adolescentes a la hora de la merienda. Por eso no sorprende que después de trabajos como The Information y Modern Guilt, en los que su propio sonido sacaba chapa de clásico mientras su obra se erigía en una referencia para las generaciones futuras, al enfant terrible que alguna vez supo encarnar la noción de “novedad” se le haya dado por revisar la obra de sus antepasados musicales.

Además de coescribir y producir los discos de gente como Charlotte Gainsbourg y Jamie Lidell, en los últimos meses Beck ha sabido hacerse tiempo para seguir adelante con su Record Club. Y así como antes de inclinarse por el disco de Velvet Underground había estado a punto de meterse con Sex Packets de Digital Underground, cuando llegó el turno del segundo trabajo el otro candidato era uno de... ¡Ace of Base! El principal impulsor de la iniciativa era el propio Beck, a quien se le habían pegado los hits del grupo pop sueco cuando allá lejos y hace tiempo compartió una aparición en el programa Top of the Pops. Pero, según informa la revista Spin, fue VanWyngarden de MGMT quien propuso como contrapartida el álbum de Leonard Cohen fechado en 1967. Y su propuesta fue consensuada con el resto de los participantes, entre ellos el anfitrión, Devendra Banhart, Binki Shapiro de Little Joy y Andrew Stockdale de Wolfmother.

Para los próximos meses el Record Club promete más novedades, aunque sus planes permanecen en secreto para no boicotear su “efecto sorpresa”. “Estoy fijándome en discos que quizás no figuren en la lista de los-mejores-de-todos-los-tiempos, pero que al hacerlos impliquen un desafío”, adelanta el fundador de una movida que empezó como un juego entre amigos y que hoy ya genera cierta expectativa. “Estuve practicando durante años, tratando de imaginarme cómo hacer para grabar a una banda entera en vivo. Lo que me inspiró fue enterarme cómo se hacían los discos en los ‘50 y los ‘60. Después de escuchar esas fábulas de cómo Los Beatles grabaron su primer disco en un día, te quedás pensando...”, confiesa el hombre que hizo del cortar y pegar un arte y del ProTools un instrumento más. “Con las técnicas de grabación modernas, el proceso de grabación se alarga y puede ser muy calculado. Hay un montón de posibilidades que te pueden distraer del hecho de estar tocando la canción y experimentar cualquier emoción que la canción sugiera. Básicamente, lo que estoy diciendo es que puede ser interesante si intentamos hacerlo de la vieja forma”.

www.beck.com/recordclub

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