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Domingo, 1 de julio de 2012

MúSICA > JAVIER RUIBAL TOCA EN BUENOS AIRES

El porteño andaluz

Eslabón perdido entre Serrat y el nuevo flamenco de los años ’80, Javier Ruibal no tuvo la suerte –el éxito, la popularidad– de muchos contemporáneos igual de talentosos. Heredero de la ruptura que significó la dupla Paco de Lucía-Camarón de la Isla en su desprejuicio para encarar el flamenco y cancionista cuidadoso que se ubica en la continuidad de poetas españoles que van de Lorca a Sabina, Ruibal vuelve a la Argentina y nos da otra oportunidad para descubrirlo.

 Por Mariano Del Mazo

El perfil subterráneo de Javier Ruibal rebota contra sus canciones como una mosca en el vidrio. ¿Cómo puede ser, si no, que no esté llenando teatros porteños como tanto coterráneo? ¿Cómo puede ser que no esté opinando sobre Repsol, Messi, Malvinas y el trasero de las mujeres argentinas? Ruibal no comulga con la ancestral zalamería ibérica y además, digámoslo, ha tenido pésima suerte con la Argentina: vino en 1989 y en el 2001.

Entre la híper y el corralito configuró una trayectoria de una solidez que lo emparienta con los indiscutibles de la copla y el flamenco, una suerte de eslabón perdido entre Serrat y los emergentes ochentistas del entonces llamado nuevo flamenco, ese que alrededor del sello independiente Nuevos Medios y la pericia productora de Kiko Veneno proyectó a Ketama, Pata Negra, Ray Heredia, La Barbería del Sur y más.

El no se manifiesta tan seguro de pertenecer a ese sitio. “Yo vengo un poco antes. Mi primer disco es de 1983 y los Ketama –esto me la ha contado Enrique Morente– crecieron escuchando mi música. Sí me une a esa generación el desprejuicio al encarar el flamenco. El flamenco es mi columna vertebral, mi modo de tocar la guitarra y de cantar. Pero también es una plataforma: hacia la música del Caribe, de la India, del mundo árabe. Mi ruptura no viene tanto de lo que se hacía en los ’80 sino de lo que representó la dupla Camarón de la Isla-Paco de Lucía. Fue la perfección. Ahí está todo. Son lo mejor, lo más excelso de la vieja escuela... ¡y de la nueva escuela! Dos trapecistas: riesgo total. Y de Cádiz como yo; Paco, de Algeciras; Camarón, de San Fernando.”

Cierto es que desde un punto de vista puede parecer forzado relacionar a Ruibal con aquellos apellidos/clanes que se volvieron célebres básicamente de la mano del blues & rock como los Amador, los Heredia, los Sordera, los Carmona, los Pardo; mucho más su estertor, el otro “nuevo flamenco radiable y de calidad” del siglo XXI disparado por la oportuna perspicacia de Javier Limón con figuras como Concha Buika, Antonio Serrano, Niño Josele e incluso el Andrés Calamaro de El cantante... Para separar tantos: la espesura de las letras de Ruibal, por caso, reconoce menos influencias del pop que de los poetas de la generación del ’27: Rafael Alberti, Jorge Guillén, Federico García Lorca. “Para mí todos, absolutamente todos venimos de esa generación. Vivimos en una tierra de grandes poetas y siento que, a los tumbos, hay una continuidad. Esto lo discutíamos mucho con Sabina hace treinta años. Fue él quien me contactó en 1983 con la discográfica para grabar mi primer disco. Somos amigos, en aquellos años cuando iba a Madrid vivía en su casa. Muy grande Sabina: yo iba caminando, él iba al galope. Imparable. Sabía lo que quería, quería lo que tiene, y lo merece. Lo peor que dejó es esa herencia de cantantes asabinados.”

Una recorrida por los discos es suficiente para constatar que el discurso de Ruibal no es el del resentido que observa su propia impotencia ante el tren que pasó. Hay ahí una obra orgánica en su eclecticismo, con un nivel de cante y toque que echa por tierra la idea del trovador que prioriza los textos a la música. “Se supone que los cantautores están autorizados a cantar mal o a tocar mal, ¡o a las dos cosas juntas!”, dice. Las canciones de Ruibal definen una estructura monolítica aun en su fusión. Un romanticismo áspero de frontera, de puerto. No es casual que haya titulado uno de sus discos Contrabando (editado aquí por Acqua). Como marca la historia de su tierra, la música del gaditano es la confluencia entre el mundo hispano y el árabe. Las melodías ondulantes, esas líneas sinuosas deslizadas entre percusiones afro, violas hindúes y saxos y clarinetes, remiten directamente a Oriente (él habla de “melodías aromáticas”) y, pese a la poderosa presencia del cante de ida y vuelta que formateó entre el Caribe y Andalucía la imbatible rumba flamenca, la copla española es la otra gran marca.

Hay algo de incorrección en el minucioso uso del idioma de Ruibal, y también en su idea cancionística. Como ejemplo vaya el tema “Lo que me dice tu boca”, una rumba preciosa sobre Françoise Gilot, la única mujer que tuvo el tupé de abandonar a Pablo Picasso, en un acto de justicia de género. “El Cigala me pidió unas canciones para su disco Picasso en mis ojos. Le escribí una bulería que al final él transformó para dejar algo bien descafeinado: es que yo me le reía a Picasso y El Cigala optó por respetarlo demasiado. También le escribí esta rumba sobre Françoise, que no le entró en el disco. La grabé yo. Me parece que esa letra es exactamente lo que yo busco: no es un ladrillo, pero tiene densidad y alcanza a tocar alguna llaga.”

En la trasnoche del bar Imaginario de Almagro, donde el rock vive, habla de su club, Cádiz F.C., al que le escribió un himno. Usa sombrero, toma cerveza. Alguien lo confunde con Rubén Blades. Está recorriendo el país. Al día siguiente actúa en Mar del Plata, este lunes en el Boris de Palermo. Cuenta la relación entre el Carnaval de Cádiz y el uruguayo, y de los músicos rioplatenses exiliados que conoció. “Jorge Cafrune, Alfredo Zitarrosa, El Sabalero... Gente muy valiosa. Hay que saber curarse a tiempo del panfleto, y ellos lo lograron. Es el gran peligro de todo esto. Soy de izquierda, la voto, pero con la canción no se juega. He hecho pocos discos. La culpa la tengo yo: se me va la vida en cada canción –dice entre el orgullo y el lamento–. Lo que está está: mi cabeza no da para más. A esta altura con una canción que me trascienda, una sola, me considero hecho.”


Ruibal cierra su gira argentina mañana,lunes 2 de julio, a las 22, en Boris,Gorriti 5568. Artistas invitados: Yusa,Raúl Carnota y Franco Luciani.

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Imagen: Nora Lezano
 
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