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Domingo, 26 de junio de 2011

CINE > UN CICLO DEDICADO AL GRAN COMPOSITOR DE SCORES BERNARD HERRMANN

El sonido del miedo

Se lo conoce como el músico de Hitchcock, para quien compuso la banda sonora de ocho películas, entre ellas Vértigo y El hombre equivocado. Pero Bernard Herrmann fue mucho más: quizás el mejor compositor de scores para cine fantástico y de terror, capaz de describir con música la psicología de los torturados personajes. Herrmann compuso para Harryhausen, La dimensión desconocida y El ciudadano de Orson Welles; para Truffaut, De Palma y Scorsese en Taxi Driver. Y también para grandes películas menos recordadas como Concierto macabro, que el ciclo con que la sala Lugones lo homenajea en su centenario exhibirá junto a otros veintisiete films a partir de mañana.

 Por Alfredo García

De los casi setenta scores (bandas de sonido) para cine compuestos y arreglados por Bernard Herrmann, sólo ocho fueron realizados para films de Alfred Hitchcock. Es cierto que siendo el dúo Hitchcock-Herrmann uno de los equipos director-músico más célebres y cohesionados de la historia del cine, es fácil caer en la simpleza de recordarlo sólo como el compositor de las bandas de sonido del director de Vértigo. Pero hay todo un mundo en las composiciones de Herrmann para cine, y algunos de sus mejores trabajos no tienen nada que ver con los scores hitchcockianos, ni tampoco con los de la música para películas de directores como François Truffaut o Brian De Palma –y en menor medida, también para Scorsese– que de algún modo estaban planteados por los directores desde una veta entendiblemente hitchcockiana.

Por eso hay que destacar que el ciclo dedicado a homenajear el centenario de Bernard Herrmann en la sala Lugones se ocupe especialmente de rescatar muchas de estas películas brillantes por sí mismas, pero además brillantes aun gracias a los imaginativos, por momentos completamente geniales, scores de Bernard Herrmann, muchos de los cuales están relacionados con el terror, la ciencia ficción y todo el amplio rango del género fantástico, ideal para el lucimiento de este talento esencial de la música para cine.

Por ejemplo, si algún estudiante de música tuviera tiempo para ver solamente una película de todo este ciclo, habría que decirle que se enfoque en la injustamente poco recordada Concierto macabro (Hangover Square), dirigida por John Brahm en 1945, con el gran papel de Laird Cregar como un pianista con algunos problemas mentales. Problemas que se acentúan cuando el músico se encuentra en estado de tensión, y sobre todo cuando escucha sonidos disonantes. Problemas que pueden llevarlo a cometer asesinatos, y que lo convierten en un psicópata a punto de explotar cuando el artista torturado está escribiendo su primer concierto para piano y orquesta, que debe estrenar en tiempo récord en una gran sala londinense.

Este fue el quinto score de Herrmann para cine, apenas unos años después de irrumpir en la escena de música para cine con su banda de sonido para El ciudadano, de Orson Welles, y de ganar el Oscar con su composición para The Devil and Daniel Webster (Un pacto con el diablo, también de 1941), de William Dieterle, notable ausencia del ciclo de la Lugones, que bien señala en su programa sobre Hangover Square que ésta refuerza su clasicismo “en el tramo final de la historia, con el célebre Concierto Macabro, pieza que forma parte de la historia de la música no sólo por su perfección técnica sino por ser uno de los pocos conciertos para piano y orquesta que concluyen con interpretación de piano sin el acompañamiento tradicional”.

Herrmann tenía un don inusual para describir con música los conflictos psicológicos de un personaje, y este don brilla como nunca en este psycho thriller donde el personaje es justamente un músico. Es casi como si el guión hubiera sido escrito para el lucimiento de Herrmann, cuya biografía incluye datos que explican su increíble creatividad y su don para enervar a la gente desde la banda de sonido de una película.

El pequeño Bernard fue un bebé prematuro que creció en medio de las disputas constantes de sus padres, Abraham e Ida Herrmann. Su padre era optometrista y venía de una familia intelectual, mientras que Ida tenía un background más tradicional y cierta obsesión religiosa que provocaba tensión permanente en el hogar. Cuando tenía cinco años a Bernard se le diagnosticó una crítica enfermedad neurológica: el síndrome de Sydenham, que tiende a provocar problemas en el desarrollo de la personalidad. Los médicos recomendaron un ambiente calmo como condición indispensable para la recuperación del pequeño paciente, que lamentablemente nunca tuvo un minuto de tranquilidad, y creció para convertirse en una persona bastante nerviosa, agresiva e hipersensible, con tendencias a enloquecer a la gente con la que se relacionaba.

El lado bueno de ese desorden de personalidad era una creatividad incansable. A los 13 años Herrmann ganó un premio de 100 dólares por una composición orquestal, y componía sin pausa durante su época de estudiante con Percy Grainger en la Universidad de Nueva York (más tarde destruyó todas esas partituras, aparentemente durante un ataque de nervios). A los 20 años ya había debutado como director de orquesta en Broadway, conduciendo un ballet que él mismo había compuesto, llamado Americana. También fundó la New Chamber Orchestra. En 1934 Herrmann fue contratado por la CBS, y fue en la radio donde demostró rápidamente su talento para ilustrar relatos con música, y sobre todo para describir rápidamente el perfil psicológico de un personaje utilizando unas pocas notas musicales.

Pero Herrmann también tenía el don de acentuar o describir personajes y climas y situaciones oscuras, tensas y desquiciadas, y ese concierto de piano para Hangover Square, de 1945, es tal vez donde quedan lujosamente asentadas las bases de su prolífica obra venidera, por ejemplo en sus cuatro colaboraciones con los films fantásticos con efectos de Ray Harryhausen, donde sus composiciones musicales ya no están aplicadas a personajes humanos, sino a monstruos gigantes y seres mitológicos animados cuadro a cuadro a través de los procesos de stop motion animation denominados Dynarama o Dynamation.

Esta colaboracion Hermann-Harryhausen tuvo un brillante comienzo en la obra maestra del fantástico The Seventh Voyage of Sinbad (Sinbad y la princesa, Nathan Juran,1958) en la que curiosa y exitosamente el compositor utilizó bronces para presentar esta historia de las Mil y Una Noches, con un score que es la quintaesencia del cine de súper accion, aplicando exóticas percusiones para animar desde la banda de sonido al esqueleto con el que Sinbad sostiene un duelo siniestro como pocos... si no contamos la batalla campal con un ejército de esqueletos aun mas horribles en la obra maestra Jasón y los Argonautas (Jason And The Argonauts, Don Chaffey, 1963) en una escena excepcional ciento por ciento antológica donde el clima horripilante que da la musica acentúa los espantos visuales que están por verse en la pantalla. “Algunos dicen Casablanca, otros, El Ciudadano: cuando se me pregunta cuál es mi película favorita, yo digo ¡Jasón y los Argonautas!”, explicó Tom Hanks al darle un Oscar a Harryhausen, y sin duda sin la música de Herrmann este film no sería para nada el mismo más allá de sus alucinantes imágenes. Lo mismo se aplica a otro gran film con efectos de Harryhausen, La isla misteriosa (Mysterious Island, Cy Enfiled, 1961), sobre la novela de Julio Verne, con varios momentos increíbles desde lo musical, por ejemplo el tema para el cangrejo gigante con otro hallazgo de uso orquestal de la percusión.

Otro gran aporte de Herrmann al género fantástico fue el tema principal de las primeras temporadas de la serie de The Twilight Zone (La dimensión desconocida, de Rod Serling) y la música en episodios claves e inolvidables de esta superlativa expresión de la pantalla chica, con historias como la que inspiró Poltergeist de Spielberg, es decir “Little Girl Lost”, con una nena perdida en un fantasmal universo paralelo lindante con su habitación, todo ilustrado musicalmente por el profesional que por entonces ya estaba dejando de trabajar con Alfred Hitchcock, pero que seguía colaborando en todo tipo de grandes películas. Lamentablemente en el ciclo de la Lugones no hay referencia a La dimensión desconocida, pero sí hay un film clave de esa época, tal vez el score mas siniestro y ominoso de la historia del cine, una especie de genialidad minimalista donde sólo cuatro notas son repetidas con distintos arreglos exasperantes, una y otra vez. Este film es Cape Fear (Límite de terror, 1962) con Robert Mitchum como un ex convicto psicópata acosando a Gregory Peck y su familia en los paisajes realmente tenebrosos a los que se refiere el título. Este es uno de los pocos casos en los que se utilizó la partitura original para la remake de un film (en este caso dirigido por Scorsese, y estrenado por acá con el título Cabo de miedo); otro es el de El día que paralizaron la tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951) de Robert Wise, con la magistral combinación de cuerdas e instrumentos electrónicos como el Theremin, abuelito del sintetizador que ya había sido utilizado previamente por Miklos Rosza en Días sin huella (The Lost Weekend) de Billy Wilder, pero que en manos de Herrmann alcanzó niveles gloriosos al dar el equilibrio exacto entre el misterio, el terror y la ciencia ficción con el toque humanista de ese film de marcianos pacifistas (la famosa melodía de The Day... se repite e la inferior remake con Keanu Reeves).

En este ciclo de homenaje al centenario de Bernard Herrmann también hay dos films musicalizados en la veta minimalista de Cape Fear. Son dos películas de terror clase B de Larry Cohen, It’s Alive (El monstruo está vivo, 1974) e It Lives Again (El monstruo vuelve a nacer, 1978), las dos primeras entregas de esta saga sobre un bebé mutante que mata a todo el mundo a pocos minutos de que su madre dé a luz. Estos dos scores demuestran la apertura de mente del músico a la hora de aceptar trabajos profesionales, y sobre todo en el primer caso, un uso imaginativo de la orquesta y sus modernos conceptos musicales, que lo llevaron a acercarse al jazz para el Taxi Driver de Scorsese.

Pero además, gracias a Bernard Herrmann el público porteño tendrá la oportunidad de disfrutar películas excelentes pero poco tenidas en cuenta por los intelectualoides como estos gloriosos exponentes del terror con mensaje de Larry Cohen. Así que gracias, Herrmann.

Con el título El genio de Bernard Herrmann, y en ocasión de los 100 años del nacimiento del compositor (que nació el 29 de junio de 1901), el Complejo Teatral de Buenos Aires y la Fundación Cinemateca Argentina han organizado un ciclo que, desde mañana y por más de dos semanas, permitirá revisitar o encontrarse por primera vez con veintiocho películas musicalizadas por el hombre que hizo mucho más que las bandas sonoras de los films de Hitchcock. Además de los títulos que destaca Alfredo García en estas páginas, se darán Alma rebelde (Jane Eyre), Robert Stevenson, 1944); Odio en el alma (On Dangerous Ground); Nicholas Ray, 1952); La dama y el fantasma (The Ghost and Mrs. Muir); Joseph L Mankiewicz, 1947); El hombre del traje gris (The Man in the Gray Flannel Suit); Nunnally Johnson, 1956); Las nieves del Kilimanjaro (Henry King, 1952); Hombre hasta el fin (The Kentuckian); , Burt Lancaster, 1955); Jardín del mal (Garden of Evil; Henry Hathaway, 1954) y Magnífica obsesión (Obsession); Brian De Palma, 1976).

Del lunes 27 de junio al miércoles 13 de julio, en la sala Lugones, Av. Corrientes 1530. Programación completa en www.teatrosanmartin.com.ar

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